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Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano
20 de mayo
El encuentro Niño - Analista
Escrito por ELP Madrid   
Viernes, 16 de Diciembre de 2011 15:41

Si el psicoanálisis es uno solo, no hacemos diferencia entre el adulto y el niño, tenemos en cuenta si, que a diferencia del adulto, que nos habla de su neurosis infantil, el niño está en un tiempo lógico de construcción de su neurosis infantil, la especificidad de la clínica con niños, es acoger lo que allí se presenta y permitir que este niño tenga una versión de la pareja parental. La especificidad de esta clínica, es que el niño no demanda un análisis, son los padres lo que demandan, es decir que los padres nos dan una pre- interpretación de lo que le pasa al niño y es apres-coup que esa interpretación cobrará sentido.

Y en algunos casos es la institución escolar que lo demanda, aunque hoy en día los diagnósticos de la psiquiatría han impregnado el discurso de los profesores y entonces lo derivan primero al neurólogo y luego al psicólogo.

A partir de aquí se lo diagnostica de algún trastorno y se lo medica. En este modo de hacer hay una concepción de lo humano que borra toda subjetividad, es una cuestión química, orgánica, la subjetividad está dejada de lado.

Y aunque nosotros también diagnosticamos, lo hacemos pero estamos advertidos de que estamos en el discurso del amo, cuando entramos en el discurso analítico la cosa es otra, es el sujeto al que hacemos comparecer. Esa es nuestra responsabilidad. Y el que comparece allí es el sujeto del inconsciente.

Ahora bien, desde la perspectiva estructural de Lacan se descarta pensar al niño en una cronología del desarrollo madurativo, porque se trata de un sujeto que da sentido a lo vivido conformando una historia.

El niño se sitúa en el trayecto de operaciones que va desde la posición de objeto con que arriba a la estructura a la posición de sujeto con la que se toma lugar en un discurso.

El niño se encuentra en el tiempo en que el lenguaje produce las marcas que determinan el goce particular de ese sujeto, el cuerpo es el lugar de inscripción de las mismas y el inconsciente el lugar que permitirá subjetivarlas.

El niño es una ficción para los padres, da lugar a todos los síntomas que comporta el deseo de niño. El niño es también un objeto pulsional.

Es a través de las ficciones que produce el niño, ficciones que se articulan a la época, y que el psicoanalista recoge para situar el lugar real que el ocupa, es allí que tenemos que localizar en ese imaginario lo real que está en juego. En qué lugar el niño se sitúa como falo, como objeto, como síntoma, como verdad, como fantasma?

El encuentro del niño con el psicoanalista, pensar este encuentro nos remite a lo que Lacan nos dice en su Seminario “Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis”, allí nos dice que la manera de tratar a los pacientes comanda el concepto de transferencia y el concepto de transferencia comanda la manera de tratar a los pacientes. Esto nos advierte de la incidencia en el psicoanálisis del deseo de cada analista. Si bien el analista cuenta con ese saber teórico que le legó Freud y Lacan, debe llevar su análisis lo mas lejos posible ya que sabemos que su deseo va a incidir en la cura, pues el analista opera con su falta en ser.

Hay dos cuestiones fundamentales en este seminario en relación a la Transferencia. En primer lugar Lacan formula la transferencia como dependiendo del sujeto supuesto al saber. Esto entra en relación con el inconsciente como saber, eje de la rememoración y a la asociación libre en Freud. A este eje Lacan le opone otro eje, en tanto nos dice que la transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente.

En principio, ¿qué nos ha enseñado Lacan del inconsciente? es que el inconsciente es los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, es la dimensión donde el sujeto se determina en el desarrollo de los efectos de la palabra, esta es la dirección indicada para evitar que cualquier aprehensión del inconsciente tenga como mira una realidad que no sea la de la constitución del sujeto, tiene como mira un fin que calificamos dirá Lacan de transferencial. Estamos en una relación con la realidad del inconsciente que nuestra intervención no solo saca a la luz, sino que también engendra.

Y de que paño está hecha esta realidad? nos podríamos interrogar

La realidad del inconsciente es la realidad sexual, está tejida con los orificios y bordes del cuerpo que pertenece al registro de la pulsión y del objeto.

Si la transferencia está concebida como la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente es podríamos decir, una transferencia actual, o mas bien que participa del fuera del tiempo de la pulsión, digamos su aspecto de goce.

Con el análisis debe revelarse lo tocante a ese punto nodal por el cual la pulsación del inconsciente está vinculada con la realidad sexual. Este punto nodal se llama el deseo, deseo que sabemos se articula en la demanda, demanda que por articularse en significantes deja un resto metonímico que se desliza bajo ella, un elemento que es una condición, no reconocido, que se llama deseo, ligado a la condición y con la cual se presentifica en la experiencia  la incidencia sexual ¿cuál es este deseo que se designa en la transferencia?. El deseo en cuestión es el deseo del analista. El analista toma en cuenta su posición respecto de la transferencia, de lo que Lacan llamó: puesta en acto de la realidad del inconsciente

Sabemos en la historia del movimiento analítico de las intervención del deseo de cada analista. El peso de la realidad sexual se inscribirá en la transferencia.

Lacan nos dice que en el sujeto que, alternativamente se muestra y se esconde, según las pulsaciones del inconsciente, sólo captamos pulsiones parciales.

Cada sujeto neurótico fabrica su propia realidad, la enmarca en unas coordenadas simbólicas que envuelven sus primeras marcas pulsionales. Es lo que le imprime una determinada interpretación del mundo, una creencia ciega en el Otro al que atribuye un querer respecto a él. Algo, en definitiva, que dirige su vida sin él saberlo.

La realidad sexual del inconsciente, término que Lacan acuña en este seminario  once al que me refiero, apunta a como la pulsión se inserta en el inconsciente y a como la transferencia es justamente la puesta en acto de esta realidad sexual.

Dejaremos entonces desde el principio estas referencias esenciales: que la concepción del inconsciente como brecha, como pulsación, como evanescencia, todas las declinaciones, que Lacan hace en los primeros capítulos del seminario once, son solidarias del concepto sujeto como respuesta de lo real y solidarias del concepto deseo del analista.

Esto me parece de suma importancia ya que aquí, y para hacer posible este encuentro entra en juego la posición del analista y lo contingente. Dijimos entonces que esta posición se alcanza en su análisis personal y en el control de sus casos. Que los prejuicios, los ideales, no se hagan presentes en este encuentro, pero si unos principios que orienten su acto.

Freud, decía: tenemos que olvidar cuando llega un caso nuevo lo que sabemos de los otros casos, este olvido es la condición para que sepamos acoger a quien nos cae delante. Ya que la etimología de la palabra caso, deriva de latín  casus, es lo que cae. Lacan hablaba de la docta ignorancia. Es decir que el analista tiene que estar formado, saber, pero olvidar lo que sabe, ese olvido entonces es condición para que sepamos acoger a quién nos cae delante.

J.A. Miller en su texto “Nuestro sujeto supuesto saber” distingue tres sujetos supuesto saber. El primer sujeto supuesto saber que encontramos en análisis es quien viene a encontrarnos, el analizante en perspectiva. Es, al menos supuesto a saber lo que le lleva a dirigirse a nosotros. De entrada le damos la palabra, nosotros hacemos de hoja en blanco.

El segundo Sujeto Supuesto Saber. es el analista, ya que si no lo fuera no confiaríamos en él. Es el S.S.S. interpretar, lo que quiere verdaderamente decir la confidencia del analizante.

Hablando en latín, a responder al casus de las formaciones del inconsciente por el saltus, el salto de la interpretación.

Este salto de la interpretación engendra una significación que lo podríamos articular así. Tu analizante, que eres Supuesto Saber, no sabes lo que dices.

Este “no se lo que digo” implica la posición del inconsciente como una potencia de ciframiento, es el tercer S.S.S., en el interior de lo que digo con claridad, otra cosa quiere decirse oscuramente, esto es el inconsciente intérprete, es lo que es transferido sobre el analista. Es una transferencia de saber.

El S.S.S., es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial.

No hay primero el inconsciente y después la transferencia. La posición misma de inconsciente, su posición operativa, sostiene la transferencia como transferencia de saber.

El inconsciente existe sólo si lo suponemos.

En el análisis de Juanito, vemos esta transferencia de saber cuando se presenta esta suposición de pensar que el profesor Freud sabe porque conversa con Dios.

La intervención del analista debe permitir comprender lo que determina la biografía infantil, lo que determina la manera en que el sujeto se constituye. Lacan indica que la constitución del sujeto remite a lo irreductible de una transmisión: la de un deseo que no sea anónimo. Este deseo implicado en la constitución subjetiva, no debe ser sin nombre, y sin marca.

Vamos a juzgar, precisa Lacan, cómo la función de la madre y la función del padre se han situado para el sujeto, con el fin de interrogar la manera en la que este deseo en el padre y en la madre determinó la biografía infantil.

El niño está obligado ha convertirse en un inventor de teorías, es decir, que el niño tiene que inventar lo que él no sabe y lo que no se le dice.

Es decir que con sus síntomas o sus teorías el niño dice siempre que no sabe lo que ocurre entre un hombre y una mujer e inventa ficciones pero a partir de nada. Es decir que inventa ficciones a partir de un goce que ya conoce.

Si el psicoanalista recoge las ficciones producidas por el niño es para situar el lugar real que él ocupa. Tenemos que localizar en este imaginario invasor lo real que está en juego. ¿En que lugar el niño se sitúa como falo, como objeto, como síntoma, como verdad o como fantasma?  El niño intenta ubicarse en las ficciones en las que está sometido.

Entonces se trata de situar al niño y a lo real en su lugar a través de las ficciones que le ocupan y de las que produce.

En las “Dos notas sobre el niño”, el modelo de abordaje es que ahí se distingue el niño como síntoma de la pareja familiar y el niño objeto del fantasma. Teniendo en cuenta este método y los paradigmas del goce, si tomamos el paradigma del goce normal:  frente a la fragmentación del goce alrededor de las zonas erógenas, se trata de elaborar con el niño una versión de la lista de objetos a. Es por el establecimiento de la puesta a punto de los trayectos pulsionales por los que el niño se separa de la madre. Se trata entonces a la madre con la misma moneda que la lista de los objetos a. La madre como cosa inaccesible.

Con estos elementos podemos pensar la cura del niño partiendo de la situación en la que el niño se encuentra con el psicoanalista.

En primer lugar el niño es un sujeto supuesto saber. El analista debe haber alcanzado una posición tal que permita al niño desplegar los significantes que lo representan. La primera diferencia del niño con el adulto, es que al niño lo traen, pero en el encuentro con el niño esperamos un despliegue de significantes, o ficciones que fabrica con el dibujo o los juegos. Allí debemos acoger al niño objeto que se presenta.

Los padres son un S.S.S, ya que ellos van a darnos una pre-interpretación de lo que le pasa al niño que cobrará sentido apres- coup.

El analista es un S.S.S, donde la transferencia opera otorgándole el saber descifrar lo que allí se presenta. Y es en la transferencia donde se despliega la realidad sexual del inconsciente, realidad que en el niño se presenta en las ficciones que va construyendo, y que le permiten como dice Eric Laurent realizar la puesta a punto de los trayectos pulsionales por los que el niño se separa de la madre.

Esto me ha permitido pensar apres - coup el encuentro con un niña que recibo en mi consulta. Una niña de 3 años y 4 meses es traía a mi consulta por su madre.

En primer lugar tengo una entrevista con la madre y luego con el padre.

La madre es colombiana, adoptada por una familia francesa, casada con un joven español que es el padre de la niña y del que está separada desde hace unos meses aunque continúa viviendo con él por cuestiones económicas.

Dirá que la relación con la niña es muy mala, ya que en su presencia la niña se muestra rebelde y caprichosa si no consigue lo que quiere. Que cuando la niña se queda con los abuelos es muy juiciosa, pero aparece ella y se transforma.

En la entrevista con el padre me dirá que la niña es así con ella e interpreta que la niña está así desde que ellos se han separado, desde que ella me echó de su lado, se rebela contra la madre, es como si se vengara porque me ha dejado, la niña lo percibe.

Tenemos aquí en la entrevista con los padres, la demanda de tratamiento y una pre-interpretación con la que viene la niña, es decir una pre-interpretación que apunta a considerar lo que le pasa a esta niña como consecuencia de la relación de pareja.

La niña, que se llama Eliana, entra en mi despacho y encuentra unos crayones sobre la mesa, coge uno y me pide una hoja y se pone a dibujar.

Lo primero que dibuja es una ballena y une couquille (conchilla) Sabemos que la madre habla en francés con su niña, el padre no interviene en esta lengua, es la relación entre ellas.

Tenemos en el dibujo dos elementos, a descifrar: podemos decir que se encuentra en una relación dual, imaginaria, el real en juego es que ella es esta pequeña conchilla para el Otro, en la que ella se representa. Es su modo de presentarse.

Luego y pidiéndome otra hoja, dibujará una cara con unos grandes ojos, una vez que ha terminado su dibujo me dirá: esta eres tu, con grandes ojos. Ella recorta del Otro un rasgo, los ojos. Recorta y privilegia en el dibujo una parte del cuerpo del analista.

Pidiéndome el tercer folio, se dibuja ella, dibuja al analista, luego dibuja una víbora con su comida, y dice, delimitando cada figura, esta es su casita, recortando cada uno de los dibujos con el lápiz, esta es su casita y luego escribe su nombre y me pide que lo escriba ELIANA,  Ana, víbora.

En este dibujo aparecen no ya dos elementos, ni uno, sino tres: Ella, el Otro de la transferencia y la víbora con su comida, todos ellos delimitados.

Con la aparición del Otro del deseo, el analista, Eliana sustituye su ser de conchilla, alimento para el Otro, a la víbora con su alimento, ella está fuera.

En la 2º sesión se dibuja nuevamente ella, al Otro analista, los delimita en sus casitas, pero se introducen unas huellas que van de un lado a otro de las casitas y al costado un lobo. Hay algo que la inquieta.

Luego dibuja un señor y una serpiente, dice: se la come, a la serpiente, y se ríe.

Vemos entonces que esta niña que se presenta como siendo la conchilla del Otro, a través de esta ficción que construye, lo que está en juego puesto en acto es la realidad del inconsciente, la realidad sexual, bajo la modalidad de la pulsión oral, produce sustituciones, que es la manera de tratar al Otro que en su devoración la puede comer, esta pluralidad de seres comidos, es la manera de tratar en su ficción al Otro, y a su ser la conchilla, produciéndose un desplazamiento.

Esta niña de entrada ha sido el SSS para el analista.

La posición del analista, ha sido el de ignorar todo, es decir que desde su posición de no saber ha acogido a esta niña en la situación analítica, lo que ha permitido a la niña desplegar una ficción, comandada por el objeto “a”, oral.

La niña se presenta como objeto y en la dirección de la cura tendrá que pasar a ser un sujeto. El tratamiento del niño es este pasaje, donde lo que media es la subjetivación.

Si en este caso lo que se presenta es la transferencia articulada a la pulsión, en tanto que en el trabajo analítico se da la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente, en la cual se pone en primer plano la pulsión oral, en sus múltiples desplazamientos. Esta niña ya tiene una versión del mundo, todo es interpretado desde aqui, pero es también lo que le permite tratar a este Otro voraz, la madre.

Es en otra caso, que me permite ilustrar un niño, en el que transferencia y repetición van de la mano, en este caso el niño en una sesión analítica hará de Dumbo, colocándose una cadena por detrás de las orejas que le permitirá mover las orejas, me sonrío, y el me dice: Yo soy Dumbo y tu eres la madre de Dumbo.

Yo le digo, a sí la madre de Dumbo?. Y tu madre se rie?

No, dirá, mi madre se ríe mas con los otros que conmigo.

Acto seguido dirá que no soy la madre de Dumbo, sino un ratón. Esta negación afirma el lugar en que en la transferencia me coloca, repitiendo en acto la relación con su madre.

Es por eso que él analista debe saber el lugar que ocupa para el sujeto. El lugar que el sujeto le otorga en la transferencia.

Ana Lía Gana

 

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