Marta Mora-Doldán Moreno
 

PRESENTACIÓN DE LIBROS

"Introducción a la Clínica Lacaniana. Conferencias en España" de Jacques-Alain Miller

No voy a hablar ni de los antecedentes ni de las capacidades de JAM. Lo primero está en la presentación y lo segundo se mide por sus efectos.

Miller no inventa pero despeja, nos descubre otra mirada sobre el texto y sobre la teoría psicoanalítica, para mi su claridad es un señuelo pues suelta siempre alguna frase irónica, humorística o un planteamiento como al desgaire que encierra cuestiones mas complicadas de lo que parecen.

"El genio del psicoanálisis" conferencia dada en Santiago de Compostela de 1984, me pareció la más apropiada para la presentación de hoy. En ella Miller se apoya en Kant y juega a la vez con las acepciones del término Genio, como "duende", encanto, carácter, aquello que marca el destino peculiar de una persona, lo que distingue a alguien o a algo, el que inventa.
Inicia su exposición preguntándose ¿el psicoanálisis tiene aún genio?.
Una acepción de genio es el que inventa. Freud fue un genio porque inventó el psicoanálisis. A Lacan le indignaba que alguien le dijera que era un genio, consideraba que era ir en contra de su esfuerzo por saber, comunicar y enseñar cómo se producen las cosas en psicoanálisis, y porque reconocía que el inventor era Freud. Lacan se consideraba hombre del "matema", de "lo que se puede enseñar" y no del invento. Se veía a sí mismo como un desbrozador de la selva freudiana y así lo dijo.
Miller dice también que el psicoanálisis tiene un "genio del lugar", tomando "genio" como aquel que responde a las preguntas del oráculo y que es el dispositivo analítico. Invento de Freud, que comprende la asociación libre, la interpretación del lado del analista, la transferencia y la neutralidad como respuesta del analista.
Miller sostiene que el invento mayor de Freud fue el psicoanalista y subraya que "lo que hay en el activo del psicoanálisis es la producción de psicoanalistas".
Una producción inédita en la historia pues No debe pensar, debe permanecer neutral, no le hablar al individuo, responde como "poseso del inconsciente pero sin exorcismos" dice, una posición casi imposible, que para sostenerla obliga a pasar por la experiencia de un análisis.
La asociación libre como la invitación al analizante a decir cualquier cosa, a inventar sus propias producciones con palabras, el analizante es allí un genio, pues inventa.
La transferencia en la que se trata de un amor a cualquiera en posición de analista. El analista de ser un genio como analizante deberá pasar a NO serlo como psicoanalista. Es un cualquiera peculiar distinto de un médico, un psicólogo o un psicoterapeuta.
Este "cualquiera" es un concepto de Otro y la invención de
Freud es el analista como representante del Otro y hacer funcionar esa experiencia con personas que no son genios. Pero en el analizante no se trata solo de decir, "un dicho es siempre universal, algo dirigido al Otro y un dicho del Otro una universalización perpetua, pero hay una zona en el sujeto que es una absoluta particularidad, singular. Eso no incluye al Otro, hay una dimensión que no es significante, que es goce". El primer Lacan parecía que ignoraba este goce.
Freud no lo llamó así pero habló de él y tuvo la necesidad de hacerlo cuando descubrió que el análisis ya no obtenía los resultados de sus inicios. El genio maligno que introdujo Freud fue Tánatos, maligno porque impide la cura del sujeto, una resistencia que implica un goce peculiar que residía en el malestar en sí mismo.
Los analistas más rigurosos constataban que el sujeto experimentaba un goce imposible de simbolizar, irreductible, particular, refractario a lo universal absolutamente peculiar. Los psiquiatras lo descubrieron con el fetichismo. Este goce es el genio de cada uno.
El esfuerzo de Lacan, consistió en pensar cómo el psicoanálisis, en el campo del lenguaje y la función de la palabra, podría tratar este goce que no tiene símbolo fálico, que se resiste al discurso, que por tanto no parecía poder tratarse.
Y le dio un símbolo, el objeto a. Un símbolo de una cosa que no tiene símbolo es una paradoja. En el análisis donde se hace la experiencia de la falta en ser, que aparece en cuanto se está en la dimensión del discurso, el precio pagado por esa falta de ser es que el sujeto se complementa con ese objeto a para ser un todo, para ser un uno.
Las últimas palabras de Lacan sobre la posición del analista se dirigen hacia hacer de él una encarnación de este goce sin símbolo. Es una invitación al analista a ubicarse, no como representante del saber sino como un objeto que no tiene símbolo en el discurso universal.
Aunque a Lacan no le gustara que le llamaran genio, Miller concluye que ahora sí podemos decir que lo es, pues el invento lacaniano es el objeto a.
Si el psicoanálisis tiene un genio, es el objeto a.