Sonia Arribas
 

 

"GENEALOGÍA DE LOS ESTUDIOS COGNITIVOS(*)"

 

Como sabéis, la publicación del Libro negro del psicoanálisis en el 2004 en Francia causó un revuelo enorme en tanto que avanzaba una serie de críticas feroces al psicoanálisis, a su método, su práctica, en definitiva, a su eficacia, desde la perspectiva del cognitivismo psicológico.
Lo que quisiera presentar hoy, de una manera breve y como un primer abordaje, sería algunos materiales que podrían contribuir a un “Libro negro del cognitivismo o de la ciencia cognitiva”, y que están pensados desde una perspectiva psicoanalítica, o más precisamente, lacaniana.
Para este primer abordaje, me voy a centrar en las dos direcciones/orientaciones muy diferentes, incluso diametralmente opuestas, que toman dos conceptos con nombres casi idénticos:
1. el concepto de “representación mental”, uno de los presupuestos teóricos fundamentales de la ciencia cognitiva, en áreas tan aparentemente diversas como la psicología cognitiva, la economía, la teoría computacional de la mente, la inteligencia artificial y la filosofía analítica.
2. el concepto Vorstellungsrepräsentanz, tal y como fue desarrollado por Freud, el cual fue traducido al castellano (Ballesteros) en tanto que representación psíquica, pero que posteriormente Lacan vertió al francés en tanto que representante de la representación o representante representativo.
Quisiera anticipar lo que voy a tratar de mostrar: que el concepto cognitivo de la representación mental deriva su presuposición y autoafirmación de cientificidad del aspecto peor y más insostenible de la filosofía cartesiana, es decir, la distinción que Descartes estableció entre la sustancia pensante (res cogitans) y la sustancia física o material (res extensa). O en los términos contemporáneos, la epresentación mental o mente contenedora de representaciones mentales, por un lado, y el mundo físico, por otro.
Lo que voy a tratar de mostrar es que como la ciencia cognitiva maneja el concepto de representación mental, lo que trata continuamente es de superar la incoherencia y la no sostenibilidad de la distinción cartesiana entre la sustancia pensante y la sustancia física mediante soluciones precarias que siempre dejan sin resolver el problema que se proponen y que la fuerzan, por consiguiente, a buscar y aceptar otras soluciones, también precarias, en un proceso imparable, sin límites, de continua naturalización o normativización del status quo. 
La filosofía inmediatamente posterior a Descartes, la denominada teoría del conocimiento de los siglos XVII y XVIII, elaboró distintos giros o variaciones para poder resolver la cuestión abierta por Descartes (Hume, Locke, Berkeley, etc.).  Pero el Idealismo Alemán se quitó de encima el problema descartando el planteamiento cartesiano de fondo, el de la representación mental… Sin embargo, la ciencia cognitiva de hoy se mantiene en un nivel pre-crítico, y sigue con los mismos planteamientos de antaño, aunque los exponga con su propia terminología (que, por cierto, es más que farragosa). Pero no es más que vino viejo en odres nuevos.
Por el contrario, la articulación lacaniana del concepto freudiano de la Vorstellungsrepräsentanz (el cual, por cierto, sigue siendo algo incoherente en Freud, en la medida en que trata de explicar la relación que supone entre lo somático y lo psíquico), nos permite conseguir dos cosas, que son las que voy a tratar de hacer ahora (1) articular una definición coherente de la ciencia, pero en este caso a partir de, ahora sí, el aspecto más valioso en Descartes, esto es, el que Descartes introdujera un corte inaugurando y constituyendo con él la ciencia moderna: la exclusión de la función de sujeto de la relación estricta entre S1 y S2 (Seminario XVII), (2) marcar los límites sociales de la ciencia, principalmente, el que la ciencia no debe decir nada ni sobre el sujeto, ni sobre el vínculo social.
Esto es, la articulación lacaniana del Vorstellungsrepräsentanz nos permite definir cuál sería la ciencia buena que se ajusta a sus límites, de la ciencia conformista (ideología) que se sobrepasa.
En Freud el concepto de Vorstellungsrepräsentanz es muy ambiguo, porque se establece como un concepto liminal entre lo somático y lo psíquico. La pulsión es somática por tanto escapa a la operación psíquica de represión en el inconsciente. La represión afecta a los representantes “psíquicos” de la pulsión, a los representantes representativos. Se establece una ambigüedad en la medida en que Freud está tratando de resolver el problema desde parámetros cartesianos, es decir como dualismo entre lo psíquico y lo somático. (1)
Antes de pasar a Lacan, quien lo que hace es explosionar desde dentro el marco cartesiano, voy a concentrarme en una serie de prácticas propias a la ciencia cognitiva en la actualidad. En un departamento típico de ciencia cognitiva (en la universidad) investigan, por ejemplo, el comportamiento, la percepción, la atención, inteligencia y las emociones de los seres humanos. Hay economistas, biólogos, neurobiólogos, filósofos de la mente, científicos de inteligencia artificial, psicólogos, etc.  Como un paso más allá del conductismo, lo que la ciencia cognitiva maneja es la idea de que los seres humanos tienen representaciones mentales: su definición es la un estado cognitivo o proceso constituido por datos de información estructurada. Toda esta información es reducible a una simbolización por algoritmos entre los cuales se dan reglas de inferencia.  (Y se han elaborado lógicas de distinto grado, desde la más primitiva lógica formal proposicional, hasta las lógicas borrosas de última generación). 
Pero hay más, y aquí comienza el problema al que quisiera apuntar: la representación mental tiene una “intencionalidad” (algo que la ciencia cognitiva toma de la fenomenología) en la medida en que se refiere a cosas, a algo que no es la representación mental. La intencionalidad puede ser un deseo, una creencia, una expectativa, estado mental cualquiera. Y, esto es lo crucial, se puede evaluar con respecto a propiedades como la verdad, la consistencia, la corrección, la adecuación, etc. (Por ejemplo, si digo “quiero volar”, dependiendo del contexto, puede ser correcto o incorrecto). Lo que se trata es de algoritmizar lo que sucede.
Los algoritmos son lo propio de la ciencia, de la inteligencia artificial también, aunque no sólo en referencia a seres humanos. Para que una lavadora se autorregule el agua que consume, tiene que poder reconocer si el cajón del detergente está lleno o vacío, y eso se consigue mediante mecanismos de algorización, juegos de significantes en los que no hay ninguna función de sujeto. Todos los avances en ciencia física, biología, química, tecnología de los materiales, etc. no son más que juegos de significantes, algoritmos, fórmulas, mediante los que se articulan las leyes de la física, microfísica, etc. Éste sería el aspecto positivo de la ciencia inaugurado por Descartes.
Pero volvamos a la ciencia cognitiva. En el mecanismo de la evaluación de la representación mental se están dando dos movimientos simultáneamente, y hay que poder diferenciarlos bien. Voy a poner un ejemplo de la ciencia cognititiva más dura. Supongamos un departamento de neuroeconomía (como el que hay en el MIT de EEUU) en el que están averiguando qué neurotransmisor o qué hormona se activa cuando uno va a invertir en bolsa. El primer momento es el puramente científico por el cual se utilizan imágenes de resonancia magnética del cerebro que pueden traducirse a algoritmos. Esto es posible, y no hay que escandalizarse. No se trata más que de aislar o excluir la función de sujeto y de operar con los significantes, algorizándolos.  Como decía, la imagen que aparece en pantalla es digital, por tanto, perfectamente traducible a algoritmos.
Pero hay algo más: se está manejando la idea de que el algoritmo o conjunto de algoritmos resultantes es una representación mental: “quiero invertir, estoy excitado” (y aquí se puede incluir incluso “qualia” inconscientes), al que se le busca un contenido para poder darle un valor “correcto, incorrecto”…  Esta evaluación es una práctica simultánea a la otra práctica de la algoritmización. Este segundo aspecto es el que los cognitivistas llaman “heurísticos” o “heurísticos sociales”. La información, el contenido que da el valor al algoritmo se obtiene del aislamiento de este significante-valor del discurso social en el que surgió: el mercado, la bolsa… Como los algoritmos en tanto que significantes no tienen en sí ningún significado, lo que se busca es su correspondencia con un supuesto contenido que otorgue a la representación mental el valor correspondiente.
De manera que, por un lado están los algoritmos, que no son más que juegos infinitos de significante, sin contenido; por otro, el valor que proporciona el supuesto contenido (que se saca del mundo social y sólo de ahí y, puesto que vivimos en tiempos de neoliberalismo se saca de un entorno neoliberal), pero sin percatarse de en qué consiste ese valor. El cognitivista opera con la ilusión de que ese valor que ha sacado de su laboratorio, de la pantalla del ordenador, es algo que pertenece a la realidad física, que por tanto ya ha tocado la materia, que ya la tiene entre sus manos. Pero lo que ha hecho no es más que obtener otro significante, que además ha extraído artificialmente de un discurso, el del mercado, la bolsa, el consumo, etc. Un valor no es más que un significante, y el cognitivista no se aproxima a su realidad más que por medio de significantes. Obviamente, con toda la parafernalia del laboratorio y la tecnología que emplean, el cognitivista cree que ya ha encontrado ese significado, a ese contenido que buscaba, a ese significado último y más fundamental. Cae en la ilusión del metalenguaje, pero en realidad no ha producido nada más que significantes sin sentido.  Cuantos más datos se obtienen sobre el cerebro, en contextos múltiples (hay ciencia cognitiva de la economía, pero también ciencia cognitiva de las culturas, es decir, averiguar el funcionamiento del cerebro asiático, o de las mujeres trabajadoras asiáticas, a diferencia del europeo) lo que se está haciendo es digitalizar y obtener esos datos que se buscaban, pero lo único que se logra, en efecto, es un proceso infinito de tautologías… “Neurotrasmisor X”= “Feliz”…. No son más que juegos infinitos del significante… Pero el efecto que tienen es el de normativizar y naturalizar el discurso social del que salieron.
Por lo tanto, como decía,  en la ciencia cognitiva se dan los dos momentos: el científico y el ideológico, y ambos se dan simultáneamente: está el momento científico de algoritmización mediante la exclusión del sujeto, pero también el momento ideológico por el que, mediante la ilusión del metalenguaje, también se excluye al sujeto, se busca en el entorno social el valor correspondiente, se crea el algoritmo que se fija a la representación mental, y se cree que el valor es la materia dura que andaban buscando, no un mero significante, sacado de un discurso social. Este sería el momento ideológico (que no aparece, por ejemplo, entre los científicos que están estudiando las leyes del universo, puesto que el universo no habla).
Lacan y el Vorstellungsrepräsentanz: en ningún caso representación mental de un estado físico, que es el problema de la teoría del conocimiento y de la ciencia cognitiva, sino dos significantes en tanto que el primero representa al sujeto para el segundo en tanto que batería de significantes. Un sujeto en afanisis, dividido: en tanto que aparece representado por uno, pero nunca totalmente. Lo que queda reprimido es el significante binario como tal (Seminario 11). En el Seminario 8 la Vorstellungsrepräsentanz tiene que ver con el objeto perdido y vuelto a encontrar en tanto que el sujeto nunca es totalmente representado, la repetición… Y de ahí asimismo la idea del discurso del Otro, el que el sujeto sólo se representa y siempre insuficientemente en tanto que en el campo del Otro, el mensaje invertido, o la idea de que la dimensión de la verdad es afirmada en cuanto que el significante se usa para mentir…Y, por supuesto, el reconocimiento del lenguaje en tanto que discurso o vínculo social.
Si quisiéramos rastrear un Lacan que aunque no menciona como tal a la ciencia cognitiva, en efecto sí se dirige contra ella, yo diría que no hay Lacan que no hable de ella o de sus precursores (como el positivismo) y que no la esté criticando continuamente por sus inconsistencias, aunque sea indirectamente. Desde sus primeros escritos y hasta el final Lacan está reelaborando de mil maneras la pulsión freudiana para quitarle el lastre biologicista y el cartesianismo de fondo –esto no es sino criticar el modelo de la representación en tanto que representación mental. Hay numerosos lugares donde directamente aborda la problemática de la ciencia, en el Seminario 2, cuando habla sobre cibernética; en el 17, por supuesto, en el 19, su interés por los números y la lógica...  El número 0, sin ir más lejos, ya contiene en sí toda la problemática que estamos aquí abordando, el de la Vorstellungsrepräsentanz.
Cuando hoy se dice que los peces pueden contar hasta cuatro, porque cuando un pez en el agua tiene en frente un grupo de cuatro peces, entonces y sólo entonces, no cuando hay tres, se suma a ellos; habría que responder que lo que los peces captan instintivamente es que un grupo mayor de peces ocupa más que uno menor. Pero en tanto que no hablan, no tienen ni idea de lo que es el número 0 -y por lo tanto no saben contar..  Tal vez los científicos serios, aquéllos que trabajan en los límites estrictos de la ciencia, y que además al hacerlo los muestran (como el teorema de la incompletud de Gödel) (2), podrían ayudar al psicoanálisis en su redacción del libro negro de la ciencia cognitiva.

Notas
(1) “Si consideramos la vida anímica desde el punto de vista biológico, se nos muestra el “instinto” como un concepto límite entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático” (Los instintos y sus destinos, vol. 6, p. 2041)
(2) En cualquier formalización consistente de las matemáticas que sea lo bastante fuerte para definir el concepto de números naturales, se puede construir una afirmación que ni se puede demostrar ni se puede refutar dentro de ese sistema (y sí, desde fuera).

Sonia Arribas (*) Intervención realizada dentro del Espacio Seminario de la Escuela, El estado actual de la civilización, Sobre el cognitivismo, del  13 de marzo de 2008.