Reseña de la mesa del día 18 de junio a las 20:45h sobre: “¿A qué llamamos familia?
Efectos subjetivos de las nuevas configuraciones familiares.” Perteneciente al ciclo “Formas actuales de malestar”, organizado por BCFM.
Intervinieron:
Margarita Barañano Cid: Profesora titular de sociología y vicerrectora de estudiantes de la UCM.
Mirta García Iglesias: Psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP y directora de la BCFM.
Coordinó:
Ana Ramírez Izquierdo: Psicoanalista, socia de la sede de Madrid de la ELP y miembro de la BCFM.
Ana Ramírez: Aprovechamos el tema de hoy, sobre la familia, para preparar las VII Jornadas de la ELP , que se celebrarán en Barcelona el 8 y 9 de noviembre con el nombre: “Clínica del lazo familiar y de sus nuevas formas”.
La intención del espacio es preguntarnos por el concepto actual de familia, por sus nuevas formas y también por los efectos que estos cambios pueden llegar a producir en el sujeto. Las preguntas van en doble sentido, por un lado, por las consecuencias de estos nuevos modos de familia y por otro, por las condiciones que han hecho posible que la familia cambie. Hay un hecho que parece estar a la cabeza de estas cuestiones, la aparición de técnicas que cambian el modo de la concepción. Parece que es un acontecimiento con bastantes repercusiones a nivel social, cultural, familiar y en definitiva en la vida de los sujetos. Así pueden surgir complicaciones en las relaciones de parentesco, en lo que es la filiación. Saltan más a la palestra palabras como parentalidad en vez de paternidad. La parentalidad trae aparejada la igualdad entre hombre y mujer, el borramiento de las diferencias. ¿Tiene esto consecuencias? ¿Cómo se inscribe al niño en las generaciones? ¿Podemos saber algo sobre los efectos que el avance de la técnica introduce?.
Margarita Barañano: Pasamos de la familia sólida a una familia líquida o gaseosa. La pregunta sobre la muerte de la familia, sobre el final de la familia de los años 60da paso al planteamiento de la reestructuración a partir de los 70. Se hablará de licuación de unas relaciones que por otra parte se nos aparecen como muy robustas e importantes para la vida íntima, social y económica.
Desde la sociología no se puede hablar de familia en singular si no de familias, formas de convivencia e incluso formas de no convivencia a través de los hogares unipersonales. Los modos de familia se diversifican, se pluralizan y lo que parecía un modelo más estable, más estructurado y más estandarizado, da paso a versiones cada vez más diversas, plurales, etc. Hay muchos términos que se han empleado para referirse a este conjunto de cambios: familias posnucleares, desfamiliarización del tejido social, posmodernización de la familia, crisis del patriarcado… Todos tienen en común el paso desde un modelo más unívoco, más definido a modelos cada vez más plurales. La norma da paso a normas muy plurales y los mecanismos que marcaban con más claridad lo legítimo, lo aceptable, lo intolerable, lo trasgresor cada vez son más viscosos, más indefinidos y permiten juegos más variados.
Quiero plantear la hipótesis de la familia postradicional con algunas de sus características. La familia aparece en un proceso de destradicionalización, en un proceso de cambio y de modificaciones variadas. Ese código de conducta certero, que era la tradición, ese código que marcaba la diferencia entre lo aceptable y lo no aceptable deja paso al concepto de destradicionalización. Esto no quiere decir que la tradición no siga subsistiendo, pero cada vez se convierte en una modalidad más entre otras muchas. La legitimación por el peso de la historia, por el tiempo, por la referencia a un lugar concreto pierde peso y cede paso a este escenario nuevo de reinvención de tradiciones pero siempre más efímeras y líquidas. Todo ello afecta a la vida social y también a la familiar. Esto se refleja en una pluralización y desestandarización de las formas de convivencia señalada por el aumento de los nuevos tipos de hogares. Los modelos hegemónicos ceden paso a modelos más diversificados. Ganan peso los hogares sin núcleo, no hay ningún núcleo conyugal claramente definido. Son formas en las que no hay necesariamente una relación de filiación. Por ejemplo, amigos conviviendo de forma transitoria o indefinida, personas sin relación matrimonial, ni parejas de hecho. Crecen los hogares unipersonales: personas mayores que viven solas. Esto es una novedad. Antes no existía este caso. Otro ejemplo: personas emparejadas que viven separadas.
También están los hogares monoparentales, donde no hay necesariamente una figura correspondiente a padre o madre. La familia nuclear pasa a ser una categoría presente, pero en ningún caso ya mayoritaria, y cada vez más en declive. No es ya un lazo absolutamente irrompible, como era el caso de la familia tradicional (años 50- 70), pero si un lazo excepcionalmente roto y sin recombinaciones posteriores. Este cambio en los hogares plantea la propia definición de familia que cada vez más se vuelve autoreferencial, es decir, cada vez remite a una definición subjetiva de lo que es la familia.
¿Cuál es la familia de alguien que vive solo? Pues probablemente quien esa persona defina como su propia familia. Antes era el grupo de los convivientes. Esto ya no es necesariamente lo que marca el límite de la familia. El propio concepto de familia resulta difícil de definir en términos objetivables. ¿Cuáles son esas redes de intercambio, esas redes de vida social?
No hay una relación necesaria entre vinculo matrimonial y vinculo de filiación. El propio vinculo filial se convierte en un vinculo complejo que aparece en edades muy distintas, que no se vincula a un período de la vida determinado, ni siquiera al periodo de la vida fértil, si no que puede aparecer en períodos posteriores mediante todas las técnicas de reproducción.
Las decisiones individuales, nos permitirían hablar de biografía reflexivas, construidas sin modelos previos y sobre mapas experimentales donde el lema es: construir tu propio proyecto de vida, hacer tu propia vida.
En definitiva, familia es aquello que los sujetos definen como familia. Así el lazo conyugal es cada vez más contingente y vulnerable y se apoya en una nueva situación de riesgo y oportunidad que hace de la familia una institución cada vez más inestable e incierta, las familias inciertas, la institución desinstitucionalizada. En definitiva no tanto se habla de la muerte, crisis o declive de la familia, cuanto de esta metamorfosis continua que nos abre un escenario aparentemente tan amplio como la caja de Pandora de lo que puedan ser los límites de esta forma que es cada vez más cambiante, que es la familia.
Aparecen valores posmaterialistas centrados en la autorrealización y satisfacción personal. Los motivos individualistas han venido a ocupar el papel hegemónico que tenían todos los que se vinculaban al grupo.
El modelo de matrimonio actual es aquel en el que los objetivos de cada miembro de la pareja pasan a ocupar el primer plano en detrimento de otros que tengan que ver con la unión.
Mirta García: El psicoanálisis considera a la familia como un lugar de transmisión de una constitución subjetiva que se ejerce por vía de la palabra, donde el sujeto adquiere las marcas o significaciones que trazan un sentido a su vida.
La familia es un hecho de cultura y de lenguaje. Es una estructura simbólica. Se trata de una matriz de funciones dónde la madre tenga un interés particularizado hacia el niño, dónde su falta se halle presente y abra la vía del deseo. Para que se instale la posibilidad deseante el niño no debe ocupar el lugar de objeto de goce de los padres. El padre debe sostener una encarnación de la ley en el deseo; es decir, que él mismo esté sometido a esa ley, que haga de la ley algo vivo. Tiene que humanizar la ley. Es decir, que el deseo entre en los límites que la ley supone.
¿Qué contribuyó al progresivo desfallecimiento del padre? El avance del discurso capitalista y el discurso de la ciencia, entre otros. A comienzos del siglo XX se alerta de los supuestos peligros que acarrearía separar reproducción de sexualidad. La sexualidad ocupa un lugar central y el psicoanálisis mismo se constituye como uno de los discursos revolucionarios de la época. Se habló del fin de la familia, de la decadencia de las costumbres y de la moral, se pronosticaron problemas psíquicos severos para los hijos de padres separados. Ahora en el siglo XXI constatamos que en muchas ocasiones los hijos de familias de padres separados están bien y en algunos casos mejor que los de aquellos que no se separaron. El abordaje de la sexualidad sigue siendo un tema problemático y es a lo que nos convocan estas nuevas formas de familia.
Entonces lo nuevo es: separación radical entre sexualidad y procreación, simetría entre el padre y la madre, se borra la diferencia sexual y se reconoce el matrimonio y adopción entre homosexuales.
La familia va a desarrollarse a partir de esta disociación entre diferencia sexual y diferencia de los roles de la célula familiar. Se abren perspectivas innumerables: una mujer puede fecundar a otra mujer, un hombre que no produce esperma puede fecundar, etc.
Nos preguntamos por las consecuencias de tales situaciones en el campo de la subjetividad y en la constitución familiar.
¿Cómo pensar la cuestión del engendramiento frente a la posibilidad de que pueda ser llevada a cabo sin la presencia de un hombre? Hay diferentes posicionamientos frente a las nuevas formas: teóricos y pensadores universitarios defienden la normalidad de los hijos gestados en los nuevos contextos. En el polo opuesto está la posición sostenida por la Iglesia que trata de mantener una forma definida por un ideal determinado: familia fundada en el matrimonio, entre un hombre y una mujer de la cual naturalmente nace la vida.
¿Y qué dice el psicoanálisis? No podemos sostener una postura conservadora ni podemos erigirnos en guardianes de un orden simbólico, supuestamente inmutable, si no más bien siguiendo a Freud y Lacan, verificar como algunos presupuestos psicoanalíticos rigen para las nuevas configuraciones contemporáneas.
Lo que es fundamental para que el sujeto se constituya es que sea simbólicamente reconocido por la palabra del Otro.
Para finalizar, una frase de Lacan que me gusta y es apropiada: “Mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.
(Textos abreviados y no corregidos por las autoras)
DEBATE
Una pregunta: ¿Qué pasa con las familias monoparentales? ¿Se sabe cómo está funcionando esto? No entiendo que se le llame familia a cualquier cosa.
Margarita: Es difícil nombrar lo nuevo también para la sociología. El lenguaje se queda pequeño. A veces utilizamos conceptos viejos para realidades nuevas. Los conceptos vuelven, hay un estiramiento de todo lo que tenga que ver con la propia idea simbólica de familia. No parece que los cambios hayan derivado en un desentendimiento de una noción familiar, de una referencia a los conceptos de padre, madre o hermanos que plantean nuevas fórmulas con interrogantes. Cada vez más dentro de esa polifonía de voces, de formas de entender que lleva a diferentes formas de familia.
Mirta: Me da la sensación que lo que produce mayor inquietud y desasosiego es el tema de la homosexualidad. No es casual, por ejemplo, que mañana se celebre el congreso del PP y hayan optado por no votar, por evitar que el tema de las enmiendas sea un tema de congreso. Hasta hace poco los homosexuales eran considerados enfermos mentales y hace pocos años que no están incluidos en los manuales diagnósticos donde eran considerados enfermos. Muchos murieron en los hornos de Auswitch por ser el diferente, por ser el que goza de otra manera… Hemos vivido siempre bajo la égida la de heterosexualidad y ese es el modelo que hemos incorporado como lo normal. Hay mucho prejuicio en relación a ese término.
Mercedes Francisco: La palabra familia apunta a un tipo de lazo, lo que si está claro en la exposición de Margarita y Mirta es que hay algo de lazo que es imposible no constituir para seguir viviendo. Se llame como se llame el sujeto necesita para sustentarse, para poder vivir generarse un lazo. Lo que sí es el problema es cuando esos lazos están muy rotos, muy desenganchados. Ahí es cuando el sujeto entra en una situación de precariedad. Todas estas modificaciones, son un intento de generar otro tipo de lazo, pero en este movimiento hay muchos desenganches y muchos sujetos que quedan a la deriva. Estoy muy de acuerdo con Mirta cuando dice que no estamos en una posición reaccionaria como la Iglesia , pero tampoco vamos a dejar de entrever los efectos que esas transformaciones tienen. Esta vez es una problemática mucho más autista, desvinculada, precaria. Lo que sí es muy interesante es lo de los sujetos que viven solos. Cada vez más, cuando hay una disolución de un cierto vínculo afectivo, matrimonial, no se vuelve muchas veces a otros vínculos. Está viendo los mismos divorcios pero no vuelven a constituirse en nuevas parejas. Este punto es el de soledad, de desenganche de enlace social. Incluso esos que viven solos intentan un tipo de lazo, lo quieren construir con los Servicios Sociales. Van a llamar a la puerta de esos lugares y luego lo que les aporta la técnica, como es internet y todos los intentos de construcción de lazo. Porque no podemos olvidar que se ha producido un boom en internet que promueve el encuentro de unos con otros: de amigos, de parejas solo para encuentros sexuales cortos...Es el intento permanente del sujeto para sostenerse en el lazo, porque sino está en la pura precariedad y eso le acerca o a la locura o a la muerte.
Olga Montón: estoy totalmente de acuerdo con mis compañeras. Quiero añadir un matiz en esto del significante familia. Los significantes se legitiman con el uso. La RAE determina que un significante tiene tal definición después del uso. Si tú a la gente le preguntas por su familia y te contesta con toda esta diversidad que se ha contado hoy, igual al final, es que el ciudadano o el sujeto lo nombra así. No sabemos a qué nuevas acepciones nos puede llevar el significante nuevo.
Ana Ramírez.
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