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TARDES DE LA BIBLIOTECA
"Nuevas formas en el trabajo: efectos sobre la subjetividad".
La imposible apropiación del capital humano
1- De la ética del trabajo a la libertad de consumo
Z.Bauman en su libro Libertad ( Un texto de 1988, pero publicado hace tres meses en castellano y donde analiza la libertad especialmente relación con lo social, mas que en su tradición filosófica), he encontrado una referencia a Freud de la que me gustaría partir hoy. En este libro, Bauman después de plantear que la libertad se ha convertido en libertad de consumo, un principio universalmente preferido pero también un medio efectivo de alto control social por parte del capital, concluye que la libertad de consumo ocupa hoy en día el lugar que antes ocupaba el trabajo. El valor del trabajo no puede competir ahora con la autonomía personal, la autoestima, la felicidad familiar, el ocio, los goces del consumo y posesiones materiales como condiciones de satisfacción y felicidad individual. La libertad de consumo ha tomado el lugar que antes ocupaba la ética del trabajo. En este punto la referencia a Freud que me interesa destacar es la siguiente:
"La vida bajo la autoridad de la ética del trabajo fue descrita una vez por Sigmund Freud como "la tragedia del principio del placer: truncado, aplastado y suprimido por el principio de realidad. El innato "principio del placer" guiaba la acción humana hacia una satisfacción sensual; este principio sin duda habría hecho la vida social imposible si no se hubieran impuesto restricciones externas. Gracias a la amenaza de coerción, se llega a un compromiso incomodo y tenso entre el p.placer y la dura realidad de las reglas sociales. Esa opresión que acompaño al trabajo durante una parte considerable de la historia capitalista fue generalizada por Freud como una característica inevitable de toda civilización. Para Freud(Porvenir de una ilusión) los hombres no son espontáneamente afectos al trabajo y los argumentos de nada sirven contra su pasiones y por tanto éste concluye que debido a la necesidad social del trabajo a la gente siempre se la debe obligar a cumpla las normas de las "regulaciones civilizadas".
Para Bauman, esta combinación de trabajo y coerción es ciertamente una necesidad social, pero relacionada con un tipo especifico de sistema social. "Actualmente el reemplazo del trabajo por la libertad de consumo como eje alrededor del cual gira el mundo vital bien puede cambiar radicalmente la relación hasta ahora antagónica entre el principio del placer y el principio de realidad.
Lejos de suprimir el impulso humano hacia el placer, el sistema capitalista en su fase de consumo, lo despliega para su propia perpetuación…el capital da ahora rienda suelta al principio del placer, la conquista de la producción sigue siendo segura porque se ha encontrado una salida segura para el impulso potencialmente problemático hacia el placer.
Para el consumidor, la realidad no es ahora enemiga del placer. El momento trágico ha sido eliminado del insaciable impulso al goce. ..Para el sistema de consumo un consumidor feliz de gastar es una necesidad; para el consumidor individual gastar es un deber, tal vez el mas importante de los deberes"
Tiene razón Bauman cuando dice que "esa combinación de coerción y trabajo, que suponía un momento trágico para el principio del placer según Freud y que daba cuenta del malestar de la cultura, era valido para su época", es decir la época del capitalismo industrial. Es verdad, el mundo de hoy es más lacaniano que freudiano. Y tiene también razón cuando sugiere que "el eje alrededor del cual gira el mundo vital de los sujetos bien puede cambiar la relación hasta ahora antagónica entre el principio del placer y el principio de realidad". La metapsicología freudiana es sin duda más complicada que la simple oposición entre p.placer y p.realidad. La instancia psíquica que Freud acuñó y que se encarga de la coerción es el super-yo, y no se puede pensar esta instancia sin su articulación al mas allá del principio del placer. Pero es verdad, que no es lo mismo imponer la renuncia al goce que ordenar gozar. Es un problema de largo alcance en el trabajamos desde hace varios años las escuelas de la orientación lacaniana, ya que el imperativo de gozar genera, como reza un libro de reciente publicación(1), nuevos síntomas, nuevas angustias, nuevos malestares. Dice J.A.Miller en una de sus conferencias milanesas(2) que el psicoanálisis ante tantas novedades no puede seguir siendo el mismo. Intenta avanzar en el campo institucional y social y se prepara también para una mutación en sus formas que le permita seguir existiendo al tiempo que mantiene "su verdad eterna y su real transhistorico". Entonces estamos de acuerdo con Bauman cuando afirma que quizás el más importante de todos los deberes que tienen actualmente los sujetos en tanto consumidores sea el gastar-gozar. Es muy sugerente la idea "de que se ha eliminado el momento trágico para el insaciable impulso al goce". Estamos de acuerdo. Pero también es cierto que no son menos trágicas para los sujetos las consecuencias de este imperativo por excelencia de nuestra época.
2- De la privación al exceso
Hace dos años tuve la ocasión de hacer un abordaje sobre el tema del trabajo en el mundo contemporáneo para una jornadas de la AEN. Estuve muy motivada entonces por la lectura de los libros de R.Sennet(La corrosión del carácter y la cultura del nuevo capitalismo) y el libro de Z.Bauman(La modernidad líquida). De R.Sennet me interesó su indagación acerca de las consecuencias subjetivas del llamado capitalismo flexible y sus nuevas formas de organización del trabajo y su pregunta acerca de los valores y prácticas que pueden mantener vinculada a la gente cuando las instituciones en que vive se fragmentan y la propuesta de funcionamiento es la inestabilidad. Así mismo los análisis de Z.Bauman acerca de la fragilidad y de la debilidad de los vínculos sociales me resultaron muy sugerentes. Lo primero que reflejaron, en ese momento, estas lecturas fue la teoría de Lacan de los años 70 sobre los discursos.
Es sabido que Lacan pensó sus cuatro discursos para dar cuenta de las formas de lazo social y los modos en que se pone en juego en cada tipo de lazo el inconsciente. Llego a decir que uno de esos cuatro discursos, el discurso capitalista no cumplía la función de discurso, es decir la del lazo social, ya que no admite una imposibilidad estructural en su seno, que concebimos como de la imposibilidad de la relación sexual. Un concepto que constituye una de las primeras aproximaciones de Lacan a su propio concepto de real.
Según esta perspectiva no es lo mismo pensar el trabajo en el discurso del amo, en el discurso capitalista o en el discurso analítico. La lógica, el tipo de vinculo, la relación con el inconsciente que promovía el discurso de la era del capitalismo industrial o de la era fordista corresponde todavía a lo que llamamos discurso del amo, mientras que lo que llamamos postcapitalismo o postliberalismo o capitalismo flexible responde al discurso capitalista propiamente dicho en la teoría de Lacan. Al no admitir este real en su seno este discurso constituye, no una represión del inconsciente como el discurso del amo, sino un rechazo del inconsciente.
Los trabajos de R. Sennett y Z. Bauman se pueden leer como un extenso y enriquecedor desarrollo sobre la mutación del discurso del amo en el discurso capitalista. Ellos muestran muy bien como el trabajo tradicionalmente considerado un elemento estabilizador en la vida de la gente, es ahora por principio inestable. Como ha sido despojado de sus antiguos fundamentos éticos y políticos. El capitalismo industrial instituyó el valor del trabajo como un principio, como un Ideal cultural, "labor, omnia vincit", el trabajo todo lo vence. Las personas confiaban entonces en que con su trabajo progresarían, y se orientaban por un Ideal de renuncia a favor de un futuro mejor. Aquí se ve bien el Ideal de privación que gobernaba y regulaba el malestar de la cultura del que hablaba Freud cuyos desajustes venía a corregir el superyo cultural con su imperativo de renuncia a la satisfacción. Mientras el Ideal del yo tenía una función pacificadora con su promesa de recompensa en el futuro, el superyo cultural, con su exigencia de renuncia al goce, mostraba su ferocidad y se alimentaba de esta renuncia, pidiendo más y más privación. De Ahí, lo que Marx denominó "compulsión subjetiva" a trabajar(3). En la misma renuncia se encontraba un exceso, un goce.
¿Con que nos encontramos ahora? Encontramos por ejemplo ese yo ideal que le preocupa a Sennet, cuyas sus exigencias nos describe tan bién y que da forma a la figura por excelencia de hoy, el consumidor. No hay un trabajador idealizado sino un consumidor ideal. Al psicoanálisis no le preocupa tanto ese yo ideal, puesta que esta es sólo una de las instancias de la subjetividad, y sabe que es la más labil, la mas cambiante. Y su práctica no pretende ni mucho menos hacer ese yo mas fuerte. Al psicoanálisis le preocupa el sujeto del inconsciente, que éste tenga lugar. Pero hecha esa salvedad, esto no le resta ni mucho menos ningún valor a los trabajos de Sennet. Lo importante es que muestra que lo que orienta hoy a los sujetos no es un Ideal de privación ni la exigencia superyoica de renuncia al goce. Muy al contrario, la metamorfosis del discurso del amo en el discurso capitalista ha transformado el mandato superyoico en una exigencia de gozar: ¡Goza, ¡aquí y ahora¡ ¡todo es posible¡ o al menos eso parece. Todos los campos de la vida y la actividad humana han devenido consumibles. No solo los objetos, sino los vínculos humanos, las aspiraciones, las antiguas virtudes, la salud, la justicia, el amor. Todo puede ser transformado, metaforizado, en objeto de consumo, en plus de goce. Pero realmente, ¿gozan tanto los trabajadores-consumidores? El propio R.Sennet(4) advierte que el modelo identificatorio que el capital flexible propone a los trabajadores: un comportamiento ágil, apertura al cambio, asumir un riego tras otro y que dependan cada vez menos de los reglamentos y procedimientos formales, que el modelo empresario-emprendedor sea un ideal a alcanzar para los trabajadores y que su poder lo pueda alcanzar cualquiera, todo eso es una pura fantasía que hemos creído, una ficción. La realidad es que los trabajadores están atrapados por un nuevo tipo de rutina, con cada vez menos poder y con formas colectivas de asociación cada vez mas pobres.
Como correlato al malestar subjetivo en el trabajo aparecen y se multiplican las llamadas patologías laborales, el mobing, el acoso laboral, el stress etc. Éstos son términos que no inventó el psicoanálisis y que responden a la psicologización acelerada de la sociedad y al discurso del capital. Las empresas ponen a disposición sus psicólogos, sus gabinetes, para que los trabajadores puedan ser más competitivos. Se trata de una psicologización al servicio del capital. Pero, quizás lo más inquietante sea ver como el capital intenta adueñarse de la propia subjetividad. No es tanto la plus-valía lo que calcula ahora al capital y que ya tiene asegurada hace mucho tiempo, sino la propia subjetividad, reduciéndola al plus de goce.
3-La imposible apropiación del capital humano
¿Cómo funciona el inconsciente en el discurso del amo? En El banquete de los analistas J.A.Miller lo situa allí como trabajador, el inconsciente allí es el esclavo que trabaja sin parar. Pero su sujeto, el sujeto del inconsciente en ese discurso está en el lugar de la pereza, ignora la causa del deseo, ignora la causa de ese trabajo. La operación que produce el discurso analítico sobre el discurso del amo es justamente situar al sujeto del inconsciente en el lugar el trabajo y comandado, no ya por el Ideal sino por la causa de su deseo. Incluso Lacan (años 70) cuando funda su escuela la piensa compuesta fundamentalmente por "trabajadores decididos", y si la transferencia es el motor de la cura, el motor de su escuela es la transferencia de trabajo en relación con la causa analítica. Así es que el discurso analítico mantiene una confianza esencial respecto al trabajo.
Ahora bien esta es la clase de trabajo, cada vez más raro, que no sabemos si va a desaparecer. Es un trabajo asociado a una causa colectiva y al mismo subjetiva. No esta despojado ni de su ética ni de su política, pero que si está por fuera de las condiciones del trabajo asalariado. Sin embargo me parece interesante plantearlo porque por lo que he podido ver en otros autores, estos trabajos militantes, están también en el corazón de los debates. Todas las conquistas de los trabajadores, sus asambleas, sus luchas, se consiguieron porque también porque estaban dispuestos a poner "algo de mas", por fuera de su tiempo asalariado. Un trabajo, si se quiere "a pura perdida", que contrasta la exigencia de "rentabilidad" que planea hoy sobre los estilos de vida. Es común, por ejemplo que un paciente que nos consulta diga que viene para mejorar su calidad de vida, que piensa que es bueno invertir en su persona, que eso hará su vida más rentable. Responde así al modelo identificatorio del empresario-emprendedor, pero no solo de su negocio o trabajo, sino de si mismo, y no es difícil prever que el analista decepcionará esa demanda de rentabilidad, y si es posible, propondrá un cambio de orientación ante semejantes expectativas.
Me parece importante terminar, por hoy, con un poco de radicalidad. He encontrado en André Gorz, a un autor con una perspectiva realista, en el sentido del "realismo psicoanalítico", aunque algunos de sus planteamientos en el campo del trabajo, como el de la renta básica, sean considerados muchas veces utópicos. Dice en una entrevista (5) que el valor del trabajo va desaparecer y que eso es bueno. No se refiere al trabajo que esta al servicio de la vida y del deseo, que dice que siempre existirá. Se refiere al trabajo asalariado como base principal para construir la propia vida, una identidad social, un futuro personal. Dice que "tomar conciencia de esto tiene un alcance subversivo". Plantea que si a la gente se le dice que su trabajo es la base de la vida, el fundamento de la sociedad, el principio de la cohesión social, que no hay mas sociedad posible que esa, la gente se vuelve psicológicamente, políticamente y socialmente dependiente y tratara de conseguir uno de esos empleos cada vez menos frecuentes y que no va a haber.
Su propuesta es primero un cambio de orientación: "habría que pensar como nosotros, la población, los trabajadores virtualmente desocupados o precarios podemos apoderarnos del proceso y volverlo a nuestro favor en vez de dejar que se desarrolle a favor del crecimiento fantástico de la potencia del capital sobre la vida de todos".
Después nos explica que La naturaleza del capital cambió profundamente, hasta tal punto que la ideología empresarial explica que el capital fijo determinante es el capital humano. Y aquí señala algo que tiene gran interés, a mi modo de ver, en relación a nuestra orientación a lo real. Dice:
Ese capital saber no tiene propiedad privada posible…Cuando el saber y el conocimiento, y la capacidad de juicio, la capacidad de reacción ante lo imprevisto, de autoorganización, se convierten en la principal fuerza productiva y la principal forma de capital fijo, se abre una brecha en los dispositivos de poder del capital. Pero en la medida que la propiedad privada de este capital humano es algo manifiestamente imposible, la propiedad privada capitalista tiende a convertirse en algo esencialmente problemático. No pudiendo apropiarse y monopolizar el saber, el Capital ejerce su poder mediante la división, la trasmisión, la homologación, la evaluación y la subdivisión de los saberes. El poder del capital deja de ser un poder frontal de coacción como el pasado, y pasa a ejercerse a través de un encuadramiento de la persona en su totalidad.
Encontramos, como decía mas arriba, un realismo psicoanalítico (6) en el planteamiento de A.Gorz. Es como si nos dijera: si, el capital ha conseguido un crecimiento fantástico a costa de nuestro plus de goce. Pero es un crecimiento fantasmatico, es una ficción que también fracasa, miren sus síntomas. Miren, el capital tiene un real que es la imposible apropiación del plus de goce. No se puede volver al pasado donde el trabajo era la fuente y orientación de nuestra vida. Eso no volverá. Este es nuestro presente. Hay que hacer con lo que hay, incluso con la inestabilidad, inventar nuevas formas, buscar y entender nuestras identidades de otra manera. Para hacer frente a las nuevas servidumbres del capital hay que adoptar un nuevo realismo, reconocer lo imposible, no solo para el capital sino también para los que creen que es posible todo lo éste que promete, para los que creen que se puede suprimir lo real.
Marisa Álvarez
Referencias Bibliográficas
1- Nuevos Síntomas, nuevas angustias. EOL, Grama ediciones. Bs Aires 2005
2- Miller, J.-A. "Improvisación sobre Rerum Novarum", revista Lacaniana de psicoanálisis, nº2, Bs Aires, 2004.
3- Alemán, J. La experiencia del fin. Miguel Gómez ediciones, Málaga 1996.
4- La flexibilidad laboral. Entrevista a R.Sennet. Rv Archipiélago nº48. Editorial Archipiélago, Madrid, septiembre 2001.
5- Gorz, A. Entrevista en Atroposmoderno.com. Tambíén habla sobre el tema en otra entrevista publicada en Archipiélago nº48, editorial Archipiélago, Madrid septiembre 2001
6- Garmendia, J. El realismo psicoanalítico. La Integración del psicoanálisis en la sociedad de nuestro tiempo. Asociación Española de Neuropsiquiatria, Estudios. Rosa Gómez y Enrique Rivas (Editores). Madrid 2007.
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