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PRESENTACIÓN DE LIBROS
"Introducción a la Clínica Lacaniana. Conferencias en España" de Jacques-Alain Miller
Voy a comentar una conferencia inédita, que pese a que hace muchos años que fue pronunciada, precisamente por el hecho de ser inédita, no la había leído, me gustó, mantiene toda su actualidad y nos confronta con nuestra experiencia clínica, con nuestro hacer cotidiano.
Conferencia que Jacques Alain Miller dio con motivo de la clausura de las II jornadas del Campo Freudiano en España.
Titulada "Los preguntones" hace mención a cierta clase de sujetos con los cuales es difícil maniobrar con la transferencia, pero que precisamente son estos sujetos los que hacen surgir el estatuto fundamental de la pregunta en nuestra experiencia.
Partimos del hecho que la pregunta es una demanda, pero tiene la propiedad de ser una demanda que se dirige explícitamente a un saber.
Son los preguntones, sujetos que manifiestan una necesidad fundamental de hablar del saber.
Los sujetos que no plantean preguntas, tienen una estructura obsesiva, pero más bien tendríamos que decir que sí se las plantean, pero a sí mismos. El obsesivo no espera respuesta más que de sí mismo, y precisamente ésta es la paradoja de su posición, al plantearse las preguntas a sí mismo, es él quien no tiene la respuesta, no sabe, y a la vez es él, quien debe dar la respuesta. Esto nos permite entender la peculiar inmovilización del obsesivo, ese estilo tan peculiar que lo remite a la inmovilización, al trabajo y procastinación.
En la duda, vemos a la vez arrogancia, no quiere recibir la respuesta del otro, hay un imperativo de trabajo para buscar la respuesta y a la vez la demora .Es el esclavo de sus preguntas.
En la pregunta obsesiva de Qué quiere decir eso? Se encarna la pregunta a sí mismo y la intolerancia a la interpretación.
Mientras leía la conferencia, recordaba a varios pacientes, pero uno de ellos a medida que leía se hacía más presente, se trata de un joven con un discurso compacto, que en muchos momentos no hay como dar lugar a decir algo, a ubicar una interrogación que pueda abrir la fijeza de ese discurso, decir alguna palabra que pueda cambiar la orientación de la convicción de lo que dice.
Que inmediatamente que explicita una mejoría, o manifiesta un bien decir en aquellas tramas en las cuales está envuelto, a continuación tapona lo dicho y es como si nada hubiese sucedido, y cuando le señalo lo que acaba de producir, no tolera ningún señalamiento, dice no estar de acuerdo con la interpretación y se adjudica que tal vez no ha sido lo suficientemente claro y explicativo en aquello que ha querido manifestar.
Los verdaderos preguntones serían los histéricos, ya que la pregunta histérica no es una pregunta dirigida a uno mismo, sino una pregunta dirigida al otro. Esto hace de la histeria un discurso fundado en el lazo social, mientras que por el contrario, la obsesión no hace lazo social, porque pone al Otro entre paréntesis. No hay esta llamada al otro, porque el otro es un cadáver y es así como retorna sobre el sujeto.
Es la pregunta histérica la que hace surgir la dimensión del Sujeto-supuesto-Saber.
A diferencia del obsesivo, cuya pregunta nos remite a la arrogancia, pareciera ser que la pregunta histérica testimonia de una humildad, pero es una falsa humildad, ya que pone al otro a trabajar para responder, es en realidad el amo.
Es satisfacción lo que vehicula cada pregunta, sin importar su contenido. El otro está obligado a satisfacer el pedido, la demanda de saber. Por eso la pregunta tiene siempre en su horizonte un saber sobre el deseo. Sobre el deseo y su causa.
En el matema del discurso histérico vemos un sujeto planteando una pregunta a un amo supuesto saber para obtener la respuesta y verificar que esta respuesta no puede dar satisfacción.
El saber no puede satisfacer a la verdad y la pregunta señala la ausencia de un significante que pueda representar al sujeto. Así se entiende que esta pregunta sea una pregunta sobre la mujer, ya que precisamente la mujer no tiene un significante que la represente, lo que Lacan expresa diciendo que " la"mujer no existe.
También encontramos la pregunta, con la manifestación del silencio. Por qué, qué es si no ese mutismo histérico? ¿Qué significa? Con ese mutismo, el sujeto histérico encarna la pregunta como enigma. Es una forma límite de la maniobra histérica, cuando Lacan habla de la intriga histérica hay que entenderlo en dos sentidos: como los misterios histéricos y como finalidad de hacer hablar.
En la clínica esto se ve claramente en la demanda fundamental del sujeto que es hacer que el analista hable.
En la técnica analítica, el analista no puede esconderse en el "no hay que responder a la demanda". En consecuencia cuando se trata de los sujetos preguntones , es necesario asegurar al sujeto que hay una falta en el Otro. Lacan recomienda un vaciamiento de la neutralidad analítica para asegurarle al histérico un lugar en el Otro.
Finaliza la conferencia haciendo alusión a unas estrofas de la fábula de Polifemo y Galatea, de Góngora que Miller sugiere que nos pueden servir para pensar la posición que más conviene al analista, esta estrofa hace alusión, describe a Galatea huyendo de sus amadores. en definitiva no responder a la demanda, pero sustraerse de la situación que nos colocan los sujetos preguntones.
Huye la ninfa bella; y el marino
amante nadador, ser bien quisiera,
ya que no áspid a su pie divino,
dorado pomo a su veloz carrera;
mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino
la fuga suspender podrá ligera
que el desdén solicita? ¡ Oh cuánto yerra
delfín que sigue en agua corza en tierra!
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