De: De AMP-UQBAR

 

Entrevistas de Actualidad

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No Hay sino los CPCT(2):

Gil Caroz, Manuel Fernández Blanco

Jueves 27 de Noviembre de 2008



MANUEL FERNANDEZ BLANCO: La clínica del Campo Freudiano en la Coruña

La Cínica del Campo Freudiano en La Coruña ha abierto sus puertas el 1º de Diciembre de 1997, hace casi 11 años. Desde entonces, cerca de 1000 pacientes han sido tratados allí. (La Coruña es una ciudad de 250.000 habitantes) Nos guió, para su puesta en marcha, una afirmación de Jacques-Alain Miller: “Se puede hacer que el encuentro con el psicoanalista no tenga precio para un sujeto, incluso si es un caso de psicoanálisis imposible” (“Las contraindicaciones al tratamiento psicoanalítico”, en Mental 5, 1998, p.16).
Nuestra fórmula de pago diversificado no estandarizado, sin que el coste del tratamiento sea obstáculo al mismo, permite una permanencia en tratamiento, sin límite temporal, a determinados pacientes.
La oferta de transferencia facilita para algunos sujetos psicóticos la invención de una solución viable que los estabiliza. Para otros, la Clínica misma puede ser su modo de inserción fundamental al constituirse como un lugar de anudamiento con la ciudad, posibilitador del lazo social. En los casos de neurosis (los más numerosos) aislar el núcleo de repetición fundamental permite, a muchos sujetos, poder hacer con el síntoma algo diferente a padecerlo.
Comprobamos que en la época de la precariedad simbólica la separación no pasa, con frecuencia, por la alineación. Por eso, la desinserción se generaliza al mismo tiempo que la objetalización del sujeto. La clínica del resto pasa a un primer plano porque el sujeto actual hace economía del inconsciente y pone entre paréntesis la deuda simbólica. Esto permite pensar la precariedad simbólica al margen de la psicosis.
Más del 50% de nuestros pacientes proceden de servicios sanitarios públicos (el 25% nos son derivados desde los servicios de Salud Mental). El 15% de las derivaciones las hacen psiquiatras y el 44% médicos no psiquiatras. El resto de los pacientes son derivados mayoritariamente por psicólogos y por personas vinculadas al psicoanálisis y al Campo Freudiano. Así, la Clínica funciona como un extimo de la salud mental. Da una respuesta al malestar en la salud mental que, al estar orientada por un ideal de adaptación y no contemplar la particularidad del sujeto, produce efectos de segregación y cronificación. Por eso muchos pacientes nos son derivados cuando el objetivo de adaptación, propuesto por los dispositivos de salud mental, ha fracasado. Comprobamos como en algunos casos la desinserción más grave es la consecuencia de un intento de normalización laboral.
A pesar de que no hay límite temporal al tratamiento, la media de sesiones realizadas por paciente es de 18. Es decir, a pesar de no establecer limitación temporal (como en los CPCT, que está ligada a la gratuidad), en la práctica la mayoría de los tratamientos tienen una duración similar a la que se establece para los CPCT.
El 80% de los gastos de la Clínica, se cubren con el pago que realizan los pacientes. Además, contamos con una única subvención (de la Diputación de La Coruña) que nos permite una economía holgada y tranquila, al mismo tiempo que supone un reconocimiento social a la utilidad pública del psicoanálisis.
La Clínica se rige por sus propios criterios de funcionamiento y la única demanda que acepta del Otro Social es la demanda clínica, sin condicionantes. El equipo asistencial lo forman 15 personas y la dimensión de formación clínica para los practicantes está en el centro de la experiencia. La incorporación al equipo asistencial exige el paso previo por las actividades del instituto, un análisis personal avanzado, y la vinculación a la Escuela como miembro o socio de la Sede.

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GIL CAROZ: L’UPO-Bruselas

Tomado en el movimiento de creación de los CPCT sobre el territorio de la ECF, nosotros hemos creado en Bruselas L’UPO, Unidad Psicoanalítica de orientación. Hemos elegido, dentro de la fórmula de los CPCT, únicamente la dimensión de “Consulta” y no la del “tratamiento”. Ese es el sentido que le hemos dado a la palabra “orientación”. Se trataba de dar orientación en cuatro sesiones gratuitas a los jóvenes, niños ó adolescentes, así como a sus Otros (padres, educador, escuela) en los momentos de encrucijada subjetiva, momentos de crisis. Cada caso ha sido confiado a dos practicantes, uno para acoger al sujeto, el otro para su Otro.
En L’UPO nos aplicamos a hacer pasar todos los casos por la reunión de equipo. Preferimos diferir el tomar a cargo antes que aceptar los casos que no podrán ser puestos al estudio. Cada caso es sometido a la reunión después de la tercera sesión a fin de que los practicantes puedan dar una orientación calculada a la cuarta y última sesión. Consideramos que la orientación es ante todo un decir comunicado al sujeto. Las reuniones se realizan en presencia de un analista experimentado que no forma parte del equipo. Este colega miembro de la ECF teniendo experiencia clínica en instituciones, tiene la función de un Más- uno de la reunión.
L’UPO y las subvenciones
La creación de L’UPO se ha hecho rápidamente. Una vez decidida, el equipo ha sido reunido entre los miembros de la ACF y la ECF en Bélgica (8 personas al comienzo, 9 hoy) y un mes más tarde encontramos nuestro primer paciente. Desde el comienzo hemos gozado de una facilidad logística. El Centro Médico-Psicológico (CMP) del Servicio Social Judío de Bruselas, lugar donde trabajo desde hace 11 años, ha dado sus auspicios a este proyecto, y puesto a nuestra disposición sus locales, sus servicios de secretaría y los gastos de seguros necesarios. No hemos jamás debido partir a la caza de subvenciones. Sin duda no son nuestros bellos ojos los que han conducido a este servicio de Salud mental a esta generosidad. Antes bien, desde hace largos años, algunos de nosotros somos empleados de ese Servicio para hacer valer la eficacia del Psicoanálisis. Esto, no sometiendo de él las cifras a la evaluación, sino yendo a encontrar regularmente al Consejo de Administración y en él presentando, muy simplemente, los casos clínicos. La confianza que hemos obtenido en las competencias clínicas de aquéllos que son formados por el psicoanálisis lacaniano nos ha valido, en el momento de proponer la creación de L’UPO como proyecto del CMP, que la respuesta fuera rápidamente afirmativa, dejándonos llevar este proyecto con total libertad.


L’UPO y la formación


Todos los miembros del equipo de L’UPO aplican el psicoanálisis en instituciones desde hace años: en el Courtil, en l’Antenne 110, en Enaden (Centro para toxicómanos) y en otros centros de salud mental en Bruselas. Todos han testimoniado ya de su práctica de psicoanálisis aplicado en el marco de R13, del CEREDA, del CIEN y del TyA. Estos últimos años particularmente nos hemos regocijado de ver la Escuela inclinarse por esta esta clínica. Nosotros hemos querido, también, dar un eco de nuestro saber-hacer acumulado desde largos años en nuestros análisis y aplicado a la terapéutica en esos lugares de lo “Social”. En la Escuela, son los CPCT los que se han hecho caja de resonancia de esta clínica. Nosotros hemos querido permanecer en el debate, no caer de ese lazo social que nos pone al abrigo de la soledad total en el seno de los equipos “multidisciplinarios” de las instituciones y de las redes de la Salud Mental. Nosotros hemos tenido la impresión de que para participar de los debates de la Escuela hacía falta formar parte de un CPCT o de una estructura semejante, como L’UPO. De allí su creación.
¿Los miembros de L’UPO tienen necesidad de “formarse en el psicoanálisis aplicado”? Yo lo afirmo: Jamás! No porque su formación sea acabada. En nuestro campo, como lo decía Jacques-Alain Miller el 12 de Octubre, “no se está ahí jamás”, se “deviene” siempre. Pero como lo he indicado, todos esos colegas se han ubicado en los lugares del Otro Social y tienen buenas ocasiones de ejercitarse en esta práctica de psicoanálisis aplicado. Por otra parte, ¿no hace falta tener un final de formación detrás suyo para pretender “orientar” un sujeto en cuatro sesiones?.
Cuál es entonces el plus-de-gozar que L’UPO procura a los miembros de su equipo? En el momento de la reunión tenemos la ocasión de examinar, en un pequeño comité de analizantes y con un analista experimentado, sobre los casos, uno por uno, con mucha precisión. Esto, no en el marco de un coloquio ó de un seminario, sino frente a lo real de la clínica para de él desprender la lógica del caso y calcular la intervención de la cuarta sesión. Eso -nosotros nos lo decimos- es la formación!
Sin embargo, porque estamos en un momento de auditoría de los “CPCT y compañías”, ¿no hay lugar para plantear las preguntas en relación a ello? En todo caso, yo era sensible a la orientación dada por Jean-Luis Gault en el CPCT de Nantes [i], que ubicaba la discusión de los casos en equipo al final del tratamiento, una vez que él ha sido acabado. En efecto, calcular juntos una intervención en un tiempo que la precede, ¿no estamos en tren de diluir el acto del analista?. ¿No estamos en tren de confiar la responsabilidad del acto al “Otro”de la reunión?. Si este es el caso, este dispositivo es antes bien una contra-formación que una formación. Ningún otro sino el análisis y el control para formarse en el acto.

De un discurso al otro


¿L’UPO participa de la batalla por el psicoanálisis? ¿El contribuye a introducir un grano de arena en los engranajes de la máquina del Otro evaluador, aquél que amenaza con “arrancar el corazón” al psicoanálisis?
No hay, me parece, una población que no sea evaluada, mensurada, segregada a partir de la norma, más que los niños. Asimismo, no hay una población que no sea más reprimida que los adolescentes cuando sus síntomas brotan en otro lado que en las exigencias establecidas. Diferentes “especialistas” se hacen los agentes de esas operaciones de evaluación y represión. Tachados como siendo problemas de comportamiento, problemas de concentración, de adicción, o aún nombrados “hiperactivos”, “disléxicos” ó “alto potencial (HP)”, esos niños son reunidos en instituciones de enseñanza especializada, mientras que los adolescentes son dejados de plano, siendo la carga de su exclusión atribuida a ellos por el término “desenganche”. En efecto, al escuchar el discurso ambiente, el adolescente no es jamás excluído, el “ desengancha”.
L’UPO, por su slogan “una orientación en cuatro sesiones” hace figura de “especialista”. Así él espera al sujeto allí donde él no puede hacer otra cosa que someterse al discurso cientificista ambiente. Salvo que el “especialista” de L’UPO no toma apoyo para la orientación que da , del saber previo de las estadísticas y las normas. Al contrario, se trata para L’UPO de arrancar al sujeto, aunque sólo sea un poco de su sumisión al saber del “especialista”, para orientarlo cuando es posible, sobre su propio saber, sobre su propio decir. Se trata entonces en un primer tiempo lógico de aflojar el sujeto de la identificación a los significantes y a los goces impuestos por el Otro. Enseguida, en un segundo tiempo, se trata de reorientarlo sobre su propia solución. Como indiqué más arriba, hemos elegido interpretar la palabra “orientación” en el sentido de un decir comunicado al sujeto, del cual la perspectiva enfocada puede ser múltiple: un efecto de interpretación para que soporte la división abriendo la vía hacia el psicoanálisis, una confirmación y un reforzamiento del síntoma en el caso en que la solución sintomática vacila, una separación del Otro en el perseguido, y una orientación sobre el Otro en el desenganchado. Muy a menudo, ese decir es acompañado de una dirección hacia una persona o una institución para una continuación del hacerse cargo.
Ejemplos clínicos
Así, una madre angustiada llega a L’UPO a continuación de una palabra de un psicólogo que debía ser antes bien tranquilizadora: “su hija es normal, tiene algunos problemas de concentración, ella no irá a Catteau (escuela reputada como exigente en Bruselas). Es todo!”. Frente a la angustia de la madre que quería conocer el fondo de esos “problemas de concentración”, la hija no puede sino dormirse. Es lo que aparece en la sesión en presencia de la madre y los dos practicantes de L’UPO. Interpelada por uno de ellos que le dice estar interesado en su palabra, la hija entrega una pregunta que la inquieta: “qué es lo que precede, es el huevo o la gallina? A partir de allí ella se despierta. Tomando apoyo en la metáfora del huevo y la gallina, la madre, la hija y los practicantes despliegan en una suerte de conversación, una relación madre-hija marcada de extrema angustia “a dos” alrededor de la cuestión escolar. La ambigüedad entre el huevo y la gallina se revela como siendo el testimonio de una forma de no separación entre la madre y la hija, de una dificultad en distinguir dos significantes, uno para la madre, otro para la hija. La cuestión de los “problemas de concentración” se desplaza entonces y encuentra su lugar de verdad con un efecto de alivio.
Otro ejemplo: un joven adolescente, excluído de la escuela por problemas de comportamiento y muy “hiperactivo” nos entrega desde la primera sesión que él adora pescar. El puede pasar horas, sentado, la caña de pescar en la mano, esperando la mordedura. Nosotros le decimos que él es el primer pescador hiperactivo encontrado en la historia. El puede entonces describirnos el empuje a la mujer al cual él está sometido y el síntoma que ha desarrollado para ahí precaverse: un saber hacer notable respecto de la mecánica de los automóviles y una identificación al mecánico. El puede ahora servirse del dispositivo de L’UPO para defender ese síntoma en relación a su padre que sueña aún que su hijo terminará siendo médico ó abogado.
Un joven adolescente referido por un especialista como HP (Alto Potencial) está en fracaso y exclusión escolar. El mundo a su alrededor es “sólo un HP puede comprender a un HP”. El será químico, él construirá el arma que necesita para destruir el mundo. El demanda a L’UPO ocupar la función de abogado para él, de defenderlo en relación al “tribunal de la escuela” para que él pueda reintegrarse. En L’UPO nosotros le pedimos “a cambio” abandonar una parte de ese goce. El acepta, haciéndonos partícipes de la extrema angustia que representa para él el abandono de su posición arrogante contra el mundo. Nosotros hablamos en su favor en la escuela. La escuela no tiene en cuenta eso pero él nos dice haber cambiado de proyecto. El escribe un libro sobre la mafia y quiere ser abogado. Acepta nuestra orientación hacia un hospital para atender sus angustias insostenibles.
Problemas clínicos
La sordera del especialista al saber inconciente y a la amenaza de lo real lo pone al abrigo de la transferencia. Su saber es una anti-transferencia, saber expuesto ya allí, que aplasta la separación entre los significantes y anula la posibilidad de suposición de saber.
En L’UPO, lo hemos dicho, nosotros aspiramos a un pasaje de un discurso al otro, del discurso segregativo de la ciencia hacia una orientación del sujeto sobre su propio decir. Entonces, Lacan nos lo ha enseñado, un pasaje de un discurso al otro es correlativo al surgimiento del amor. Con L’UPO nosotros hemos creado entonces un dispositivo que, por estructura promete el surgimiento de la transferencia, ya sea eso de manera discreta o espectacular. Es un problema clínico que nos estorba, que nos embrolla desde hace largos meses. Hacemos todo para justificar nuestra gestión, teorizarla, argumentarla, pero no creemos ahí. Los casos que he mencionado son casos afortunados. Es suficiente aligerar al sujeto de las identificaciones que le son impuestas o aún del superyo de la demanda del Otro, para que parta satisfecho, sin demandar nada más. Pero en una gran parte de los casos, el dirigirse L’UPO es una demanda camuflada de tratamiento psicoanalítico. La transferencia ya está allí desde antes de la primera sesión. El encuentro con el practicante de L’UPO crea inevitablemente una transferencia que nosotros no podemos asumir en cuatro sesiones. Ciertamente, hacemos acrobacias loables a fin de no abandonar al sujeto: continuar nosotros mismos el tratamiento en otro marco, enviar al sujeto a otro analista, recibir sus noticias… Lo que no impide que estamos forzados a constatar que el dispositivo es inadecuado desde ese punto de vista. Es la razón por la cual hemos ingresado últimamente un dossier a la ECF con el fin de transformar L’UPO en CPCT, es decir, agregar 16 sesiones de tratamiento a las 4 de orientación. Hemos comenzado ya a operar así sobre el terreno.¿ Pero nosotros ahí creemos más que eso? No seguramente. ¿Cómo transferir la transferencia después de 16 sesiones suplementarias, asimismo si el sujeto ha sido prevenido?.
Constatamos que como para la sexualidad el sujeto niño entiende lo que él puede. Uds. explican a los niños cómo vienen los niños al mundo, ellos continúan teniendo su teoría sexual, que el niño es concebido por vía de la evacuación intestinal de la madre, por ejemplo. Asimismo, Uds. le dicen a un niño que las sesiones serán suspendidas después de 4 ó 16 sesiones, él no entiende ni jota, él está sorprendido y decepcionado cuando debe despedirse de L’UPO.
No obstante, como lo ha hecho notar Alexandre Stevens repetidas veces, el breve plazo del hacerse cargo instala un límite al principio de gratuidad. En efecto, un hacerse cargo gratuito y sin límite haría de nosotros un Otro consistente a semejanza del Otro religioso que los toma a cargo por amor y caridad. Queda en nosotros la sospecha que ese principio de gratuidad nos pone en posición de hacer de Otro en relación al sujeto. Por otra parte, caemos a veces en esa trampa. Una vez que nos hemos pronunciado en relación a un caso, las otras instancias, médicas, jurídicas ó sociales, se dirigen a nosotros aún y aún para pedir nuestra asistencia y nosotros somos aspirados para responder ahí. Es por ese bies que L’UPO algunas veces se hace avalar por la demanda del vampiro social. Es allí que debemos traer de nuevo nuestra operación al nivel del acto analítico, para diferenciarlo del acto terapéutico y religioso.

Para concluir
El debate lanzado por Jacques-Alain Miller concerniente a la relación del psicoanálisis lacaniano a lo “social” hace montar sobre la escena una serie de problemas que quedan bajo la barra desde la creación de L’UPO. L’UPO no sufre la patología de la caza de subvenciones, lo que la pone al abrigo de esta forma de engullimiento por lo Social. En eso, ella parece ser una buena fórmula para introducir el psicoanálisis en el discurso ambiente. Por otra parte, ella se ubica en el justo medio de ese discurso, porque está bajo los auspicios de un centro de salud mental subvencionado por las instancias estatales. Vale más entonces que ella quede ahí y no devenga un CPCT. Por el contrario, una serie de preguntas que conciernen la formación del psicoanalista así como cuestiones concernientes al dispositivo clínico, la obligarán a rever su funcionamiento y a rectificarlo.

 

[i] Entrevistas de Actualidad, Nº VII, texto de Giles Chatenay.



PUBLICADO 74 RUE DE ASSAS EN PARIS 6º PAR JAM




Traducción: Graciana Rossiter

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