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Presentación de Libros
"SCILICET: LOS OBJETOS a EN LA EXPERIENCIA ANALITICA"
Agradezco la invitación de la Biblioteca del Campo Freudiano de Madrid, la ocasión de presentar el esfuerzo colectivo, transoceánico y transgeográfico , de tantos psicoanalista que han contribuido a este trabajo de Escuela, y que se resume en el impecable texto de Los objetos a en la experiencia analítica, y abre al tema al que J. A. Miller nos convoca para un VI Congreso Mundial de Psicoanálisis a realizarse en Buenos Aires, del 21 al 25 de abril de 2008.
Esta reunión de trabajo, multitudinaria, convocada desde la perspectiva de la invención lacaniana del objeto a, es la señal que indica el largo camino recorrido desde ese tiempo inaugural del brillo restaurado por Lacan al significante, hasta el inédito encuentro con lo que se ha llamado la orientación hacia lo real. Estamos ahí. Un nuevo momento de concluir que no será sin consecuencias. Sobre la pràctica clínica, sobre los finales de análisis, sobre el saber mismo a producirse. La Orientación Lacaniana toma su lugar como discurso que lo distingue de toda concepción psicológica, cientista del sujeto y define rigurosamente la función que toma la causa en la estructuración del síntoma, en la modalidad del goce.
Tuvimos en la historia del psicoanálisis la experiencia del inconsciente y el goce del desciframiento que comporta. Procediendo al modo de Freud en el momento de su descubrimiento, siguiendo la indicación freudiana de la Durcharbeitung de las formaciones del inconsciente, llevamos la experiencia atravesada por la enseñanza de Lacan, hasta la emergencia de lo indecible que se aloja entre lo que se dice, auténtico sustrato de aquello de lo que se goza. El progreso del discurso del psicoanálisis, no es concebible sin esa decisión de llevar hasta su final lógico a la experiencia analítica, de que la surge un analista.
Qué encontramos en este volumen preparatorio? De entrada: satisfacción y una buena señal.
La satisfacción de un discurso que da pruebas de la clínica en la que se funda y hace de esta experiencia la articulación de un saber, de un dogma que nos orienta en la época actual de las nuevas formas del síntoma.
También es una buena señal: frente al avance de las formulas diferentes de la tecnociencia para tratar el malestar contemporáneo, la respuesta en acto de una multitud de psicoanalistas que ofrecen una vía, una oportunidad al ser hablante para tratar el real que lo angustia, lo mortifica o lo envía a lo peor.
El tratamiento de cada título, no es posible de apartar del punto central al que se convoca: se entre por donde se entre, se produce un efecto de precipitación donde la diversidad de la enunciación destila su marca singular y el corpus de la teoría, se hace presente en su robustez y fecundidad. Alcanza y reordena, de ese modo, la diversidad de la episteme que constituyó la historia misma del psicoanálisis.
La advertencia de Lacan en "La Tercera": es a lo real a lo que el psicoanálisis debe hacer frente, no ha sido desatendida.
Las piezas separadas que componen este texto, despliegan en su trama, una lógica y un saber congruentes con la naturaleza del objeto que se aborda. Es en ello que el saber que allí se articula, entra en resonancia con esa lógica con la que Lacan al final definió el objeto a: guardan un vacío central, constituyen un saber que difiere del saber universal.
Resulta un discurso que procede , es solidario y efecto mismo de la experiencia analítica, del cual es su producto. Es por tanto, un discurso que entrega un saber que se extrae del cruce entre el corpus de la teoría y la experiencia del inconsciente donde el desciframiento toca con lo real, imposible , indecible a condición de hallar la alusión que lo haga posible.
Es justamente en ello que la invención del objeto a, sin representación, no especularizable, objeto solo concebible como estructura topológica y de consistencia lógica, va a ser definido como el soporte, el auténtico sustrato de toda función de causa.
Philipe Stasse nos enseña en la clínica de la psicosis de un niño de 10 años, cómo a falta de la separtición, del corte entre el órgano y el cuerpo, el espacio sonoro y visual se contamina de un exceso de real que el significante no atempera. A falta de esta esquizia entre el ojo y la mirada, que sólo puede surgir de la visión recortada del ojo, separada del cuerpo, a falta de esta esquizia entre la oreja y la voz, el pequeño de quien nos habla P. Stasse, trata de domesticar este exceso de real con su trabajo de construcción y su interés por la espacialidad en la repetición insistente, de introducir un corte, un vacío, allí donde todo lo simbólico es real.
Enseñanza ejemplar que no es sin el marco del discurso del psicoanálisis que escribe desde qué posición un psicoanalista debe operar.
Para concluir. Alegrémonos: este nuevo encuentro entre analistas promovido por el trabajo y la transferencia hacia la Escuela Una, en su diversidad múltiple, hace posible que el psicoanálisis como discurso continue …aún.
Muchas gracias.
Mónica Unterberger
Madrid, 6 de abril de 2008
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