| Los objetos a en la experiencia analítica II |
| Escrito por ELP Madrid |
| Lunes, 04 de Julio de 2011 16:18 |
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Gustavo Dessal: El tema es tan amplio, hay tanta bibliografía al respecto, que les voy a explicar sintéticamente cómo me organicé para tratarlo esta noche. Ustedes saben que Jacques-Alain Miller dio un curso entero, hace ya prácticamente veinte años, allá por 1987-88, dedicado fundamentalmente al tema de la causa. Su título es Causa y consentimiento. Lo primero que hice fue buscar el seminario, muy amplio en extensión, para enfocar esta conferencia. Después de varios años de tratar de entender algo sobre este asunto, les voy a hablar hoy sobre lo que se ha sedimentado respecto a la cuestión de la función causal del objeto a. Partiendo de una frase de Miller que ahora pasaré a comentarles, he ido evocando lo que quedó en mi memoria acerca de mi comprensión sobre el tema.
Me interesé, al revisar el seminario, por una afirmación que pensé que tenía una vigencia, una actualidad. En las primeras páginas del seminario, Miller dice que cuánto más operativa es una técnica, más oscuro se presenta el resorte de su efectividad. Me interesó la afirmación porque es rotunda; además, me parece muy adecuada en la actualidad, porque hemos visto, en los últimos años, prosperar muchas corrientes psicoterapéuticas muy fascinadas por la cuestión de la efectividad. Debo decir que, incluso, no se salvan de eso algunas opiniones dentro del campo mismo del psicoanálisis, se le da un acento cada vez mayor a la cuestión de la efectividad, quizá sin interrogarse demasiado sobre qué significa la efectividad. Cuánto más operativa es una técnica, el resorte de su efectividad resulta ser más oscuro. Por esa razón, cuando nos dirigimos al terreno de la causa, pues de eso se trata, si una técnica resulta ser operativa, debemos preguntarnos: ¿cuál es la causa de esa operatividad? Y ahí se establece una relación inversamente proporcional entre los efectos fácticos y la oscuridad de la causa. Dice Miller que ésta es una de las tantas maneras de comprender por qué cuando en psicoanálisis nos interrogamos a propósito de la causa, invariablemente vamos a vernos conducidos al terreno de la ética. Por ejemplo, un punto de partida: decidir si la causa es psíquica o es genética, en el fondo es más una cuestión de ética que una cuestión epistémica. Ayer, en Barcelona, conversábamos con una colega, Rosa Calvet; comentaba que los genetistas y los neurofisiólogos han comprendido algo del nudo borromeo porque se han dado cuenta de que los neurotransmisores son tres, que todos tenemos tres neurotransmisores. Esos tres neurotransmisores constituyen el rechazo, o la forclusión, de la palabra, del cuerpo, y del sexo, es decir, de lo simbólico, lo imaginario, y lo real. Reconocer la causalidad respondiendo a la articulación entre lo real, lo simbólico, y lo imaginario, o atribuyéndola a los tres neurotransmisores, o a una cuestión genética, eso, más que tratarse de un problema epistémico, en el fondo es una cuestión ética, lo que está en juego es una cuestión ética respecto a la noción que nos hacemos sobre el sujeto. ¿Por qué siempre vamos a terminar hablando de ética, o incluso debemos hablar de ética, a la hora de pensar el problema de la causa? Esto es algo que el psicoanálisis viene a formular porque, a pesar de que consideramos que el sujeto del inconsciente es un efecto de la cadena significante, y que el deseo es un efecto cuya causa es el objeto a, a pesar de que el sujeto y el deseo son efectos, hay algo que le impide al psicoanálisis reducir el problema de la causalidad a un determinismo absoluto, a un puro determinismo, que le impide reducir la cuestión de la causalidad a un mecanismo, o a una serie de ellos, cuyas leyes estarían enteramente programadas por el inconsciente. También, en una conversación con Jorge Alemán, él decía que la tesis del inconsciente, de alguna manera era asumida por la ciencia moderna. Es decir, la ciencia moderna ha comprendido que la conciencia no puede hacerse cargo, es imposible, de todos los procesos que se producen a nivel, vamos a decirlo así, de lo mental, que hay una innumerable cantidad de procesos que corren a cargo de algo que ellos no tendrían inconveniente en aceptar fuera del campo de la conciencia, como inconscientes. Claro, se trata de un inconsciente mecánico, de mecanismos que obedecen a leyes físico-químicas. Si algo nos distingue, además de que nuestro inconsciente no es ese inconsciente, es el hecho de que, sobre el determinismo inconsciente, como dice Jacques-Alain Miller en una nota al costado de un pequeño comentario en Radiofonía y Televisión, es mejor que tengamos alguna idea de lo que nuestro inconsciente nos ha preparado. Y más allá de eso, en lo que respecta a la cuestión de la causalidad, evidentemente, el psicoanálisis no se agota en el determinismo inconsciente. De una forma muy sintética y esquemática, podríamos decir que Freud, sin duda, pertenece al orden del determinismo, como pensador que trae consigo la impronta del siglo XIX, un siglo que se caracteriza por los primeros descubrimientos de las leyes deterministas en el campo de lo humano. Podemos decir que Freud fue determinista hasta 1920, en cuanto para él la causa debía situarse en la representación reprimida, la Vorstellung. A partir de 1920, podríamos decir que, a ese determinismo de la Vorstellung, le va a agregar la acción de la repetición demoníaca. Es otra forma de determinismo, podríamos decir, incluso, una determinación mucho más oscura que la anterior, una causa que no se deja decir. A partir del reconocimiento de este segundo orden causal, es evidente que para Freud, la dirección de la cura ya no queda enteramente en manos de la interpretación, ya se necesita algo más que la interpretación, al menos que la clásica interpretación, para abordar esa causalidad del determinismo de la representación demoníaca. He dicho, intencionadamente, que esta es una cuestión muy esquemática, porque sabemos que en Freud la cuestión es mucho más compleja. A pesar de que él, de una manera explícita, se reconoce como determinista, es verdad que a lo largo de toda su obra, y fundamentalmente en lo que podemos extraer de la experiencia práctica clínica, de cómo Freud trabajaba –lo sabemos, en los últimos años, a partir de muchos testimonios que han sido publicados, testimonios de personas que se analizaron con él, también por la correspondencia que mantuvo con muchos interlocutores y, por supuesto, por muchos de sus artículos—, sabemos que hay una especie de disputa dialéctica entre el papel que juega para él la noción de mecanismo, junto con términos que aparecen permanentemente: elección –de objeto, o de la neurosis—, decisión, responsabilidad moral, que ha dado título a un pequeño artículo sobre el tema de los sueños, beneficio secundario de la enfermedad, reacción terapéutica negativa. Términos, todos ellos, que se vinculan a nociones, a conceptos que, efectivamente, ya no se pueden ordenar de una forma clara bajo la lógica del mecanismo determinista, o de un determinismo mecánico. Uno de los méritos de Lacan ha sido el de trazar un mapa de la orientación freudiana que va más allá del determinismo. Tuvo el mérito de mostrar el lado no determinista de Freud. Ya muy tempranamente, hay un texto, Sobre la causalidad psíquica, donde Lacan introduce una expresión que se utiliza y se repite mucho, además de poseer un valor inconmensurable: “la insondable decisión del ser”. Término que parece aplicar allí, específicamente, a la cuestión de la psicosis para mostrar que hay en ella un orden mecánico, un mecanismo –todavía en este año no lo había formulado—, el mecanismo de la forclusión. Pero, todos aquellos que tengan una cierta experiencia con la clínica de la psicosis, saben perfectamente que eso no es suficiente para entender el problema de la causalidad de la psicosis. Lacan proporciona una serie de tipologías familiares que, efectivamente, encontramos muchas veces. En ellas, el mecanismo de la forclusión parece fructificar de una manera muy curiosa. Pero también sabemos que muchos psicóticos provienen de familias cuya tipología no se adecúa ni remotamente a la clásica con la que solemos trazar el dibujo de la madre del psicótico, el padre del psicótico, etc. Incluso, para ser psicótico, Lacan reconoce que es preciso haber tomado una cierta decisión, una decisión no en el sentido volitivo del término. Lo interesante es que, algunos años después, en Televisión, cuando se refiere a la decisión que el sujeto toma respecto al deseo, por ejemplo, en el campo de la neurosis, y que el sujeto es llevado en el análisis, en determinado momento, a tener que tomar una decisión respecto al deseo, ahí nos muestra que el sintagma “la insondable decisión del ser”, no se agota, ni mucho menos, en la cuestión de la psicosis. Es decir, para comprender la constitución del sujeto en relación al deseo, el lugar que el sujeto tiene en la estructura, se debe atender, por un lado, a una lógica que obedece al problema del mecanicismo determinista, pero también hay algo del orden de lo real del sujeto, algo que Lacan califica como insondable, porque, quizá, es imposible explicitar las razones por las cuales un sujeto consiente a dejarse causar por determinado orden y no por otro. Supongo que en el coloquio podremos discutir sobre la cuestión de la decisión. Ahora me voy a adelantar un momento sobre la conclusión que, finalmente, extraigo de la enseñanza de Lacan respecto a la cuestión de la causa. Para Lacan, la causa es siempre retroactiva. La causa es, siempre, una decisión del sujeto, decisión que toma una vez que ha transitado la determinación del significante y la repetición del goce. Una vez que el sujeto ha elaborado, ha descifrado la repetición significante y ha podido construir el esquematismo de la repetición de su goce, toma una decisión respecto a la causa. En tanto la causa es, en definitiva, el vacío que está contorneado por la estructura, me parece que obedece a una temporalidad que se bifurca. Es decir, la causa es un origen, pero al mismo tiempo no es un origen primario, es un origen retroactivo. Otra manera de plantear esta cuestión. Existe una diferencia entre la forma en que el sujeto va a atribuir la causa, fantasmáticamente, en su novela familiar, y la función de la causa tal como se revela al fin del análisis, cuando ya se ha producido toda una larga operación de vaciamiento de sentido y de goce. La decisión sobre la causa, al final del análisis, cuando ya está liberada de la alienación al axioma del fantasma, ya se justifica en otra cosa. Un ejemplo clínico real, pero al mismo tiempo situado dentro del clasicismo del hombre atrapado en la impotencia que, como sabemos, es una forma de detención del movimiento. Este caso trata de la impotencia de no poder decidir entre dos mujeres. Si el ejemplo tiene algún interés hoy es, entre otras cosas, porque la clásica división que nosotros sabemos establecer entre la madre y la prostituta –dificultad tan común entre muchos hombres, no poder decidir entre dos mujeres—, o también la división entre el amor y el deseo, con este hombre no funciona. Un mes antes de venir a verme para consultar respecto de esta indecisión, la madre del paciente falleció debido a su edad muy avanzada. Ahora que la madre ha muerto, teóricamente, debería estar en condiciones de afrontar un divorcio y elegir a la mujer que tiene de amante ya desde hace algunos años. Pero, pese a que la madre ha muerto, no puede. Yo podría decirle perfectamente algo así: “Usted no se atreve a divorciarse de su mujer porque su madre sigue observándolo desde el cielo”. Y sería una interpretación hermosa y cierta. El problema es que la amante del paciente me ganó de mano, le dijo exactamente esta interpretación con las mismas palabras, interpretación que aceptó de muy buen grado. Pero la inhibición sigue intacta. Es una persona que está acostumbrada a calcular muy bien la proporción entre los riesgos y los beneficios. Por lo tanto, no se va a embarcar en una aventura sin medir claramente las consecuencias. Empezamos a dar un montón de vueltas sobre este tema. Ustedes saben que el obsesivo se puede eternizar dando vueltas. Él tiene una lista mental de los pros y los contras, va de un lado al otro, se plantea si le conviene más quedarse con la mujer o irse con la amante, y así se puede estar hasta el día del juicio final. Hasta que en un momento dice una cosa distinta: “Es curioso, me he dado cuenta de que lo que más me excita de la amante, es no verla”. Yo le digo: “De modo que usted está enamorado de una ausencia”. La verdad es que mentí un poco, porque es alguien que me parece que tiene bastante poca idea de lo que es el amor, de manera que, decirle que está enamorado de una ausencia fue demasiado generoso por mi parte. Pero fueron palabras que dieron en el blanco; no entendió nada, pero me dio la razón. Y me la dio porque se fue muy angustiado; en la siguiente sesión me dijo que, por primera vez desde que me vino a ver, había estado realmente muy angustiado. A partir de ese momento considero, por lo que viene después, que hay un signo de transferencia, de Sujeto Supuesto Saber. Una primera hipótesis. Hay transferencia, entrada en análisis, sólo a partir del momento en que hace su aparición la función de la causa, la causa del deseo. Por supuesto, es una aparición fugaz, pero suficiente para propulsar el significante de la transferencia. Sin este destello de la causa del deseo, el sujeto, aun cuando hable, va a permanecer preso de su goce. Que falte la otra mujer, con la que este hombre intenta completar su división subjetiva, una división que durante muchos años ha estado colmada por su matrimonio con una mujer-madre, que falte la otra mujer, es decir, cuando él dice que lo que más le excita es cuando no la ve, deja emerger la voz. Cuando los encuentros se interrumpen queda la voz, ese resto que hoy en día, y gracias a la pequeña prótesis del teléfono móvil, nos acompaña a todas partes. Una cosa que me había llamado de entrada la atención es que este hombre tiene todo el tiempo el móvil en la mano, y juguetea de una forma casi masturbatoria con él, es decir, no deja de hablar aunque lo tiene apagado. Lacan siempre tuvo claro que Freud no era un determinista puro, y la expresión “de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”, me parece que proviene de una lectura muy atenta de la obra de Freud, lectura que a él le permitió distinguir entre mecanismo y causa. Esta distinción es fundamental. El mecanismo del deseo es la metonimia del significante, la causa del deseo es otra cosa que Lacan aisló muy trabajosamente, el objeto a, extraído también, sin duda, de la teoría freudiana del objeto parcial. Freud se interesó por el deseo inconsciente como causa de los sueños. Lacan lo siguió por ese camino, el camino de las formaciones del inconsciente, hasta que en 1964 introdujo una pregunta nueva, una pregunta que no está en Freud, que no se plantea en La interpretación de los sueños. Freud se plantea cuál es la causa por la que soñamos; Lacan, en el 64, introduce una pregunta nueva: ¿cuál es la causa por la cual en un determinado momento vamos a despertar? Ustedes ya conocen la historia, no voy a abundar en ella, del hombre que está velando al hijo. Ese hombre se queda dormido mientras vela al hijo, y sueña que el hijo se le aparece diciéndole en el sueño: “¿Padre, no ves que ardo?”. El hombre se despierta, y Lacan pregunta por qué se despierta, cuál es la causa del despertar. Lo que lo despierta no es algo que suceda en la realidad. Justo en el momento en que el hombre despierta ve que, en la realidad, se ha producido un pequeño estruendo, ha caído la vela grande y ha prendido fuego, nada menos que en la mortaja. ¿Es el ruido lo que despierta al padre? ¿Es el fuego? Lacan dice que no; no es algo que suceda en la realidad, sucede en el sueño, “otra realidad”, la realidad contenida en la frase:” ¿Padre, no ves que ardo?”. Lacan dice que esta frase tiene más realidad que la que tiene lugar en la habitación. Entonces, propongo que, de la misma manera que Freud habló de “la otra satisfacción”, bien podemos nosotros hablar de “la otra realidad”. Volvamos al ejemplo. ¿Cuándo hay entrada en análisis? Cuando hay surgimiento de “la otra realidad”, es decir, cuando por un momento resplandece algo que sucede en el sueño, en la representación, en el funcionamiento fantasmático, pero que a la vez es exterior, y por lo tanto no se puede nombrar. La entrada en análisis es la entrada en esa “otra realidad” innombrable en la que el sujeto no puede hallar su reflejo, sin embargo, la angustia le obliga a admitir que está concernido. Es a través de la angustia que, sin comprender, el sujeto debe admitir que esa “otra realidad” le concierne. Hay entrada en análisis cuando hay un signo de certidumbre de la causa del deseo, dicho de otro modo, cuando hay un signo del pasaje del objeto del deseo a la causa del deseo. Si volvemos al ejemplo del hombre que está retenido en su acto, ahí, en la retención del acto, también podemos encontrar la función del objeto a como causa del deseo de retener el objeto anal. Yo les decía que es un hombre muy acostumbrado a medir y evaluar la proporción entre los riesgos y los beneficios, y el valor anal de su matrimonio, el valor añadido que tiene para él, es causa del deseo de retener el acto. Y el sujeto percibe que hay algo que está más allá de la vacilación significante entre una y otra mujer, algo a lo que no puede acceder mediante el saber, incluso, algo a lo que no puede escapar aun cuando no quiere saber, y que tiene un afecto específico: la angustia. El objeto a como causa del deseo tiene su origen en la teoría freudiana del objeto perdido, pero no es equivalente. Esto es algo que podemos discutir. No es simplemente que deseo lo que me falta, si se tratase de eso, Lacan no habría aportado mucho al diálogo El banquete de Platón. No es que deseo lo que me falta, esta es una dimensión, pero posiblemente la más preconsciente del deseo, sino que el deseo mismo está causado por un objeto que no existe en el mundo, que pertenece a la esfera del cuerpo, pero que no posee el estatuto del objeto narcisístico. Y, fundamentalmente, se trata de un objeto inconsciente, resultado del recorte que el significante, o la castración, opera en lo real del goce. El prototipo del objeto a como objeto del deseo es la nada. Ese es el objeto a en su más absoluta pureza, la nada, la nada del significante. Pero a la vez es algo, una pequeña cosa, un resto de goce, no es el objeto perdido, sino lo que resta del objeto perdido. Por eso, tanto la aparición, como la desaparición de esa pequeña cosa, se acompañan de la angustia, porque es la pequeña metáfora del goce, de ese goce reprimido en el Otro y que podría retornar. Para finalizar, la siguiente afirmación: “El análisis conduce necesariamente a la causa del deseo, pero la asunción subjetiva de esa causa es contingente” Quiere decir que, si bien la afirmación que sostiene que “de nuestra posición de sujeto todos somos responsables”, es un universal, de ello no se deduce que, necesariamente, el sujeto esté dispuesto a asumir esa responsabilidad. Ahí me parece que hay un límite ético que ni el análisis ni el analista pueden forzar. ¿Por qué el análisis conduce a la causa del deseo? Porque la ley de la asociación libre, el imperativo de hablar, acaba por producir la repetición de la separación respecto del objeto primordial. El imperativo de hablar es la obligación de simbolizar el goce a través de la palabra, lo cual, indefectiblemente, conduce a un resto indecible. (Las preguntas que se plantearon en el coloquio no resultan del todo audibles en la grabación, con lo cual, hay en ellas cortes que pudieran desviar, o no hacer comprensible, el verdadero sentido con el que fueron formuladas) Miriam Chorne: Ha sido muy interesante, y has hecho un recorrido por la enseñanza de Lacan sobre el tema de la causa que, como he dicho al comienzo, hay otras maneras de plantear el problema, y me pareció muy sugerente la ilustración clínica. Les invito a participar en el coloquio sobre lo que ha suscitado Gustavo Dessal. Marta Davidovich: Hablas de un hombre que está enamorado de una ausencia. ¿Dices que ahí se produce la angustia en el sujeto y que se produce un cambio de posición a partir de eso, que ha dejado de calcular de la misma manera? Gustavo Dessal: Fundamentalmente, se dio cuenta de que esta duda en la cual estaba enfrascado desde hacía meses, no era la razón de su malestar, eso lo angustió mucho porque se dio cuenta de que tenía que buscar la razón en otro lado. Pero no sabe donde. Haber franqueado este primer paso, lo califiqué como un pequeño destello de la causa del deseo. Obviamente está reprimido, pero no tanto como lo estaba mientras él podía jugar a hacer malabarismos con esos dos significantes S1 y S2. Marta Davidovich: ¿Tú dirías que hay algo de la causa vinculada a la angustia? Gustavo Dessal: Sugerí que el enamoramiento está vinculado a algo que no es ni S1 ni S2. Él no comprendió nada, pero algo “entendió” si me guío por el surgimiento de la angustia. No hubo en sus palabras algo que me confirmase la exactitud o pertinencia del comentario, pero hubo un cambio, en el sentido de que está tratando, a partir de ahora, de buscar, de orientarse por otra cosa. El tema de estas dos mujeres ha pasado, de momento, a un segundo plano, lo cual tampoco es un progreso extraordinario del análisis, simplemente es algo que le permitió entrar por otra vía, un pequeño giro. Pregunta: En relación a esto último que has dicho, que la asunción de la causa siempre es contingente, quisiera que lo explicases un poco más. Gustavo Dessal: Todos somos responsables de nuestra posición subjetiva, dice Lacan. Ese “todos” indica que es una afirmación universal, una afirmación transclínica. No se trata sólo del neurótico; todos los sujetos, independientemente de su diagnóstico, son responsables de su posición. Ahora, que todos sean responsables, lo dice el psicoanálisis, no lo dice el sujeto; que éste pueda asumir lo que de él predica el psicoanálisis, es otra cosa. Nosotros no sabemos, a priori, si el sujeto va a estar verdaderamente dispuesto a asumir esta condición de la subjetividad. Porque al mismo tiempo que todos somos responsables de nuestra posición de sujetos, eso no significa que un sujeto cualquiera se haga responsable de esta afirmación; más bien tiende a vivir en el desconocimiento. Hay múltiples funciones psíquicas que están al servicio de desconocer esta afirmación, el fantasma, el yo, etc. Hay unas cuantas funciones, distintas formas, que tienen, entre otras cosas, el carácter común de decir no a la afirmación de que se es responsable de su posición de sujeto, por ejemplo, el victimismo de la histeria, el profundo sentimiento de culpabilidad del obsesivo, el rechazo del inconsciente en el psicótico, o el desmentido de la castración en la perversión. Mercedes de Francisco: Me interesa la cuestión de “la insondable decisión del ser”. Al escuchártela la he entendido, esta vez, de otra manera: la imposibilidad de sondear. Gustavo Dessal: Claro, la imposibilidad de sondear. Les daré luego un ejemplo. Mercedes de Francisco: El punto que has planteado, que Miller trabaja excelentemente en Causa y consentimiento, es que nunca se trata de la primera escena traumática en sí mismo, sino que ella tiene que ser refrendada y consentida en la segunda. Eso hace que ese primer momento de la causa, que siempre es traumática, sea insondable. Gustavo Dessal: Por eso siempre la causa es retroactiva. Es un origen, pero no es primario. Mercedes de Francisco: Claro. Ese primer encuentro traumático que se produce con la sexualidad y con la muerte, no se puede sondear. Gustavo Dessal: No, ese es insondable. Es un S1 lógico. En el orden lógico hay que suponer un S1 imposible de reconstruir. Me parece que también está ahí la idea freudiana de la represión primaria. Una paciente me contó su historia, verdaderamente conmovedora respecto a esta cuestión de la insondable decisión del ser. Se trata de una chica joven que tiene un hermano y sus padres. Tanto el padre, la madre, como el hermano, son psicóticos. No se trata de una inferencia de la paciente, son personas ingresadas, tratadas, medicadas. Y mi paciente no es psicótica. Hoy me contó el siguiente recuerdo. Ella tenía cinco o seis años, iba caminando por la noche a través de un bosque cercano a la casa donde vivía o pasaba los fines de semana con sus padres y su hermano. En el recuerdo la madre no está, solo están el padre y el hermano. Ella recuerda que el hermano se cae en una zanja, en un pozo. El padre intenta sacarlo y se cae también. El pozo era muy profundo, por lo cual se había vivido una gran alarma en el pueblo hasta que consiguieron sacarlos. El recuerdo infantil, a lo que alude, es que los tres miembros de la familia, incluida la madre, han intentado la defenestración. Es la visión de ella, que, muy tempranamente, con cinco o seis años, ya tiene una conciencia cabal de la estructura familiar, comprende perfectamente. La madre ya se había tirado por la ventana, y el padre y el hermano se caen en un pozo oscuro. Pero ella no. Dijo una cosa interesante: durante los años en los que recordó esto, le llamó mucho la atención por qué se cayó el hermano y no ella. Cuenta que era la más pequeña, la más inquieta, la más movediza, y, teóricamente, la candidata más probable para caerse. Siempre se preguntó por qué no había sido ella. Ahí está la insondable decisión del ser: ¿por qué ella, en el seno de esta familia de estructura psicótica, decide no ser, o puede no ser psicótica? La paciente es una neurótica, sin ninguna duda. Y, por supuesto, lleva sobre sus espaldas todo este drama familiar. Miriam Chorne: Pensaba en otro aspecto que habías tratado en relación a que la asunción es contingente. Pensaba que, en ese sentido, la neurosis obsesiva es ejemplar. Yo lo he visto en supervisiones, en mis propios casos, el neurótico obsesivo que está ocupándose del padre enfermo y justo en el momento de la muerte, no está, se había ido a hacer lo que fuese. Me parece que entre la responsabilidad y la asunción, hay una hiancia. Gustavo Dessal: Tal cual, la forma del obsesivo es esta: “desde mi posición de sujeto, no estoy”. Mercedes de Francisco: Respecto a lo que dice Miriam, me pasó a mí como analizante y lo he visto como analista, hay sujetos que cargan con muchas cuestiones, y hay un momento donde es interesante que la intervención del analista vaya a separar eso, de lo que es que el Otro aparezca de determinada forma. Está la presencia real del padre, de la madre, que han tenido su incidencia y está lo que hay del sujeto. Yo creo que si no hay sujeto, hay un momento donde éste se puede desorientar. Gustavo Dessal: Desorientar y convertir la novela familiar en una coartada fenomenal.
Mercedes de Francisco: Pero también en el punto donde ese otro de la novela familiar sí hizo lo que hizo. No todo es una interpretación. Me parece muy interesante lo que dice Miriam, cuando el Otro se hace el responsable de todo, lo asumía como suyo, y cuando se va no va a poder hacerse responsable. Miriam Chorne: Sí, ahí donde se le espera no va a estar. Gustavo Dessal: A mí siempre me resultó muy enigmática, muy fascinante, en Más allá del principio del placer, algo que dice Freud: “El individuo quiere morir a su manera”. Freud estaba convencido de que la manera en que la gente muere no es casual. También habría algo de una insondable decisión del ser en la forma en que alguien muere. Es muy osado esto. Pero Freud era médico, no era filósofo, y no le tembló la mano a la hora de asegurarlo. Supongo que habrá tenido tiempo de corregir el texto si lo consideraba un exabrupto, y dijo que el individuo elige su forma de morir.
Pregunta: También creo que lo decía bastante ligado al trabajo de la pulsión de muerte. Dependía de cómo trabajaba la pulsión de muerte y cuáles eran las objeciones que justamente en su versión de las pulsiones de vida y muerte, la pulsión de vida le hacía… Gustavo Dessal: Efectivamente, ese es el problema. Lo cual no deja de ser una manera muy poco mecanicista de plantear la cuestión. Pregunta: Por eso me parecía que estaba bastante vinculada a la cuestión de la insondable decisión del ser. Y, por otro lado, tiene que ver con lo que se construye desde lo que a un sujeto le pasó en la dialéctica con el campo del Otro, con lo que encuentra allí, a partir de lo cual se va constituyendo como tal, como un sujeto representado por un significante para otro significante. Por un lado, eso marca lo que tiene que ver con esa dialéctica con el campo del Otro, marca, bordea, incide o recorta lo que ha habido de real. En términos de Freud sería pulsión de muerte y de vida, recortando, enmarcando o constituyendo. Hablabas de esa paciente tuya, y me parece que es impactante, hay algo de esa insondable decisión del ser, pero también esa captación que no se sabe cómo se produce, un misterio. Hay algo que la rescató, a lo que se quedó enganchada y fuera de esa otra manera de circular lo real. Pregunta: Es muy interesante la cuestión de la insondable decisión del ser, da idea de una cierta flexibilidad, un cierto margen de decisión. La cuestión es que una vez hecha una elección que es retroactiva, lo que queda puede quedar casi como una segunda naturaleza. Yo me planteo que una vez hecha la elección me puedo hacer responsable de eso, pero no hay vuelta atrás, en el sentido de alguien que hace una elección por la psicosis. ¿Hasta qué punto las elecciones están hechas? Gustavo Dessal: Efectivamente, es una marca imborrable. Lo que puede tener alguna flexibilidad es la posición del sujeto frente a eso. Las elecciones están hechas muy tempranamente. A mí me parece que hay una doble elección. Una primera elección, voy a hablar en términos sencillos, en lo que respecta al modo en que el sujeto se sitúa en el encuentro con la lengua; y una segunda elección es cómo el sujeto se sitúa en lo que hace a la diferencia sexual. Son las dos grandes elecciones que el sujeto hace y que entran en una cierta articulación una con otra. Son decisiones que, cuando un sujeto llega a la consulta, ya están tomadas. Las elecciones de objeto que el sujeto hace en la infancia son totalmente inmodificables; ningún homosexual se cura de su homosexualidad, ni ningún heterosexual podrá elegir una homosexualidad que no haya sido ya elegida inconscientemente. La psicosis es irreversible, lo que es reversible es el modo en que el sujeto la padece. Miriam Chorne: Lo vemos a diario, hay diferentes psicóticos. Las posiciones de los sujetos frente a la psicosis pueden ser muy diferentes. Gustavo Dessal: Hay una posición ética del psicótico respecto a la psicosis. En la paranoia pura, en el caso del paranoico instalado en su megalomanía y en una certeza que lo convierte en refractario a toda intervención por la palabra, solamente se puede intervenir mediante la sujeción mecánica y el ingreso. Eso es una posición ética, a diferencia de aquel otro paranoico que también está en la certeza, pero quiere buscar algo a través el diálogo con otro, quiere sondear, investigar, saber algo en relación a eso. Lo que hace que un sujeto psicótico sea analíticamente abordable en un primer momento, o no lo sea, es una cuestión clínica, pero esa cuestión clínica es en el fondo una posición ética. Aquí tenemos personas con mucha experiencia en el tratamiento con la psicosis que quizá nos puedan ilustrar al respecto. Santiago Castellanos: Me decía un paciente con ideas hipocondríacas, que el problema que tenía es que solamente podía tener un cuerpo por una sola vez, que un sujeto podía experimentar un cuerpo por una sola vez.
Gustavo Dessal: El don del cuerpo se le otorgaba una sola vez. Por ahora sólo tenemos uno. Santiago Castellanos: Uno puede pasar en la vida por diferentes situaciones, separarse, tener hijos, pero cuerpo sólo tenemos uno. Y él no podía con eso, era para él un problema. Es un filósofo, un sujeto que padece mucho con sus ideas hipocondríacas. Estaba apuntando a esta falla en la estructura, que tiene que ver con la subjetividad y lo corporal. En el encuentro primordial con la lengua, el sujeto no es un cuerpo, no es una solución natural al estilo del animal, que sí es un cuerpo, y esto genera una cantidad de problemas. Pero claro, la insondable decisión del ser, me hace pensar en la psicosis. Al final hay algo de irreversible, porque es algo de estructura, pero también se puede pensar considerando que, a fin de cuentas, con última clínica de Lacan, pensando con la lógica de las estructuras, y de lo irreversible de las estructuras, también se puede considerar desde el punto de vista de los anudamientos. Se intentan los anudamientos, y desde esos anudamientos, sí se puede operar desde el psicoanálisis, porque sino sería complicado, estaríamos también al final, en una versión de Karma, una versión naturista y fatalista del psicoanálisis. Se puede operar sobre la modalidad de goce, no en el sentido de cambiar la elección de objeto, pero sí la posición del sujeto respecto de ese goce, y esto es lo que sí se puede hacer de una manera distinta Gustavo Dessal: Por supuesto. Por ejemplo, un homosexual no va a dejar de ser homosexual a través del análisis, pero se puede llegar a curar del masoquismo al que le obliga el sentimiento de culpa de ser homosexual, sentimiento muy frecuente en la homosexualidad. Hay muchos homosexuales cuyo sentimiento de culpa por serlo, los lleva a necesidades de castigo terribles, a comportamientos muy masoquistas. De eso se pueden curar. Seguirán siendo homosexuales, pero su posición respecto a la homosexualidad puede cambiar. Miriam Chorne: De todas maneras, aun con los anudamientos, también hay algo de la insondable decisión del ser que se pone en juego. Que alguien, con ese nudo fallido, busque como estructurarlo y conciliar algo, no es puramente determinista. Por ejemplo, si pensamos en los nudos y en Joyce, que es uno de los casos más manejados por Lacan, se ve que hay algo relativo a una decisión previa a tener la obra, de hacer algo con esa carencia de los nombres del padre, él quiere hacer algo con eso. Lacan recorta momentos donde se ve que hay una decisión en él con respecto a eso, más allá de las circunstancias. Sergio Larriera: Si, coincido. Es mucho más azaroso, más contingente que la trampa en que podemos caer por la vía única del significante y del determinismo. Porque somos deterministas, necesitamos serlo, y buscamos una determinación estricta, aunque la rechacemos teóricamente. Eso que llamamos la causa, en realidad no es la causa, es la determinación, porque la causa, ¿qué causa?, la causa está absolutamente perdida, es innombrable, insondable, inexplicable, no puede entrar jamás en ningún tipo de reflexión significante, de explicación significante, siempre estamos buscando la determinación, llamamos la causa a eso que determinó un efecto. Es mucho más trágica la causa. Me gustó la fórmula de Gustavo, la causa, que es un origen pero no primordial sino retroactivo, me dejó pensando hondamente esa fórmula para tratar de esbozar algo Gustavo Dessal: Bien, lo dejamos aquí. |

