Mirta Garcia Iglesias
 

 

Ciclo Biblioteca del Campo Freudiano de Madrid.

"Formas actuales del malestar"

"¿A qué llamamos familia? Efectos subjetivos de las nuevas configuraciones familiares".

 

Sin ser la familia un concepto propiamente psicoanalítico, ya que en efecto se aborda su estudio desde diferentes discursos, ya sea sociológico, jurídico, religioso, biológico, histórico, etc; todos comparten el hecho de que en la familia se opera una transmisión.
Desde el psicoanálisis concebimos a la familia cono un lugar de transmisión, transmisión que se ejerce por la vía de la palabra, donde el sujeto adquiere las marcas o significantes que le trazan un sentido a su vida.
Lacan en "Dos notas sobre el niño" (1969) afirma que se trata de la transmisión de una constitución subjetiva, que implica la relación a un deseo que no sea anónimo. ¿Qué quiere decir esto?
No hay en la familia nada natural. La familia es un hecho de cultura y de lenguaje. Es una estructura simbólica. La red de lazos que se tejen en la misma requieren de un acto de voluntad y de consentimiento.
Las funciones que se ejercen no son naturalmente ocupadas, sino que deben de ser adoptadas, deben ser encarnadas para dar lugar a la transmisión.
Transmisión que no es del orden del saber, sino de los ideales, prohibiciones, emblemas y un nombre.
Se trata de una matriz de funciones, donde la madre tenga un interés particularizado hacia el niño, con sus cuidados, con sus carencias, donde su falta se halle presente, en tanto sea una madre defectuosa, una madre que no sea perfecta, no una madre idealizada; precisamente porque esa falta es la que abre la vía del deseo, deseo como imposible de realizar porque no hay objeto que la colme, tampoco el niño. Deseo entendido no como anhelos, ni como querencias; para que se instale la posibilidad deseante el niño no debe ocupar el lugar de objeto de goce de los padres o de sus sustitutos, lo que equivale a separarse de las formas del deseo inconsciente de los padres. La prohibición del incesto establece los límites tanto para el niño como para los padres.
A la vez el padre debe sostener una encarnación de la ley en el deseo, es decir que él mismo esté sometido a esa ley, acotando su goce, que no sea sólo el transmisor, que haga de la ley algo vivo, que enseñe y muestre el camino; tiene no sólo que prohibir, sino también humanizar la ley, es decir que el deseo entre en los límites que la ley supone.

Ya desde la época de los romanos, su jurisprudencia hacía una distinción entre el padre genitor (o sea el padre biológico) y el pater familia (o sea el padre simbólico), imperando una primacía de lo simbólico por encima de lo biológico. El acto de coger al niño en sus brazos era el gesto por el cual el padre adoptaba al hijo en cuestión.
Esto cambia a partir del advenimiento del cristianismo, donde prima la paternidad biológica, sin dejar de lado la paternidad adoptiva. La paternidad como en el derecho romano no depende de la voluntad de un hombre, sino de la de Dios. El padre transmite un doble patrimonio: el de la sangre y el del nombre.
El imperio de la autoridad paterna siguió siendo constante hasta finales del siglo XIX.

¿Qué contribuyó al progresivo desfallecimiento del padre, de la autoridad paterna?
El avance del discurso capitalista y el discurso de la ciencia entre otros, han dado lugar a este progresivo desfallecimiento.
A comienzos del siglo XX, se reanima el debate ya iniciado en el siglo XIX sobre el lugar de los hombres y las mujeres en la reproducción y en las relaciones sociales y laborales. Se alerta de los supuestos peligros que acarrearía separar reproducción de sexualidad.
La sexualidad ocupa un lugar central de discusión, constituyéndose el psicoanálisis mismo como uno de los discursos revolucionarios que contribuyeron a ese debate. Sólo recordar el texto de Sigmund Freud "Tres ensayos para una teoría sexual" del año 1905.
Se acentúan estos cambios luego de la primera Guerra mundial, cuando los combatientes regresan a sus hogares y verifican que sus mujeres están adaptadas a trabajar fuera del hogar y decididas a no renunciar a esa conquista. También influye el auge de los movimientos feministas, los avances tecnológicos y científicos ocurridos después de la segunda guerra mundial. La incorporación cada vez más acentuada de la mujer a la fuerza del trabajo, la revolución sexual de los años 60 con la aparición de la píldora anticonceptiva, la legalización del aborto en algunos países, la posibilidad de mantener relaciones sexuales e incluso de convivir sin casarse, la mayor frecuencia de separaciones y divorcios.
Las reacciones a estos cambios no se hicieron esperar; se habló del fin de la familia, de la decadencia de las costumbres y la moral.
Se pronosticaban problemas psíquicos severos para los hijos de padres separados, fue Ana Freud quien dijo esa célebre frase "no podemos hacer nada con los hijos de padres divorciados"intentando salvar la creencia en el padre.
Ahora a comienzos del siglo XXI constatamos que en muchas ocasiones los hijos de familias de padres separados están bien, incluso en algunos casos mejor que la de aquellos padres que no se separaron, las familias continúan configurándose y descomponiéndose, pero el abordaje de la sexualidad sigue siendo un tema problemático y es precisamente a lo que nos convocan estas nuevas formas de familia.

Ahora bien, de la familia tradicional, jerárquica, patriarcal, familia extensa ; se pasó a la familia nuclear constituida por madre-padre y niños, y ahora constatamos una pluralidad de familias. Tenemos:
Familias nucleares

Familias recompuestas o ensambladas: donde se suman hijos de anteriores matrimonios o uniones, e hijos en común, fruto de estas nuevas formaciones.

Familias monoparentales

Familias con hijos de fertilización asistida, fertilización in vitro, con vientre de alquiler, embriones congelados, con donantes de esperma y óvulos anónimos o no.

Familias homoparentales

La ciencia ha logrado introducir la incertidumbre donde hasta entonces sólo había certeza, expresiones tales como que la madre era siempre certera y en tal caso era el padre el que estaba en cuestionamiento, han dejado de ser ciertas.
Podemos tener hasta tres tipos de madres: la genética, la gestativa, la simbólica, en el caso de recurrir a un vientre de alquiler, por ejemplo.
Todos estos cambios vertiginosos convocan al derecho a dictaminar leyes que regulen las diferentes conformaciones.
No existe acuerdo en los diferentes Estados en relación por ejemplo a si los donantes anónimos deben ser conocidos por sus hijos. En Suecia y Gran Bretaña deben darse a conocer si los niños lo demandan. En otros países los donantes son anónimos.
En el New York Times aparecen noticias en relación a este tema,. donde los jóvenes manifiestan el querer conocer al donante y contrasta con lo que veníamos argumentando anteriormente, dado que se da importancia a un real biológico que no tendríamos por qué darle el nombre de padre, ya que como tal no ejerce su función.
Y la pregunta que surge es: ¿es necesario que se conozca al donante anónimo? ¿Y en el caso de ser conocido qué lugar ocuparía con respecto a la pareja conyugal?
Los legisladores no se ponen de acuerdo.
Podríamos pensar que los niños son más sensibles a los cuidados que se les brindan más que al mito de su nacimiento.

Entonces lo nuevo que tenemos es:

-separación radical entre sexualidad y procreación

-simetría entre el padre y la madre. Actualmente no hay diferencia entre el padre y la madre. Ambos son iguales. Ahora la guarda y custodia de un niño pequeño puede ser otorgada al padre, antes esto era imposible que ocurriese, salvo en aquellos casos que fuesen absolutamente contraindicados.

- - Se borra la diferencia sexual. Noruega se acaba de incorporar como país último donde se reconoce el matrimonio y adopción entre homosexuales, y son los primeros que se podrán casar por la iglesia. (luterana). Hasta el momento son muy pocos los países que reconocen el matrimonio homosexual: España, Holanda, Bélgica, Canadá, Suráfrica y los Estados de Massachussets y California).

La Asociación de Coparentalidad nace en Francia para dar posibilidad de tenencia de hijos a las parejas homosexuales. Se necesitan cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. El niño vive en régimen de comunidad con ambas parejas.

- Surge el término de parentalidad que hace referencia al padre y a la madre, como lugares iguales y no diferenciados.

- Podríamos hablar de un fin de la genealogía biológica.

- Alteraciones en el sistema de atribución del apellido

La familia va a desarrollarse a partir de esta disociación entre diferencia sexual y diferencia de los roles de la célula familiar.


Eric Laurent, un psicoanalista francés señalaba el desdoblamiento entre el nacimiento del niño y la familia: ya no es la familia la que hace el niño, sino el niño el que hace la familia. Es él, el niño, el que nombra a menudo al padre y a la madre, es él quien inventa nuevos nombres que corresponden a las nuevas formas de la parentalidad.
Hace pocos años en el 2001, se publicó un artículo referente a un estudio de laboratorio australiano en relación al descubrimiento de una nueva técnica testada hasta el momento en ratones, donde era posible la fecundación por medio de una célula sin necesidad de esperma. Por ende, las perspectivas que se abren son innumerables: una mujer puede fecundar a otra mujer, un hombre que no produce esperma puede fecundar, etc.
Sin estar a favor o en contra de estas nuevas técnicas que sin lugar a duda son progresos de la ciencia, nos preguntamos por las consecuencias futuras de tales situaciones en el campo de la subjetividad y en el campo de la constitución familiar.
¿Cómo pensar la cuestión del engendramiento frente a la posibilidad que puedan ser llevadas a cabo sin la presencia de un hombre?
En el caso de adopción por parte de lesbianas, surgen nuevos interrogantes, dado que la identidad de sexo complica la decisión de acceso a la maternidad, porque a diferencia de la pareja heterosexual, el acceso por una de ellas a la maternidad no conlleva obligatoriamente el acceso de la otra al parentesco.
Una noticia aparecida en la prensa en enero de 2007 reconoce por primera vez en el mundo, a un niño canadiense la tenencia de dos madres legales. El niño tiene un padre biológico y una madre biológica que contrae nupcias con otra mujer. Al no tener su pareja un vínculo legal que le dé un lugar de reconocimiento en relación al niño, la ley opta por reconocerle su maternidad. Como vemos prima nuevamente lo simbólico.

Ante estas nuevas configuraciones, asistimos a diferentes posicionamientos. Por un lado teóricos y pensadores de universidades americanas, también estudios de campo, sostienen y aseguran la normalidad de los hijos gestados en este nuevo contexto.
Encontramos una reciente publicación de Peggy Drexler, profesora de psicología de la Universidad de Cornell "Criando niños sin hombres" donde argumenta que criar hijos varones sin presencia de la figura masculina no genera niños con problemas en relación a su sexualidad. El eje fundamental de su argumentación es que la crianza de los hijos debe considerarse como "buena o mala y no masculina o femenina, heterosexual u homosexual"-
En el polo opuesto encontramos la posición sostenida por la Iglesia. Esta trata de mantener una forma definida con un ideal determinado.
En relación a la equiparación entre la familia y las uniones de hecho, incluso homosexuales, su posición fue tajante. Estas resoluciones son vividas como atentados contra la familia fundada en el matrimonio, como unión de amor y de vida entre un hombre y una mujer, de la cual naturalmente nace la vida.
Tienen que conservar la idea de una ley natural. Para la iglesia hay cierto tipo de principios que son los principios del derecho natural que tienen prioridad sobre los principios jurídicos positivos. Son consideradas válidas aquellas leyes que no contradicen el derecho natural. El derecho natural aparece como supraconstitucional. De ahí su insistencia en controlar la justicia y la educación.
En un reciente documento titulado "Familia y procreación", el Vaticano caracteriza la situación actual como la de un verdadero ataque a la "institución natural del matrimonio y de la familia. Pregona el carácter indisoluble en la unión conyugal entre el fin unificante y el fin procreativo, es decir, entre la sexualidad y el amor. Según el documento, la familia cumple dos funciones: la de ser sede de un amor total y recíproco y la de ser también el lugar de una "procreación integral" es decir, el lugar de la concepción, del nacimiento y de la educación.
¿Y qué dice el Psicoanálisis? No podemos sostener una postura conservadora, en este caso nos acercaría a la posición de la iglesia y de grupos reaccionarios, no podemos erigirnos como guardianes de un orden simbólico supuestamente inmutable, padecer la nostalgia de la caída de la familia pequeño-burguesa, sino más bien siguiendo a Freud y Lacan que siempre supieron revisar la teoría a partir de los hallazgos de la clínica y los cambios sociales; verificar como algunos presupuestos psicoanalíticos rigen para las nuevas configuraciones contemporáneas.

La enseñanza de Jacques Lacan es de gran ayuda para comprender y subjetivar esta época que nos toca vivir. Él ya vaticinaba en el 38 en su texto "Los complejos familiares" el declinamiento de la autoridad paterna. En otros textos argumentaba que el próximo siglo estaría marcado por la segregación.
El aporte que nos ha dejado con su clínica de la sexuación nos es útil para pensar la homoparentalidad.
Si los primeros significantes que nos designan son hombre o mujer, esta designación no implica la erogenización del cuerpo. No basta el significante para que en el orden simbólico el sujeto se ubique como hombre o como mujer . Lo que es fundamental para que el sujeto se constituya es que sea simbólicamente reconocido por la palabra del Otro. El definirse como hombre o como mujer es independiente de su anatomía.
Como no se nace hombre o mujer, se deriva por identificación. Esta vendrá dada entre otras cosas, por ejemplo, por los ideales que el Otro le transmita al niño.
Independientemente que el niño sea producto ya sea de cualquiera de estas nuevas configuraciones e incluso de las ya existentes, se verificará que ficción inventa cada sujeto para no quedar apresado al deseo del Otro.
Y quiero finalizar con una frase de Lacan que me gusta y es muy apropiada, frase de su texto "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis" de 1953 que dice: "Mejor que renuncie quien no puede unir a su horizonte la subjetividad de su época".

Mirta García Iglesias