Espacio Madrileño de Psicoanálisis con Niños
¿Cómo construyen hoy los semblantes los niños y adolescentes?
El pasado 13 de octubre de 2009, se realizó la presentación del curso a cargo de Ana Lía Gana y se abordó también el primer tema del programa a cargo de Mariam Martín bajo el título El semblante en psicoanálisis y los semblantes de la época
El semblante en psicoanálisis y los semblantes de la época
por Mariam Martin Ramos
Para esta primera reunión se ha intentado ahondar en algunos puntos del argumento que la Comisión estableció para orientar el título del curso
Lacan la introduce, en el S XVIII, la categoría de semblante como instrumento operativo para el psicoanálisis. Categoría puente en dirección al nudo borromeo, no está representada en el nudo pero lo acompaña.
El binario Semblantes y sinthome aborda una nueva lógica, instituye la época de los Nombres del padre y el régimen de lo real.
Para introducirnos en esta categoría, Lacan la explora primero dentro de la naturaleza, hay una gran cantidad de fenómenos físicos que entran en la categoría del semblante. Incluso dentro de la vida animal, hay una gran variedad de semblantes que organizan conductas de apareamiento, de caza, de vida gregaria. Pero los semblantes pueden pasar de la naturaleza a la dit-mensión humana como lugar de discurso. Este pasaje a la dit-mensión humana sólo es posible si se instituye el inconsciente, “entonces el semblante es el significante ni más ni menos”. (Lacan, S. XVIII)
“El semblante consiste en hacer creer que hay algo allí donde no hay nada”, es una manera de tratar lo imposible, el no hay. Es decir, lo real por la vía de lo simbólico y de lo imaginario.
Los semblantes son por tanto los modos de elaboración de lo real del goce. Es un instrumento operativo para el psicoanálisis del que hay que servirse de él sin deslizarse a otros discursos, pues su uso no es sin consecuencias, según los semblantes que se pongan en juego se desprenderá una modalidad de tratamiento de lo real.
Es preciso que los semblantes sean forjados por el saber, y que este saber sea tal que tenga consecuencias, la más eminente entre esas consecuencias sería que fuera un saber que por el ordenamiento de los semblantes demuestre lo imposible.
En este sentido, hay ciertas categorías lacanianas que son especialmente aptas para asegurar la función de semblante: Tal como el Nombre del padre, el falo, el objeto (a) y el saber.
A partir de esta sucinta introducción de la categoría de semblante se abordo dos semblantes fundamentales del psicoanálisis, el Nombre del padre y el falo
El semblante Nombre del padre está vinculado además al nacimiento mismo del psicoanálisis. El propio Freud vincula el origen del psicoanálisis a partir de la decadencia de la Religión, de tal forma que las grandes neurosis sufrieron una extraordinaria multiplicación porque el síntoma neurótico constituye el reverso de Dios padre, planteando la neurosis como una religión privada.
El padre, en Freud, es el representante de la renuncia pulsional que exige la cultura y que se vincula a la prohibición del incesto y autoerotismo
Por su parte, Lacan extrae la función lógica y estructural del Edipo y la denomina metáfora paterna. La metáfora paterna es un operador de “mateforización, pero a su vez supone o implica el padre metaforizado. El padre que sólo existe por su nombre encarna por excelencia el semblante.
Este significante privilegiado constituye el anclaje de la estabilidad subjetiva y permite operar en el psicoanálisis.
Este operador deviene semblante cuando se reduce la creencia en el padre a condición de rescatar y hacer prevalecer el uso de la función, sirviéndose de ella
El Falo
La función crucial del falo está presente desde el inicio en la teoría psicoanalítica. Lacan lo desimaginariza, instituyéndole primero como significante del deseo, después como significante del goce y finalmente articulándole al orden del semblante.
El falo es el producto de la operación del N:P que permite anudar Edipo, castración y falo y el efecto de dicha operación es la significación fálica.
La significación fálica como operador sobre el goce permite al sujeto identificarse con el tipo ideal de su sexo, así como responder a las necesidades de su partenaire en la relación sexual e incluso acoger con justeza las necesidades del niño que es procreado en ellas. (Significación del falo)
El falo por la operación del NP, convierte la significación fálica en la única referencia de todo discurso y da sentido al mundo.
El falo como semblante aporta la función de velo que permite mostrar la verdadera naturaleza del falo. En la comedia de los sexos el falo interviene como semblante para velar el no hay de la relación sexual, del lado masculino para proteger el tener y del lado femenino para enmascarar la falta, en definitiva ser el falo o tener el falo apunta al ser de semblante y a la utilización de un semblante
Si la muerte de Dios y la caída de las religiones corresponden en psicoanálisis al reino del padre, es decir, a la época freudiana, la pluralización del Nombre del padre corresponde a la época lacaniana, época que puede ser descrita remitiéndose a una frase de Jean François Lyotard (1924-1998) quien analizo la Condición post-moderna (1974):
“Estamos en una sociedad sin padres. Se comienza a ver lo que eso significa concretamente. Cada uno debe ser padre de sí mismo antes de construir la autoridad”
Lyotard plantea la caída del universal NP, deja entrever efectos indiscutibles en la subjetividad y apuesta por en el trabajo de construcción de un nombre del padre en cada sujeto.
Después de este recorrido M. Martín construye un pequeño relato en el que se puede ver cómo el semblante se presenta, primero, tomado en la naturaleza como fuente para elaborar un saber pre-científico, saber sobre los astros y un saber que habla de Dios, un saber que pretende velar el no hay de la relación sexual mediante un semblante, una imaginarización de una infinita copulación de la naturaleza, mostrando como las formas primitivas del conocimiento son todas eróticas. Posteriormente con la aparición del discurso de la ciencia, se silencia el universo tal como bien lo expresa Pascal “El silencio eterno de esos espacios infinitos” y al mismo tiempo se produce una desexualización en el abordaje del mundo, y Galileo introduce el símbolo matemático: “la naturaleza está escrita en lenguaje matemático”
Esta primigenia ciencia sitúa a Dios como garante del saber y como SsS, tal como lo enuncia Descartes en sus Meditaciones.
Posteriormente el discurso de la ciencia unido al capitalista produce un semblante bajo una modalidad que engaña lo real y lo hace fluctuar.
Para terminar su recorrido plantea un buen uso del semblante desde el discurso analítico que permite dejar la hiancia abierta de lo imposible, siempre apuntando a lo real.
En ese sentido, la operación freudiana supo afrontar los efectos de unión y separación de este par antinómico sentido –pulsión. Por su parte Lacan, a lo largo de su enseñanza no dejó de oradar la brecha abierta por Freud. Las diversas elaboraciones realizadas no dejan de afrontar el problema de cómo se une y se separa sentido/goce, sentido/real y no ha dejado de afrontar una interrogación constante acerca de cómo operar desde el sentido sobre lo real y es precisamente este intento el que le impulsa a introducir la categoría de semblante.
Presentación del curso
por Ana Lía Gana -Responsable-
El Espacio de este año toma como título y punto de partida una interrogación: ¿Cómo construyen hoy los semblantes los niños y adolescentes?
Partiremos de una interrogación primera sobre qué es el semblante y trataremos de pensar la relación, entonces, que hay entre el niño y el semblante.
En el Seminario de J.-A. Miller “De la naturaleza de los semblantes”, el cuál será el seminario que nos oriente, Miller ubica allí el semblante como una categoría, la cual está precedida, a mi modo de ver, por lo que en el seminario sobre “Las psicosis” Lacan llama la apariencia. La apariencia entonces es el término que encontramos previo al de semblante.
Desde la filosofía, la apariencia es la manifestación externa, dada directamente a los sentidos, de la esencia de las cosas o, con más exactitud, de alguna parte de la esencia. En este sentido, la apariencia es equivalente al fenómeno. Para el psicoanálisis en la medida en que el referente está perdido, se trataría sólo de semblante, ya que el semblante es lo que vela la nada.
Miller propone en este sentido, la siguiente interrogación: ¿qué más afín que la mujer al semblante? Si mujer y semblante muestran esta afinidad, nosotros nos hacemos la siguiente interrogación: ¿qué relación tiene el niño con el semblante?
La respuesta nos la brinda el propio texto, en el cuál se pone de manifiesto que es a partir de la sexualidad femenina que se intenta elaborar la clínica del niño. Y esto es en tanto que el falo es deseado por la mujer que es la madre, hay entre el falo y el niño una relación de equivalencia o de sustitución. Sabemos que además este deseo es por definición insatisfecho y como no puede ser satisfecho sólo se trata de engañarlo, por ello lo esencial en la clínica, es una clínica del niño engañador.
Si retomamos la pregunta que Lacan toma de la novela de Cazzotte “El diablo enamorado”en la que el personaje central se transforma en doncella, paje, perrito, etc, encarnando la respuesta que seduciría a su amo. Asimismo el infans para responder a la pregunta:¿ qué soy para el deseo del Otro?, arma ficciones, semblantes que taponan la castración de la madre.
A este ternario niño-madre-falo se introduce un cuarto elemento para estabilizarlo, es lo que conocemos como la función normalizadora del padre. Esta función que dicta la ley al falo imaginario sacaría al niño de esta identificación alternante del soy o no soy, vía la promesa de un tener.
Si partimos de la primera elaboración que hace Lacan del falo vemos que nace del lado de la mujer, o sea que este falo es el símbolo imaginario de su deseo, este falo es por ello correlativo de la mujer y al que el niño se presta a ese juego de engaños y luego en un segundo lugar tenemos el falo correlativo al padre, aquel que merece ser llamado significación.
Por lo anteriormente expuesto es que trabajaremos sobre la madre y la mujer, ya que si bien Freud las confunde, o mejor aún da una salida a la feminidad vía la maternidad, Lacan, las opone, ya que la madre es la que tiene y provee y la mujer es la que no tiene. Posiciones disimétricas que inciden en la constitución del sujeto.
Abordaremos también el nombre del padre y los semblantes.
En otra de nuestras reuniones está previsto trabajar sobre “ los semblantes del analista en la cura de un niño”. El semblante, y es lo que hay que aclarar en la experiencia de la cura analítica, no se trata de una simple apariencia, se trata de un fenómeno natural de la experiencia analítica que pertenece a la estructura del acto.
Por otra parte tenemos en la experiencia misma de la cura, los semblantes con los que un niño se presenta y aquellos que construye a lo largo de la cura.
Podríamos hablar de falsos semblantes y de verdaderos semblantes? , de semblantes que orientan al niño y otros que lo confunden?
Recuerdo una primera entrevista que tuve con un niño de 6 años y sus padres, recuerdo que en la consulta solo había dos sillas, y esta maravillosa contingencia permitió el siguiente despliegue. El niño y la madre se sentaron cada uno en una silla, el padre quedó de pie atrás de la madre, mientras me contaban que el niño era muy tímido, e inhibido, el niño interrumpía moviéndose en la silla y preguntando mi nombre, el niño se movía tanto que la madre lo cogió en sus brazos y el padre se sentó en la silla que había quedado vacía. El niño empezó a decir de forma repetida e imparable: tu eres el niño y a continuación: ¿hasta cuándo vas a ser el niño?. El padre se acerco a su oreja y en voz baja le dijo: ya pronto dejaré de ser el niño. Acto seguido el niño dijo, yo soy el padre. Por medio del semblante denuncia la falta de semblante? O nos muestra el falso semblante que no lo orienta y le impide hacer tranquilamente su neurosis?
Por ultimo, trabajaremos sobre lo que hemos titulado “El encuentro con el Otro sexo”, ya que es justamente en la llamada adolescencia donde se pone a punto la parada fálica y el semblante de hacer de hombre frente a una mujer. Es el momento también en el que la estructura se pone a prueba.
El programa al ser desplegado cada vez en una dirección nos va a permitir pensar sobre el semblante en la clínica con niños, es por ello que en cada reunión se presentará una viñeta que ilustre aquello que abordamos.
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