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Entrevistas de Actualidad

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Una contribución de Esthela Solano;

Éric Zuliani : Palabras sobre el pase

Publicado 74, rue d’Assas en Paris 6ème por JAM

viernes 17 de octubre 2008 (2)

- CPCT-Lyon : este establecimiento acaba de dirigirme el boletín que realizó en un tiempo récord con el plan que compuse este lunes para el boletín electrónico de Bordeaux; no creo poder saludar mejor esta hazaña que dirigiéndome a Lyon durante 2009 para una Conversación sobre la base de este documento, que será puesto on line el lunes próximo con el boletín del CPCT-Bordeaux.

ESTHELA SOLANO : la zona de sombra

Querido Jacques-Alain,

Le envío un texto. No me satisface completamente, pero en este momento no puedo hacerlo mejor. Me he dado cuenta que este asunto es una verdadera serpiente marina. Creemos atraparla y ¡hop! se escapa. Mi contribución es muy modesta, pero testimonia de un esfuerzo auténtico para circunscribir lo que está en juego. Si usted considera que no vale gran cosa, entonces puede quedar en mi computadora y no ser difundido.

Muy cordialmente. Esthela

Todo el mundo sabe que la belleza es bella

Esto es lo que constituye su fealdad

Todo el mundo sabe que el bien está bien

Esto es lo que constituye su imperfección.

Lao-tseu

¿A favor o en contra? ¿Demonización o exaltación de sus cualidades? Es el binario que parece atravesar los espíritus en este momento en que nuestro debate se centra en torno del fenómeno CPCT. No se trata de criticar sus vicios o de exaltar sus virtudes. Me parece que por este sesgo no se llegará a desembrollar aquello de lo que se trata.

¿Entonces? ¿Qué es aquello de lo que se trata? ¿Y cómo ceñirlo de un modo que sea digno, sin caer en el pulular de habladurías que nos dividen en torno de una línea que separa de un lado a aquellos que están a favor y del otro a aquellos que están en contra? No hagamos de este debate un simple enfrentamiento de grupos, pues degradaremos su alcance.

Se trata, a mi juicio, de extraerse de todo efecto del a favor, o en contra, de toda consistencia de un “Nosotros”, que se trataría de defender, con el fin de encontrar una posición justa, es decir analítica. Esta posición es la de una soledad. De la soledad de un “yo” que dice y que no puede decir más que a condición de arrancarse, extraerse de la experiencia misma, de la experiencia de la cosa CPCT.

Practiqué la experiencia, durante 5 años y medio. La practiqué y la sostuve. También cuando fue necesario salí a explicar sus principios y dar razones, frente a sus detractores, sobre la justeza psicoanalítica.

No reniego de mi experiencia. Fue muy rica, y cada vez que tuve que vérmelas con la demanda que parte de aquel que sufre, salí enseñada. También fui enseñada por mis colegas, cada vez que presentaron un caso, exponiendo de un modo muy económico lo esencial, tomando en cuenta los detalles, formalizando las coordenadas del caso, demostrando cada vez, en cada caso su manera de jugar la partida con lo imposible en juego.

Cada uno puso algo de sí y cada uno pagó el precio de esta experiencia dando su tiempo y su persona, sin cálculos.

Lo serio era lo conveniente . No creo equivocarme si digo que cada uno de nuestros colegas dio pruebas de querer ir más lejos, de no contentarse por ejemplo con lo que podía ser elucidado a propósito de un caso en ocasión de su elaboración realizada en los grupos clínicos, pidiendo un control para poner bajo control su posición en la dirección de tal o cual tratamiento.

Me doy cuenta escribiendo estas líneas, que pongo de relieve aquí los efectos positivos de formación surgidos de esta experiencia. Sí, efectos de formación innegables, no porque la práctica dé la impresión de formarse, sino porque lo que la práctica viene a revelar como defecto, como falla, como traba, solicita, incluso empuja a aquel o aquella que está en posición de practicante a buscar por el sesgo del control o bien en su propia experiencia de análisis para interrogar su embrollo subjetivo.

Por lo tanto, ¿Dónde está el problema? Tal como analizo mi experiencia y la de aquellos con los que trabajé, yo diría que no lo hay.

Sin embargo en el curso de los años, tuvimos cada vez más y más demandas. Y esto a causa de nuestro éxito. Ocurre, como se lo puede verificar, que los sujetos que salen del CPCT hicieron saber de su satisfacción a otros: amigos, colegas, pareja, miembros de su familia. ¡Les dijeron que hay un lugar donde pueden encontrar un psicoanalista, que es gratuito y que es formidable!

O bien tal médico o tal educador social dijo a tal o cual sujeto en riesgo que venga al CPCT. También, algunos CMP no pudiendo más con algunos pacientes, se liberaron de ellos, dirigiéndolos al CPCT. Podemos también hacer una larga lista de los diferentes casos de modos de llegar a la dirección del CPCT y cuyo denominador común es nuestro éxito.

Ha habido un efecto « Aprendiz de brujo » tal como podemos verlo en el film Fantasía de Walt Disney.

Algo a nivel de nuestro éxito nos jugó una mala pasada. ¿Cómo puedo leer lo que yo llamo, “mala pasada” a falta de encontrar otro nombre? Puedo leerlo a través de los efectos que se presentaron para mí como efectos de un demasiado lleno que de manera insidiosa tomó mi deseo.

Me explico. No a nivel del deseo en juego cada vez que recibía alguien en consulta, o en tratamiento. No, hablo del deseo en juego a nivel institucional, a nivel del lazo al colectivo CPCT.

Me explico. No se trata de lazo a cada miembro del CPCT en su singularidad, se trata de una degradación del deseo como consecuencia de una forma de funcionamiento. Esta forma de funcionamiento produjo una cierta nivelación de nuestra experiencia sin saberlo. Quisiera ser aquí precisa, si digo “nivelación” me refiero a algo que corre detrás de las exigencias impuestas por el éxito y que va a ponernos a unos y otros, en diferentes lugares y a grados diversos, a dar vuelta una manivela.

No logro aquí decirlo mejor.

Solo sé que no fui a buscar el placer en el CPCT. Hay que estar muy enfermo para pretenderlo. Pero como soy una incurable, sé que no puedo moverme ni comprometerme en alguna acción o actividad cualquiera, si no encuentro un “plus de gozar”. Que quede claro, no se trata de ir a hacerme cosquillear buscando frotarme con el grupo. Se trata simplemente de encontrar que la acción está animada por un deseo porque está ligada a una causa. Esta relación con la causa es incandescente cuando se trata de psicoanálisis. Y esta relación con la causa se hace ganancia de placer si el deseo se encuentra en su eje.

No hay deseo más que en la relación de cada uno con lo más singular de su modo de goce fundamental. El régimen del Todos o Para todos, no me conviene, masacra el deseo.

¿Quién dijo que en el CPCT estábamos en el régimen del Todo? Es mi cuerpo el que lo dijo. No quiso ya desplazarse para ir a la calle Chabrol. Se volvió pesado, muy pesado. Empezó a pesar toneladas.

Fue necesario que yo haga un agujero, que salga. La salida, no la sometí a discusión, no la comuniqué antes de tomarla. Esto me fue reprochado fuertemente. Se me dijo, una vez que abrí la puerta que yo huía cuando el barco empezaba a hundirse.

Habiendo salido, me volví “éxtima”, en una posición de interioridad exterior. Es a partir de esta posición, que hablo, para interpretar mi errancia.

Tomo esta errancia como siendo del orden de un embrollo. No es un embrollo que tendría lugar en la práctica efectiva, la que se realiza con los pacientes del CPCT. Es un embrollo que me ha cegado como siendo un efecto institucional, consecuente al éxito del CPCT.

Me parece que lo que está en cuestión, es el real en juego en la formación del psicoanalista. ¿Cómo se lo circunscribe, cómo se atrapa ese real? Lacan concibió el pase para responder a esta pregunta.

La tensión " pase/CPCT " es la del psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado.

Nadie pensó hacer el pase en el CPCT. Ciertamente. Pero es verdad que en el curso del tiempo, se impuso la evocación del pase desde el momento en que se hablada del CPCT o viceversa.

Dije en el 2006, en ocasión de un Seminario animado por el Consejo de la ECF, que teniendo en cuenta la detención de la experiencia del pase en la Escuela, en ese momento, podíamos constatar que la libido migraba hacia el CPCT. Yasmine Grasser habla en su texto aparecida en ECF- Méssager, del CPCT como habiendo tenido la función “de pulmón” para la Escuela.

Tenemos el derecho de preguntarnos si el pulmón da aire o si el pulmón succiona el aire. Jacques Alain Miller utiliza el muy justo término de « succión de libido » en su entrevista.

Hemos padecido, a mi juicio, un recubrimiento de lo imposible que está en el corazón mismo del psicoanálisis, por los efectos de unificación de una experiencia que nos encandila por su cara de éxito. En lugar de estar vigilantes, para poner al orden del día la manera en que fracasábamos, nos pusimos a estar felices por el modo en que teníamos éxito.

Dicho esto, queda una zona de sombra, o varias zonas de sombra..

Vamos a avanzar en el esclarecimiento de esta zona de sombra que nos interpela, Continuaremos explorando sus contornos. Partiendo del hilo del CPCT quizá seremos conducidos hacia el centro, y se impondrá también una pequeña visita en torno de la topología de la Escuela.

Éric Zuliani : palabras sobre el pase

Estimado Señor Miller,

Me permito hacerle llegar estas palabras sobre el pase, provocadas por sus dos intervenciones en las Jornadas de la Escuela.

Agradeciéndole vivamente por este trabajo provocado, muy cordialmente, Éric Zuliani

Tuve la necesidad de examinar la manera en que se introdujo el pase para mí y los diferentes lugares que pudo tomar. No puedo decir: “La manera en que lo he subjetivado”, pues siendo un elemento diversamente apreciado por mi desde hace 18 años, permanece opaco. Esto es por lo tanto un documento de trabajo que permitirá, para mí mismo, percibir algo del “fenómeno pase”. Haciéndolo, me doy cuenta que es en el momento donde, de manera decidida, usted examina el “fenómeno CPCT”, que de mi lado tengo la necesidad de decir algo sobre el pase: es la primera vez.

Un fenómeno elemental

El elemento « pase » se introdujo de la buena manera: por intrusión, provocando la perplejidad.

JL Gault a comienzos de los años 90, barriendo el programa previsto para una de las noches de su seminario de estudio, nos habló largamente del pase. Esto no fue para nada claro para mí, pero tuvo efecto. En la generación analizante a la que pertenezco, nos pusimos a hablar. Pasábamos tiempo, en esa época, en auto para ir a derecha e izquierda y las sesiones de trabajo estaban relegadas para hablar del pase: de manera apasionada. Las Jornadas del pase (los sábados en París consagrados a esta cuestión) nos movilizaban pues participaban de los lugares donde veníamos a escuchar a personas hablar de lo que no comprendemos.

Pero hay que decir que las personas que testimoniaban hablaban también de lo que no comprendían – esto se entendía– pero habían atravesado una experiencia. Pienso que son dos elementos que daban la brillantez a la cosa. Inversamente, en una Jornada universitaria, una persona había hecho una exposición sobre el pase precisando que no había hecho la experiencia: inútil.

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La entrada a la Escuela

Sin embargo, el pase se inscribió en mi análisis: sí, pues yo me decía que haría esta experiencia y en ese sentido, tenía un lugar ; no porque hubiera el “no enseguida”. Sin embargo, el pase no era entonces inhibidor o aplastante. Al final de los años 90, quise hacer mi demanda de entrada a la Escuela, sabiendo que haría entonces el pase: esto estaba para mí ligado, es un hecho. Más precisamente, no veía cómo podía entrar a la Escuela de otro modo que por el pase. Señalo este lazo que había hecho y que es quizás equivocado, pero no tanto, desde un cierto punto de vista. Pues en efecto, cuando se trata de entrar a la Escuela, la vía dicha de títulos y trabajos no me satisfacía por razones que me eran propias, pero no que: que nada me sea demandado, en términos de exigencia, sobre mi análisis, no me satisfacía.

Una idea simple

Desde entonces, el pase no fue inhibidor en el sentido estricto, sino menos deseable, ¿En qué puedo fundar esta afirmación? En el hecho de que no circula ya en las palabras de cada uno, amigos y colegas, sobre el enigma de lo que es; enigma que no podemos resolver, conservo esta idea, más que en posición de enunciación. Toma la forma, a mis ojos, actualmente, de largos relatos que guardan un toque épico, y que hacen, me parece, desaparecer el instante del pase. Pues en efecto, el pase me parece como un instante, un momento crucial, y el relato hace más bien consistir la duración. Sin embargo, dos textos en lo que concierne al pase me reengancharon durante estos últimos años. El primero, lo encontramos bajo vuestra pluma, en la introducción de ¿Quiénes son vuestros psicoanalistas? Usted se pregunta por qué maniobra de prestidigitación logramos presentar el pase al público como una idea retorcida de Lacan, en tanto que es muy simple y lógica. El segundo fue dicho por E. Laurent en la Jornada de homenaje a los Lefort. Allí, también él evocaba los momentos de pase. Ambos me confirmaron que el pase es muy necesario y simple en su concepción, y el plural lo ha pluralizado, hay que decirlo y vuelto a cada uno y por lo tanto a mí, para comenzar. .

No sabemos lo que es el pase

Para terminar, me parece que el pase funciona desde hace un tiempo como un elemento apriori ; de cierto modo tenemos una secuencia pase luego se ubica allí el testimonio. El trabajo de los carteles del pase y de los pasadores se hace, por supuesto, pero no esta verdaderamente a cielo abierto. Del mismo modo, no tenemos nunca a cielo abierto el proceso mismo: del testimonio a la cuestión de saber si esto es un pase. En otros términos, existe un cierto número de “lugares” (cartel, rúbrica de la LM, Jornadas, testimonios) llamados “pase” y se ubican allí cosas que de pronto se llaman “pase”. Brevemente, no hay más lugar donde se pueda decir de nuevo: “El pase no sabemos lo que es, examinemos testimonios y veremos luego si esto se llama el pase y por cuales razones.”

Me doy cuenta al final de estas palabras que JL Gault, al comienzo de los años 90 hablando del pase, había introducir esto: “El pase, no sabemos lo que es”.

Traducción: Silvia Baudini