Entrevistas de Actualidad
16
H. Freda con J.A. Miller (continuación)
Publicada en 74, rue d´Assas en Paris 6ème por JAM.
Jueves, 13 de noviembre de 2008(2)
--Respuesta a Simone Souto (Bello Horizonte): Querida Simone, tal como lo describe, el CPCT de Belo es un lugar ideal: es una actividad que no necesita subvenciones, los consultantes (1) son esencialmente los miembros de la Escuela y no dan más que un poco de su tiempo. Todo parece medido, meditado, controlado, tocado por el sello del buen sentido mineiro, lo que legitima su conclusión optimista. Me gustaría sin embargo conocer las objeciones que se han expresado, y que señala en una frase ( supongo que hace alusión a la posición de nuestro querido colega Barreto). En cuanto a su invitación, se lo agradezco, y le responderé con mucho gusto yendo a visitarles durante el 2009, afín de hablar de psicoanálisis aplicado, pero también de psicoanálisis puro, pues todo indica, ciertamente, que no hay que considerar nunca el uno sin el otro. Muy cordialmente a ud. y a los colegas de Belo, JAM. El 4 de noviembre de 2008
LA CLÍNICA DEL CPCT
J.A. Miller: “Estoy de acuerdo -me decía la semana pasada- en retomar la discusión en el punto preciso de su interpretación”.
F. H. Freda: Sí. ¿Qué ha pasado en el CPCT desde el punto de vista clínico, concerniendo incluso el tratamiento de los pacientes? En un primer tiempo, se ha necesitado situar cómo escuchar a los que llegaban. Muy rápido me di cuenta que había puntos de vista diferentes, unos centrados en criterios que diría estructuralista, en el sentido “neurosis, psicosis y perversión” y otros en criterios centrados en lo que podía ser la psicosis ordinaria. Al mismo tiempo, aparecían corrientemente nociones salidas de su enseñanza sobre el seminario sobre Joyce, Le Sinthome. Poco a poco lo que se reveló como lo más importante fue la presentación de casos clínicos: Cómo presentar el caso para que fuera legible para todos, es lo que hicimos en las reuniones mensuales en las que acentuaba los efectos de la intervención del analista. Era necesario aclarar los efectos de la intervención misma.
Este momento duró mucho tiempo, para encontrar una manera de presentar, de interpretar, con las discusiones de la orientación del caso: ¿cuál era la estructura? ¿Qué fenómeno se presentaba? ¿Había una resolución de lo que era la primera demanda? Se desprendía una manera de orientar las cosas, pero –me acuerdo de haber hablado de esto, al final de mi mandato, con algunos colegas, sobre todo con Serge Cottet- faltaba un segundo momento: habría que ir más allá de una comprensión “fenomenológica” del caso para entrar en su comprensión más íntima. Desde el inicio lo que aparece, y eso se afina a medida que avanzamos en el trabajo, es la importancia de encontrar un analista ¿Qué dará el encuentro con un analista?
Para el paciente encontrar un analista no es lo mismo que encontrar a cualquier otro. Es un encuentro bastante único. La idea del tratamiento era los efectos que produce encontrar un psicoanalista. Esto no se confunde con el hecho que se sea verdaderamente un psicoanálisis. Nadie dudaba un sólo instante que no se tratase de un análisis, sino del beneficio que el paciente podía sacar al encontrar un psicoanalista y eso marcaba en múltiples casos un antes y un después. No era siempre positivo, podía no dar nada, pero nunca fue un encuentro indiferente.
Usted evocó el hecho que había sin duda un poder de sugestión. Buscamos localizar si había momentos de sugestión o transferenciales. Había que medir el alcance transferencial porque sabíamos que no lo podíamos continuar al infinito. No había que acelerar la maquina para, después, dejar caer al paciente. Era una preocupación importante del seguimiento de cada uno de los casos. Esta es la interpretación que hago del momento clínico.
Algunas críticas
--Hace nueve días, le pedí que tomara en cuenta, incluso para modularlas como ud. lo entiende, las críticas que habían podido ser formuladas ¿Podría decir de qué manera toma en cuenta esas críticas?
--Lo he reflexionado. El CPCT, era un momento particular, y el producto -como ud. lo dijo- de una larga historia que incluso la podemos rastrear. Pienso a 1996, cuando tuvo lugar Angers, Arcachon, todas esas series de movimientos que animó, y que dieron como resultado, entre otros, el Taller de psicoanálisis aplicado, en 2001. Había allí una nueva clínica. Cuando se modula, se reformula las cosas como lo hizo, a partir de las sorpresas de la psicosis, de los inclasificables, etc, había allí una corriente clínica completamente nueva, a la que me adherí enormemente, y ud. sabe porque – a partir de mi trabajo sobre la noción de las nuevas formas del síntoma. Así, hubo el momento del Taller de psicoanálisis aplicado, y dos años después, en 2003, el CPCT.
El CPCT era el laboratorio que ponía en práctica y al estudio esta serie y, diría, casi sin saberlo. Me doy cuenta hoy que llevábamos a la práctica lo que estaba trabajado para pensar la clínica un poco de otra manera y del encuentro con un psicoanalista.
Eso estuvo hecho seguramente con muchos defectos, incoherencias que hay que modificar.
--Sí, pero ¿cuáles son las críticas a las que ha prestado atención?
--¿A lo que presté atención? Nos preguntamos si prestábamos atención a la clínica, por ejemplo. Pienso que hay un punto a considerar: ¿estuvimos atentos para diferenciar el psicoanálisis aplicado y el psicoanálisis puro? No creo que hayamos considerado el encuentro con un analista lo mismo que un análisis.
Otra crítica dirigida sobre el número de personas. Se ha dicho que el CPCT aspira la energía de todos los que están dentro del CPCT ¿Puedo considerar que ocurrió así? La preocupación, en esa época, era el lazo con la Escuela. Se creyó quizás que había algo que dejaba a la Escuela en un parón en relación con lo que se producía en el CPCT ¿Lo puedo constatar hoy? Francamente, creo que quizás habría que encontrar una articulación diferente, si debe haber una articulación ¿La hemos buscado esta articulación? ¿La hemos encontrado?
--¿Podría precisar lo que buscó?
--Por ejemplo, hace cuatro años, cuando la Escuela propuso un seminario sobre psicoanálisis aplicado, nunca se cuestionó no hacerlo. Miembros del CPCT participaron o lo animaron. Me parece que había que estar presente.
Una crítica que ud. hizo concierne al hecho de pedir subvenciones, es decir el lazo con el Estado y las consecuencias que eso podía tener. Efectivamente, hay ahí un punto central del que fuimos conscientes y al que estuvimos muy atentos. Sabíamos pertinentemente que podía haber deslizamientos mayores que podíamos estar sometidos al control y a la evaluación. Advertí en diversas ocasiones a los colegas de la Escuela y al Consejo de administración del CPCT de ese riesgo. Por eso, cuando se respondía a las licitaciones teníamos mucho cuidado con el sistema de evaluación que nos pedían para saber si se podía o no. Miraba eso en detalle para saber si se podía responder a las exigencias. Después, mediamos hasta que punto se podía aceptar o no aceptar o pedir. Ahí, había una elección radical a hacer. O se es completamente libre e independiente, y hay que encontrar el modo de financiación en otra parte, o incluso se hace pagar a los pacientes –pero habíamos optado por la gratuidad. Por otro lado, no teníamos la posibilidad de decir: tenemos 90.000 € todos los años que asegurarían un mínimo ¿Puse demasiado el acento en ese punto? Tenía la obligación de asegurar el funcionamiento económico del CPCT a medio plazo ¿Habría podido hacerlo de otro modo?
Recoger velas
Desde la semana pasada, se me comunico, y busco, un cierto número de informaciones que no disponía en el momento de nuestras entrevistas precedentes. Comienzo por un elemento extremadamente simple –por otra parte, todo es simple. He recibido por correo postal un envío de Fabien Grasser. Me dirige acorde a mi petición los debates verbales de las Asambleas generales del CPCT. Están establecidos por Luis Solano y firmados por los responsables que han tenido que hacerlo. No he tenido mucho tiempo de mirar con detalle estos documentos, me quede satisfecho con tomar el primero, fechado el 6 de julio de 2004, y el último, del 9 de julio de 2008.
El 6 de julio, La Asamblea del CPCT se reunió en la calle Huysmans. Se señala la presencia de un “invitado especial”, JAM –lo había olvidado. Estamos entonces en el 14 mes de funcionamiento del CPCT. Alguien –me parece que ud.- dice: “las 600 consultas al CPCT en este momento provocan una inquietud cierta en la dirección”. En esa fecha el presupuesto previsto de 2004 es de 62.000€ y se indicó que: “Las subvenciones públicas hasta el día de hoy permanecen en tanto que promesas” lo que quiere decir que a esta fecha, el CPCT funciona todavía con la subvención de la ECF. Hay una página entera en la que se menciona mis declaraciones sobre la clínica del CPCT y sobre las diferentes cuestiones abordadas. Extraigo esta frase: “Mi punto de vista es que hay que recoger las velas (…) recoger las velas para poder funcionar convenientemente”
Ahora tomo la Asamblea del 9 de julio de 2008, cuatro años más tarde. Justo antes de las vacaciones de verano. Hace cuatro meses. El informe de actividades y gestión es presentado por Fabien Grasser. Dice: “1400 demandas se han atendido. 530 nuevos tratamientos se han emprendido. Hay actualmente 90 personas que intervienen, de los que 45 son miembros de la Escuela, 10 en formación en la ECF, 35 provenientes del Taller de psicoanálisis aplicado”. Está también indicado –cito- que “los grupos de control clínico pasan de 16 en 2007 a 28 en 2008”, hay un aumento de un 75% en un año. “La Unidad-ados encuentra un nuevo local convirtiéndose Punto de acogida-Escucha jóvenes”. Había un local, ahora hay dos: duplicación. El total del balance de 2007 está nivelado en 154.772 €.
Si se compara estos dos documentos, ¿sería excesivo concluir que la opinión que había formulado en 2004 en su invitación no ha sido seguida?
--Me acuerdo muy bien de esas dos reuniones. La dirección en esa época tomó muy en serio la cuestión de cómo hacer para recoger velas. Había que encontrar los medios apropiados para hacerlo. Eran simples. Había un problema: cómo hacíamos para reducir las demandas y cómo seriarlas. Había un problema técnico, la gente continuaba a venir y teníamos que recoger velas ¿Cómo hacerlo? En ese momento apareció una discusión sobre cómo ser muy estricto respecto a las consultas. No temíamos la intención de reducir este tipo de demandas venidas del exterior. No sabíamos que hacer ante este hecho. ¿Qué razones teníamos, cuando alguien llamaba por teléfono, para decir “no, usted no puede” a uno y “Sí, usted puede” a otro? Hemos evocado esta posibilidad, pero concluimos en su momento que lo que habría que hacer era filtrar el número de pacientes que venían. Hay que distinguir en los pacientes los que vienen y los que siguen un tratamiento ¿Qué indican las cifras? La cantidad de personas que vienen una vez. Habrá que saber cuántos de estas 1600 siguieron un tratamiento. Decíamos a muchos pacientes, después de dos o tres entrevistas de consulta que no se podía dar la continuación al tratamiento. La única manera que teníamos de reducir era con un cierto filtro clínico, saber si se podía o no prestar un servicio al paciente.
--Sin embargo, diríamos que defendió la propuesta contraria a mi opinión, sino no estaríamos en la situación en la que estamos hoy.
--¿Por qué contaría? Tratamos el problema, que no era simple a resolver.
--Bueno. No innove mucho en la Conferencia institucional de mediados de septiembre diciendo que había que recoger velas, porque empleaba la misma expresión que cuatro años antes. No me desanimo, vamos acabar por conseguirlo.
Tuve, hace unos días, un intercambio con Bernardino Horne que me pedía una indicación a propósito del CPCT-Bahía y le respondí en español:
“A: no crecer más: ni una hora más, ni un solo cartel más, ni una sola persona más; si se desea integrar nuevas personas, hacerlo por permutación.
B: separar totalmente las reuniones clínicas y las reuniones de gestión; las de gestión sólo para un pequeño número de personas (4 ó 5); hacer publicas las cuentas y las decisiones de gestión dos veces al año en un documento escrito”
--Muy bien.
--Esto es lo que propongo, si está de acuerdo: que los CPCT existentes no crezcan más, no reciban más pacientes, no creen nuevas unidades, no hagan entran nuevos consultantes. Y si se desea que entren nuevos consultantes que sea por la permutación de los ya están allí. Así pues, primer tiempo: congelación al crecimiento – lo que nos dejará en un segundo tiempo la oportunidad de estudiar la situación del CPCT, a la vez en su conjunto y uno por uno. Las “supervisiones”, los “encuentros de formación”, los RIM, etc, todo eso que se ha desarrollado según el modelo del CPCT-Chabrol, y que no formaba parte del proyecto inicial- debe ser mantenido. Habrá que proceder igualmente a un nuevo enfoque de los CPCT en relación con las Secciones Clínicas –un acercamiento que sea de estudiantes- y en relación con la Escuela. En fin habrá que preguntarse también cuáles CPCT deben seguir, si puedo decirlo así, una cura de adelgazamiento, afín de responder lo mejor posible a su misión ¿Le parece admisible?
--Por supuesto, sin problemas. Es un buen plan para el momento actual.
--La Conversación de Burdeos hizo aparecer también que se ganaría al separar las reuniones clínicas y las de gestión que están actualmente confundidas en lo que ud. llamó las RIM, reuniones institucionales mensuales. No es sano, creo, que las cuestiones de gestión sean mezcladas a los debates clínicos, en cuanto que tienden todo al embolismo. Es preferible que sean tratados por una dirección de 4 ó 5 personas, con difusión de las informaciones por escrito a todos los intervinientes , a intervalos regulares. En todos los casos es lo que aconsejo para Burdeos y Bahía. Me gustaría que dejemos de lado ahora la cuestión el CPCT y que volvamos a la Escuela de la Causa freudiana. Pero ¿estaría de acuerdo en retomar la continuación mañana por la tarde?
--A la misma hora, de acuerdo.
______________________________________________________________________________________________________________________
Proposiciones recogidas
el viernes 31 de octubre de 2008.
1- se ha traducido los términos franceses de consultant e intervinient como consultantes y intervinientes porque son términos específicos de denominación de los analistas en el CPCT-Chabrol (N. de la T.)
Traducción: Mariam Martín Ramos
|