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Espacio Madrileño de psicoanálisis con Niños
"El objeto escópico y vocal en el Seminario X, La Angustia"
Siguiendo con la investigación del espacio El niño contemporáneo: cuerpo y lazo se abordaran en sucesivas reuniones la conceptualización de los dos objetos lacanianos: mirada y voz.
En un primer momento, contamos con la intervención teórica, a cargo de M.Unterberger con el título: El objeto escópico y vocal en el Seminario X, La Angustia y con posterioridad en la siguiente reunión tuvo lugar una presentación clínica a cargo de V. Coccoz bajo el título de Construcción de un sinthome en un llamado asperger. Un caso de un chico de dieciséis años que ilustra el trabajo del sujeto, verdadero bricoleur, que sin el apoyo estructural del Nombre del padre, consigue un tratamiento original de la voz y la mirada
El objeto escópico y vocal en el Seminario X, La Angustia.
En el seminario La Angustia, Lacan elabora la estructura de la causalidad del objeto: nos dirá que el verdadero objeto del que se trata en el escena del deseo, no está delante, como lo estructuraba antes de este seminario y vinculado a ese objeto-meta que se ejemplifica con el vinculo amoroso, sino que está detrás. Este objeto causa del deseo, entra en escena con la angustia y eso es de gran importancia puesto que nos presenta dos caras de la angustia, vinculadas a su función, distinta en cada una de esas caras. También es aquí donde se restituyen los objetos parciales oral, anal, fálico a su lugar de causa y extraídos de sus raíces corporales. Y se añaden los dos objetos, el escópico y el vocal a la lista inaugurada por Freud ya desde los Tres ensayos para una teoría sexual.
La prevalencia dada a la causalidad del objeto, lo que se traducirá en adelante como la objetalidad del ser hablante, en lugar de la objetividad, mengua un poco la primacía otorgada al deseo como motor de las formaciones inconscientes, si puedo decirlo así. Esta indagación a partir del objeto pequeño a, presenta al deseo en una vertiente un tanto ilusoria, en la medida que el objeto fascinante sobre el que recae el equivoco, es engañoso. Es decir, que aquello que da la condición del deseo, el verdadero objeto del que se trata, le es desconocido, es distinto de aquel al que apunta.
Tenemos entonces dos estatutos del objeto: el objeto como causa, a, siempre desconocido y el "falso" objeto, el agalma, lo que fascina. Es decir, que el neurótico transforma el objeto fascinante, el objeto-meta en objeto causa. Lo transforma en algo visible, ubicable.
Esta visibilidad es lo que examina a fondo Lacan, por eso construye los objetos a, pasando de lo especularizable a lo no especularizable. Es decir, estos no pueden captarse en el campo escópico, escapan al campo visual. Pero a la vez, es en ese campo visual bajo la forma de las apariciones, bajo la irrupción, como eso aparece. Entonces, en la construcción del objeto a, lo elabora a éste como no simbolizable, como lo que resiste a toda significación y a la vez, es lo que resulta de una estrecha dependencia del Otro, del significante. Es lo que justamente escribe su cociente del sujeto: relación entre el sujeto mitico y el lugar del Otro, cociente entre el goce primordial y el lugar del significante y cuya operación deja un resto, el a, irreductible a toda simbolización, o especularización. Ese resto, es lo que va a entrar en juego en tanto causa del deseo. Si seguimos el grafo del cociente, el a, lo deja del lado del sujeto, y nos indica que es una transformación del goce mitico, en un recorte que hace del cuerpo, a partir de los bordes que lo constituyen, un cuerpo erógeno, un cuerpo de zonas parciales .
Para acercarnos a la complejidad de lo que examina y a donde desemboca Lacan en este seminario, recordemos el esquema optico o, mejor dicho, ese instrumento del que se vale.
Esta construcción tal como nos la enseña Lacan, en el inicio, nos muestra aquello que va a constituir el estadio formador del yo(moi) a partir de la unidad que ofrece la alienación a la imagen - i(a)- que encuentra en el espacio virtual, en el campo de lo visual. Forma que aloja, envuelve las múltiples tendencias, impulsos, instintos que presionan del lado de lo viviente.
Es el jarrón como forma que envuelve el ramillete real que figura la dehiscencia primordial, la naturaleza desgarrada que la sostiene, que suponemos en el sujeto aún no constituido.
Dimensión imaginaria fundamental bajo la que nace el yo, alienado a esa unidad que la imagen le presta. Júbilo inicial bajo el que se transfiere la libido del organismo al cuerpo especular. Primer tiempo del goce, por tanto imaginario. Ejemplo del amor ligado a la unidad que brinda la imagen: i(a). Del amor que cubre, vela , envuelve, unifica y que en el fondo, es mediador porque desplaza sobre un objeto meta, fuera del sujeto, lo que es a situar como goce, del lado del sujeto y oculta que lo que causa el deseo es algo diferente a la imagen: es el objeto a.
Así Lacan nos indica que hay algo que no se especulariza. No todo pasa por la dimensión imaginaria. Por ej. el dolor, la insatisfacción, la experiencia de la falta, el placer, no son especularizables. Es del orden de una experiencia, más allá de la imagen.
Hay algo disarmónico, que no acepta acomodarse a lo que se define como lo imaginario, que es la experiencia misma de lo que no se deja acomodar. Es incluso lo que es el "index de un disfuncionamiento absoluto. Es una relación molesta del ser hablante con su propio cuerpo", según una puntuación reciente de JAMiller respecto a lo que aisla como goce.
Ese uso del esquema especular , en tanto puesta en obra del campo visual y su diálectica, es de lo que se sirve Lacan para destacar justamente aquello que va a interrogar : la aparición en lo imaginario, en el campo de lo visual, de una irrupción , una perturbación allí donde prevalece la unidad, la forma, la buena forma. Si con el amor tenemos el espejismo, espejismo que hace entrar lo imaginario en lo simbólico, imponiendo su armonía a la naturaleza desgarrada que lo sostiene, si esto es así para el amor, vía i(a), que nos dice la angustia?
La angustia es señal de la prevalencia de la desarmonía , cumple la función de indicar algo que es heterogéneo a la estructura de lo imaginario y que hace su aparición allí. Lacan la presenta esta disarmonía como el objeto angustiante.
Cada vez que hay exigencia pulsional, estimulación , intensificación de la libido sin ligar, en términos freudianos, eso se marca con un exceso y engendra angustia. Las dos vertientes, la del amor y la de la angustia son correlativas a dos tipos de objetos y que se inscriben en lados distintos. Del lado de la angustia, el objeto a, más real - es esa referencia en el seminario de "la angustia es señal de lo real"-, y en la del amor, la imagen especular, en tanto es formadora del yo y que inscribe la imagen del cuerpo, de su presencia. Del lado del amor, hace posible el acuerdo entre mi cuerpo, y el mundo de los objetos , establece lo que llamamos la realidad objetiva, que está modelada por esta i(a) especular. Es el modelo de los objetos normales, regulares.
Mientras que el a, como objeto angustiante , se demuestra en esas presencias que infringen las leyes de la fenomenología de la percepción. Esa es la paradoja: la experiencia de la angustia, aparece apoyada en lo que emerge como perturbaciones: lo que llama el objeto ansiógeno. Resulta que el objeto ansiogeno, lo no especularizable hace su aparición y es la angustia quien lo señala . Eso me hace captar porque una vez que situa el a, como ese punto real, irreductible que se inmiscuye en la armonía especular, uno se encuentra con dos cosas en el seminario: una, que inventa a partir de lo especular, lo no especularizable y lo llama objeto a. y dos, que procede con los instrumentos de la topología para elaborar ese objeto, nuevo, no orientable, sin exterior ni interior que no se puede invertir porque la parte superior está en continuidad con la inferior y, para figurarlo utiliza la banda de Moebius.
Sin embargo, no deja de estar presente el lugar del objeto, en el estadio del espejo. Porque? Porque uno de los esfuerzos para producir este objeto a, en el seminario, es el de diferenciar los dos estatutos del cuerpo: el cuerpo especular, como buena forma, como unidad, como todo y el cuerpo libidinal, extraído de ese "disfuncionamiento" , que viene a llamar como objeto a. Y también, como de fundamental importancia es que el campo de lo imaginario ya muestra, que si el objeto está en el exterior, es porque ha sido separado de mi .
Ahí se trata del cuerpo de las zonas erógenas, que no es el cuerpo visual, se trata como acentuará JA Miller, del cuerpo como organismo, captado fuera del espejo. Es el cuerpo de las zonas erógenas freudianas, es decir, zonas de borde, que están regidas por el principio de placer- displacer.
Los accidentes en esta operación , de envoltura , de unificación de lo desgarrado, nos lo enseña la psicosis: allí encontramos lo fallido de esa operación mediante el retorno en lo real, del cuerpo fragmentado.
Ejemplo de una esquizofrenia: ha perdido su gato, su coche, su madre y su hígado: un trozo de cuerpo, sin la envoltura del i(a) unificador , efecto propio del cuerpo imaginario.,
Lacan nos enseña a lo largo de este seminario que lo que no pasa por lo imaginario, ni es inscribible por lo simbólico responde a un estatuto distinto: es lo real.
Entonces, una cara de la angustia indica lo que es heterogéneo al campo de lo imaginario, y de lo simbólico, como afecto que no engaña. En tanto lo que no engaña, es "señal de lo real". Este aspecto lo encontramos en la clínica en esos sujetos, impedidos en la vida sexual, en la vida social. La angustia invade todo el campo del sujeto. Eso hay que tratarlo. Esta vinculada a ese objeto ansiogeno, vinculado al a, en tanto aparición .
Pero hay otra faz de la angustia , en tanto operador de la producción del objeto a. y aquí conviene recordar que Lacan es quien elabora que la función de la angustia, se pone en juego en un momento anterior a la cesión del objeto. El ejemplo del Hombre de los Lobos es ilustrativo de cómo hay un primer momento, donde encontramos la angustia, y sólo luego, se produce la cesión del objeto excremencial. Se trata de la famosa escena primordial reconstruida en el análisis, a partir del sueño de la ventana abierta y los lobos encaramados, mirándolo fijamente. Solo a partir de esta cesión, de esta separación, es que se constituye ese organo natural , en borde corporal, como lugar del objeto a. Esa cesión arranca al sujeto de la angustia, y como dice Lacan (pp.351 La Angustia), "el objeto a, ha precedido al sujeto, que tiene que constituirse en la confrontación significante".
De allí que los cinco objetos a, las cinco formas del a, están siempre centrados en torno a la función de la angustia y estrechamente ligados a las características de la constitución del sujeto en su relación al Otro . Dicho de otro modo, la angustia para Lacan se manifiesta sensiblemente relacionada con el deseo del Otro: está en juego qué objeto soy para el deseo del Otro y es ese no saber lo que me angustia del deseo del Otro.
Todos los demás afectos, son efectos de la relación del sujeto con el Otro, y resultan de esa diálectica. Por comprometer al Otro como lugar de los significantes, de lo simbólico, del lenguaje, será siempre mentiroso y de allí su relación con la verdad que , por participar de la estructura del lenguaje y de sus leyes, de lo simbólico, puede descifrarse.
Lo real de la angustia, lo que no engaña es de una estructura heterogenea a lo simbólico. Eso es lo que nombra como objeto pequeño a.
De lo que se trata de entrada, es de dar cuenta del paso del organismo al cuerpo libidinal. Un paso, es la vía imaginaria por la imagen del cuerpo como forma que ofrece la i(a). El otro camino, es el a, que hallará su función de soporte, de causa del deseo.
Si la vía imaginaria por la que se alcanza es forma armonica, cerrada, clausurada a partir de ese fuera que viene a envolver las exigencias pulsionales regidas solo por el principio de homeostasis de más o menos placer displacer y devie ne como cuerpo imaginario, efecto de esa alienación al campo visual, el cuerpo libidinal es más bien un cuerpo agujereado, de bordes , recortados por la fijación de la libido.
Freud explora esta diferencia de varios modos; como libido del yo y libido objetal; narcisismo vs. Autoerotismo.
Ahora bien: el cuerpo libidinal es una construcción que implica una separación entre organismo y cuerpo.
Lacan investiga este paso decisivo en la segunda parte o segundo movimiento del seminario La angustia, cuando acentua esos partes naturales del organismo , esos objetos naturales cuya lista hace y examina: seno, oído, ojos, falo, excremento, órganos y su elevación a cuerpo libidinal, como resto de la diálectica entre el sujeto y el Otro, y definido en su función en el campo del deseo. Es el objeto a, en tanto erógeno que va a tomar su función de causa.
A la boca como orificio que hace a la supervivencia del organismo, se le añade la satisfacción en términos de exigencia pulsional y el apaciguamiento que se obtiene en el rodeo de un objeto al que se liga esa satisfacción: el seno, el pezón, la madre. El ir y volver alrededor de ese objeto cava ese borde como un hueco, un vacío al que irán a alojarse todas los objetos equivalentes: desde el biberón hasta el beso y la serie configurada en los encuentros entre el goce y el campo del Otro.
Pero esta repetición, fija dos términos: l. como fijación de un goce, ligado a un objeto que lo causa. 2. Separación interna entre organismo y cuerpo, donde "el cuerpo, sus límites van más allá del organismo". Es lo que Lacan llamó "separtición": interna al sujeto mismo, cuestión que sólo es concebible con los instrumentos topólogicos que Lacan privilegia y con razón.
Esta operación es aplicable a todas las zonas erógenas, así llamadas por Freud, a las zonas de borde , a los agujeros corporales que pasan a ser bordes libidinales regidos por el principio del placer y condensadores de goce. Allí no se trata de la forma, no se conoce la forma de este cuerpo, se ignora su limite. En este seminario surge el cuerpo, el objeto separado del cuerpo e implicado en la constitución misma del sujeto del inconsciente. Se ve cómo Lacan concibe la génesis del objeto a, con el ejemplo del objeto oral: dónde empieza y termina lo que es del sujeto y lo que es del Otro? El objeto a, queda tanto del lado del sujeto como del lado del Otro: del lado del pezón, del lado de la madre. Es decir, lleva a cabo una conjunción entre ambos. Donde está el corte, la separación? El corte se produce entre la mama y el propio organismo materno. El niño y la mama, están juntos. Pero la mama está adherida implantada sobre la madre. Este objeto amboceptor , puede funcionar como objeto a, por ser algo de lo cual el niño está separado de un modo interno. Cuando se haya perdido como objeto de la succión, viene marcada por la separación: algo debe perder en su cuerpo.
Esta pérdida del objeto, el pezón, el excremento, pone el acento en las raíces corporales del objeto a y también en la equivalencia entre los objetos naturales y los artificiales: la imagen en la fotografía, la voz que puede registrarse y almacenarse. Todo lo que es del orden de la producción del objeto, se inscribe en la rúbrica de la separación. Como nos sugiere JAMiller, no importa tanto la tópica de este objeto a, sino aprehenderlo fundamentalmente separado.
Sólo más tarde, se convertirá en el objeto fantasmático con el cual obtendrá un plus de goce.
Estas diferentes formas del a, pueden enumerarse: la mirada, la voz.
Dicho de otro modo, la exigencia pulsional, la cantidad de excitación tan presente en Freud, la presión disarmonica que solicita su satisfacción, toma esos bordes, fija allí las marcas del exceso y de la pérdida: del más de goce y del menos de goce.
En Inhibición, síntoma angustia, Freud da una nueva dirección a la teoría de la angustia: esta viene a ser la señal de la presión pulsional, de las exigencias pulsionales. Como respuesta a esa presión en más, emerge la angustia que causa la represión de ese más pulsional para mantener la homeostasis subjetiva en un minimo de tensión.
Exigencia pulsional
Angustia
Represión
Aquí se trata de la angustia, en su vertiente productiva: produce un objeto separado, que da lugar a la pérdida de objeto, lo liga a un significante que permanece reprimido e inconsciente. y abre a la recuperación de un plus de goce, en tanto que a ese lugar., vacio, hueco, marcado por el exceso o por la perdida, irán a sustentarse los objetos equivalentes por los que es posible alcanzar ese plus.
El ejemplo del recuerdo infantil reconstruido por Freud del Hombre de los Lobos es ilustrativo de estos términos y sus efectos en esa escena primera, reconstruida como escena primaria.
Pero vayamos a esos dos objetos que añade a la lista de los objetos freudianos.
Cuando se ocupa del objeto escópico, lo hace partiendo del espejo , no del estadio del espejo, el de la experiencia narcisista de la i(a) del cuerpo en su totalidad, sino del espejo en la medida que el ojo es ya un espejo. Por eso va a decir que en cuanto hay el ojo y el espejo, se produce un despliegue infinito de imágenes y se organiza el espacio. Es en ese campo del Otro, donde debe aparecer por primera vez, si no el a, por lo menos su lugar. Es decir, que para Lacan el deseo se soporta en algo que es el objeto a, un lugar que debe estar producido para hacer pasar , de eso que es un vacío, al espejismo del objeto del deseo.
Se ve en este rodeo qué lógica sustenta esta concepción del objeto a, como real: su producción es anterior a toda subjetivación. Es la condición para poner en escena el deseo como ilusorio, como ese espejismo por el cual el sujeto cree alcanzar, en el exterior, el objeto de su deseo.
Que destaca en este piso del ojo? Lo que instituye de satisfactorio la forma especular, es decir que enmascara la posibilidad de la aparición de lo unheimlich. Es la función radical del espejismo la que está incluida desde el primer momento en el funcionamiento del ojo. Todo lo que concierne al fascinar y a la fascinación, tienen aquí su punto de apoyo en ese elemento esencial que comporta la mirada.
Enmascara lo que nos mira y es porque eso me mira por lo que me atrae tan paradójicamente. Ese punto del qué es lo que nos mira, es desplegado exhaustivamente en el seminario XI, donde ya no es la imagen cerrada, clausurada de lo especular de la que se trata, sino con lo que allí, se hace mancha. Esa mancha, muestra el lugar del a, real, no especular . He allí por lo que somos mirados y de qué modo la angustia emerge donde no puede ser recubierto por ninguna i(a) . Lo que mira es un imposible a ver, no especularizable y hace surgir la carencia misma que la constituye. Es ahí, en el seminario XI donde la mirada como objeto a, se desprende como separable del cuerpo y donde el ojo es cortado de la mirada. Es la complejidad que comporta este objeto, porque la estructura del campo visual implica a la vez la sustentación y la ocultación del objeto a.
Por eso dirá que el campo escópico es lo que más elude la angustia y la falta, por esa afinidad del campo de lo visual, a velar la falta. Y lo unheimlich, es ver aparecer bajo la forma satisfactoria de lo especular, al deseante, en tanto el deseo se engendra en la relación de S con A, y que el a, nace antes de esta captura que lo oculta. Por eso dirá que en el nivel escopico, sucede que el resto, a, angustiante es profundamente desconocido, donde se encuentra más enmascarado y por tanto el sujeto, está más protegido en cuanto a la angustia.
El recuerdo infantil del sueño repetido del H. de los Lobos puede ejemplificar este señuelo que resulta el i(a) y a la vez, como se muestra el objeto a, en tanto real, en la angustia que emerge confrontado a ese marco de la ventana abierta a través de la cual se ven a esos lobos encaramados que lo miran fijamente.
Dirá Lacan: es el a, en el piso escópico el que lo mira al sujeto. En esa reflexión de la imagen, el sujeto no es más que su catatonía, el niño pasmado ante lo que ve, paralizado por esa fascinación. Así, continua Lacan, aquello que en la escena lo mira, no es sino su propio cuerpo en la detención así transformado en árbol. Aquí, nos guía Lacan, se trata del goce, este goce imposible de ser situado por el sujeto, por inasimilable y por inarticulable, por eso está presentificado bajo esa forma erecta. Es decir, el sujeto ya no es más que erección.
Incluso continuando la lectura de Lacan, nos dice que hay un elemento que seguirá siendo hasta el final, el único que no es integrado por el sujeto. Este elemento es la respuesta del sujeto a la escena traumática mediante una defecación. Cuestión que habíamos señalado como la respuesta a lo que nos enseña la angustia como productiva., es decir, respondiendo a la hipótesis estructurante de la génesis del a: que nace en otra parte que lo imaginario y antes de esa captura especular que la oculta. Con lo cual, una vez más afirma esa estrecha vinculación entre ese paso desde el goce al deseo por el operador de la angustia - como mediana- y el lugar del amor, como mediador por la vía del i(a).
Para introducir el objeto vocal, Lacan nos trae los monologos infantiles en esos juegos con las pocas palabras de las que dispone , que suceden antes de dormirse y que son interrumpidos si hay presencia de un tercero y que fueron recogidas en una cinta grabada. Es un ejemplo que indica lo original de este objeto a, respecto a las otras formas del a: una relación con el lenguaje como un goce previo y distinto a la captura escópica y al deseo. Y un ejemplo de cómo se incorpora la voz.
Lacan nos dice que si bien el lenguaje no es vocalización - por ejemplo, los sordos-, y partiendo de que todo lo que recibe el infantil sujeto del lenguaje lo recibe del Otro, sin embargo hay algo que liga el lenguaje a una sonoridad. Investiga el funcionamiento del oído.
Su repaso lo lleva a destacar que hay algo en la forma orgánica del oído que empuja a acercarlo con la forma más elemental creada y creadora de un vacio (pp.297): hay un vacío en el corazón del tubo acústico. Pero esto lo dice para afirmar que la voz no resuena en ningún vacío espacial.
Lo que plantea es que con respecto a la voz, resuena en un vacío que es el vacío del Otro. Hay una condición para que advenga la voz, como objeto: que debemos incorporar la voz, como alteridad de lo que se dice. Y esto solo es posible si en el Otro, hay una falta, el Otro debe constituir este cierto vacío para que se incorpore en una forma de identificación primera, que es la identificación por incorporación, ya que una voz no se asimila, sino que se incorpora y tiene la función de modelar nuestro vacío, nuestra angustia.
Lacan especifica la voz como objeto, en tanto ha adquirido forma de mandamiento y en ello acerca al superyó, como objeto a.
Lo que importa es que cada uno de estas formas del a, se enraízan en el cuerpo y resultan de algo separado, algo que hay siempre sacrificado en el cuerpo. Objeto perdido, cedido, pedazo carnal arrancado de nosotros mismos en los diferentes niveles de la experiencia corporal donde se produce su corte. Dicho de otro modo (pp.231, La Angustia): " la separación esencial respecto a una parte del cuerpo, se convierte en simbólica de una relación fundamental con el propio cuerpo para el sujeto, ahora en más alienado", es decir representado por un significante para otro significante.
Si el a, no tiene representación, toma formas.
Y este repaso por los hechos anatómicos y de funciona miento, son para mostrar cómo se conjugan con la función del a. Pero solo adquieren su valor de goce, de plus de goce por su subjetivación. Donde tomará su valor de objeto causa del deseo? En el fantasma. En el losange lacaniano, que escribe J.A.Miller , es donde va a articular el goce, la angustia, el deseo y la función del amor.
Mónica Unterberger
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