Olga Montón
 

 

LO IMPOSIBLE DE EDUCAR

 

 

Generación yo

Del nihilismo al narcisismo. De la obsesión adolescente por la privacidad, al exhibicionismo. Del “mi querido diario” a “he cambiado el color de mi perfil on-line”. De la soledad de mi habitación con canciones de cómo me siento, a toda esta multitud que ha entrado en mi alcoba a través del ADSL, pidiendo que me haga otra foto con el móvil y le envíe un e-mail con el último sencillo de cualquier cantante en MP3.

Esta es la “ generación yo ”. Hijos de padres sobreprotectores, que les han dicho que son especiales y se lo han creído. Extravertidos, narcisistas, están encantados de conocerse y tienen unas ganas locas de que los conozcas a través de Internet.

Jean Twenge, autora del libro “Generación yo” afirma: “ los niños quieren ser adolescentes lo antes posible, mientras los adultos, ya sean jóvenes o mayores, quieren mantenerse adolescentes el máximo de tiempo posible ”.

Como pretender que los jóvenes salgan de la adolescencia cuando los adultos se comportan como ellos. La adolescencia es un momento dramático y sintomático que se vive con sufrimiento. ¿Y donde van a hacer síntoma sino no es en su entorno?¿Dónde pasan los jóvenes la mayor parte del tiempo?¿Dónde realizan su actividad? Pues en sus clases, en el entorno educativo.

La adolescencia es un momento de desestabilización.

 

El sindrome de la impaciencia

Zygmunt Bauman en su libro “Los retos de la educación en la modernidad líquida” explica que se trata de reajustar el significado del tiempo, dado que se ha llegado a identificar el progreso con los atajos. Es lo que Bauman llama “ el síndrome de la impaciencia ”. El emblema del privilegio es el acceso a los atajos, a los medios que permiten alcanzar la gratificación instantánea. La posición de cada uno en la escala jerárquica se mide por la capacidad o la ineptitud para reducir o hacer desaparecer por completo el espacio de tiempo que separa el deseo de su satisfacción.

Hoy se piensa que las cosas mas preciadas envejecen rápido. Nuestro mundo recuerda cada vez mas la “Ciudad invisible” de Italo Calvino, donde “la opulencia puede medirse, no tanto por las cosas que se fabrican, se venden y se compran cada día......., sino, antes bien, por las cosas que se tiran diariamente para dejar lugar a las nuevas”.

Así las cosas, este consumo feroz, nos lleva a que el conocimiento se ajuste al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez.

Hoy el conocimiento es una mercancía y como tal su valor comercial se refleja en lo que diferencia al producto de los ya existentes, antes que la calidad del producto en su conjunto.

Así es como se desalienta la idea de que la educación puede ser un “producto” que uno gana, conserva y atesora.

En un mundo volátil, como el de la modernidad liquida, en el cual casi ninguna estructura conserva su forma el tiempo suficiente como para garantizar alguna confianza, andar es mejor que estar sentado, correr es mejor que andar y hacer surf es mejor que correr.

Todo esto va en contra de la esencia de todo lo que representa el aprendizaje y la educación a lo largo de su historia. Donde la memoria era un valor positivo, tanto mas rico cuanto mas lejos en el pasado lograra llegar y cuanto mas tiempo se conservara.

  ¿Qué dice el psicoanálisis?

Ya Freud nos habló de los tres oficios imposibles: educar, analizar y gobernar. Y esto es así porque existe un punto imposible de educar, analizar o gobernar en los seres humanos. Por bien que se haga el resultado que se alcanza nunca es completamente satisfactorio. Este es el punto en común de estas disciplinas y es lo que nos permite estar hoy aquí compartiendo nuestras experiencias.

Ante las nuevas formas (modos) sociales ¿qué puede decir el psicoanálisis?

Freud descubrió que los seres humanos tenemos una parte que podríamos considerar “inhumana” y que llamó “pulsión de muerte”. La pulsión de muerte es consustancial a la condición humana. Me gustó mucho la formulación de Mercedes de Francisco en su texto “Sobre el deber”: ” si dejamos que la pulsión de muerte se imponga, la destrucción del otro puede darse, pero también la nuestra está asegurada ”.

No solo en lo social sino especialmente en lo subjetivo llevamos el mal dentro. Y la paradoja es que los seres hablantes tendemos a buscar ese mal como si fuera nuestro propio bien. Y es lo que el niño debe aprender, en palabras de Freud: “ el dominio sobre las pulsiones y la adaptación social ” (34 Conferencia). Ya Kant en “Pedagogía”, habla: “de la formación como los efectos que la disciplina y la instrucción producen en cada sujeto de la educación y el posicionamiento ético ante el mundo, a como asume su responsabilidad ante ese mundo; a como se hace cargo de sus actos resultantes del ejercicio de su libertad de decisión ”.

Lacan resume esta paradoja con el termino de “goce”, que no es un bien como el placer, sino un exceso. En el camino hacia su satisfacción el ser humano se encuentra con “el mas allá del placer”, con el exceso que es el goce.

Desde pequeños tenemos que tomar decisiones ante las encrucijadas de la existencia y en estos caminos se pone en juego algo del goce y la satisfacción pulsional para cada sujeto. Ante la pregunta sobre la muerte y la sexualidad el joven tiene dificultades para responderlas y la cultura y la educación son las que hacen posible una salida para cada sujeto.

Por ejemplo, el lenguaje políticamente correcto infantiliza a los niños. Ha desaparecido el lobo del cuento de Caperucita. Eso no tiene interés para los niños, como mucho se aburren. Por otro lado se les está negando un elemento de primer orden para poder tramitar sus ansiedades y sus angustias. Por eso para el niño, el lobo y la bruja, son instrumentos muy útiles para poder angustiarse con tranquilidad. Esos personajes les permiten significar su angustia, les ayuda a darle sentido y les alivia ver que también les ocurre a otros.

Actualmente asistimos a un retroceso en el gusto por hacerse preguntas y preguntar. Se comprueba en las aulas el poco interés de los alumnos. Como decía antes la satisfacción del consumo inmediato tapona el vacío.

En la enseñanza, es importante plantear preguntas y una posición de no saber. No se trata de un saber acabado, sino de un proceso que se relanza con los intercambios, que agujerean el saber producido, para crear nuevos interrogantes. El alumno necesita el cebo de lo difícil si se quiere poner entre sus manos su propio aprendizaje. Para que algo del vinculo educativo se produzca es importante dejar al alumno frente a unas dificultades que pueda resolver sin ayuda ajena, pues se trata de poner en sus manos su propio aprendizaje en vez de adiestrarlo desde fuera.

El educador podrá causar el interés del alumno solamente si el mismo tiene interés. Debe ser un sembrador de buenas preguntas.

La ley de Freud es la de enfrentarse con el propio deseo y asumir sus consecuencias. Dice Lacan, en sus Escritos, “ de la posición de sujetos se es siempre responsable ”.

El niño es el partenaire del educador y tiene que ceder algo de su goce para, por ejemplo, aprender a leer, y así entrar en el vinculo educativo y poder pasar a ser sujeto de la educación. Para que el sujeto renuncie a una parte del goce tiene que haber un reconocimiento en el presente y una promesa en el futuro, en la que el Otro compromete su apoyo y otorga su confianza, por la vía de la suposición, en las posibilidades del sujeto.

El sujeto es efecto de un lugar. Este punto, que el psicoanálisis ha permitido esclarecer, es un elemento común a las disciplinas que trabajan con la categoría de sujeto, como la pedagogía, el derecho y el psicoanálisis. El Otro oferta un lugar y el sujeto consiente en ocuparlo o no.

Trabajar con el sujeto es aceptar la incertidumbre.

El educador espera algo del alumno, pero no para él, sino para que produzca un recorrido, un recorrido que no se dirige hacia él sino hacia lo social.

El educador también tiene que ceder algo de su goce y por tanto asumir que cada sujeto es una incógnita. Ceder su goce y sostener su deseo de educar, su deseo de que los niños aprendan.

En el campo educativo no hay que buscar una adaptación excesiva ni una permisividad sin límite que deje al alumno librado de si mismo.

Las formas modernas del síntoma hablan del goce sin límite (anorexia, adicción, bulimia, violencia gratuita, suicidio y otros pasajes al acto)

La educación tiene la posibilidad de hacer con la particularidad del sujeto, solo si lo envuelve en los recursos culturales. El vínculo educativo es del orden de lo particular, con cada sujeto es un vínculo nuevo que incluye sus transformaciones.

La verdadera oferta es la de un marco que incluye un vacío como lugar necesario para permitir alojar la particularidad del sujeto y así darle la posibilidad de hacer con los contenidos culturales.

Este marco se mantiene por el deseo del educador que atiende la particularidad del sujeto y no la borra con ofertas preestablecidas estándar. Esto implica tolerar un cierto no saber sobre el sujeto, sobre sus intereses ni sobre que es lo que transmite, ni sobre la apropiación que hará el sujeto y en que tiempos.

El saber es lo que vincula al agente de la educación y al sujeto y por eso no hay que aplastarlo para que el vinculo educativo no se transforme en una relación imaginaria yo-tu que generaría tensiones.

El saber es algo que se construye. Aparecen los síntomas cuando hay un descuelgue del saber, cuando se rompe el vínculo educativo.

Igual que en Psicoanálisis, el vínculo educativo no funciona sino no hay transferencia, lo que se basa en una suposición de saber. La transferencia se dirige a un rasgo del educador, sea propio o sea un semblante, pero para el alumno tiene que funcionar como signo de un deseo. Esto tiene función de causa, lo que le llevará a trabajar.

No se trata de obturar el vacío con ofertas que generan rechazo. No se trata de interrogar al sujeto sobre lo que quiere, sino de poner en juego el propio deseo del educador como aquello que abre un campo de posibles.

Si no hay un mínimo de autoridad epistémica no se puede activar el vínculo educativo. Cuando esa autoridad se hace reconocer se introduce el respeto y el límite.

¿Cómo conseguir hoy una autoridad epistémica, del profesor, frente a la potencia de Internet o los medios de comunicación? Como nos proponía Lacan “ enseñar a partir del no saber ”. Con la vivificación que puede hacer el educador a través del estudio de los textos y de su enunciación. Se trata de cómo el profesor libidiniza el conocimiento. Por otro lado el profesor debe consentir a que cada alumno libidinice el conocimiento a su manera. En función de su propia modalidad de satisfacción, el alumno tendrá la posibilidad de hacer suya esa oferta, con su particular modo de velar, mostrar y entretejer.

La escuela en la educación puede ser un lugar de resistencia al imperativo capitalista de ¡GOZA! En la actualidad es sinónimo de ¡CONSUME!. De otra forma se convierte en un fabricante de consumidores-usuarios abandonados a ese imperativo.

Quería terminar con una cita de Marcel Proust:

“La sabiduría no se aprende; tenemos que descubrirla por nosotros mismos, tras un viaje que nadie puede hacer en nuestro lugar ni puede ahorrarnos, porque es un punto de vista sobre las cosas”

 

20 Febrero 2008

Olga Montón