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Entrevistas de Actualidad
1 - Segunda parte
Jacques-Alain Miller con Jorge Forbes
Segunda parte de esta entrevista, que comenzó en Paris, el lunes 13 de octubre, al día siguiente de las Jornadas de la Escuela de la Causa Freudiana.
Jorge Forbes: Entendí! Tú hablas del “retorno a lo singular” luego el “retorno a la clínica”, pero es el “retorno de Jacques-Alain Miller”!
Jacques-Alain Miller: Después de decir lo que dije, no puedo subir de vuelta a la montaña, a mi caverna.
Montaña, caverna?
Las de Zaratustra!
Te quedarás en la planicie, entonces?
Y cómo! No da para andar jugando de padre muerto.
De acuerdo, pero cuando la estatua del Comendador comienza a moverse, amedrenta...
Tú sabes, en el Campo Freudiano, siempre estuve más del lado de Don Giovanni... seduje... hice las listas...
Entonces, dime una de tus “ideas generales”, para ir viendo.
Mira, por ejemplo, los subsidios. Siempre tuve la idea general de que era un veneno. Por qué? Porque ponen a uno a merced de aquél que tiene el poder de conceder o rechazar. Eso se llama, en Lacan, “el Otro de la demanda”. Y es por eso que ni la Escuela, ni las Secciones Clínicas, jamás solicitan ninguna subvención.
Entonces, si es veneno, por qué los CPCT lo hicieron?
Comenzó con el primer CPCT, el de Paris, en la rue Chabrol. Quise que él naciera bajo el signo de la precariedad y que tuviese que salir a la caza de los subsidios. Se dijo desde un primer momento que ese CPCT sería financiado a fondo perdido por la Escuela durante 2 o 3 años, y que luego tendría que vivir de los subsidios que consiguiera. Yo lo puse voluntariamente en una situación riesgosa y de struggle for life.
Pero por qué has hecho eso?
Mi razonamiento fue el siguiente. Teniendo en cuenta la importancia del subsidio en el proceso de reconocimiento social en Francia, por qué no inocular en el Campo Freudiano una pequeña dosis de ese veneno, a título experimental, y tal vez también como vacuna? Quería hacer eso en una superficie reducida y bien delimitada, en un pequeño organismo que sería puesto en observación, y donde se podría seguir los efectos de ese envenenamiento metódico, el movimiento progresivo del sistema inmunológico frente a la agresión patógena, la producción de los anticuerpos, etc. Yo pretendía, entonces, un pequeño CPCT, uno solo. En lugar de eso, tuve un gran CPCT, bien gordo, un CPCT bulímico, que hoy se volvió obeso. Y de allí los CPCT se multiplicaron. No es de extrañar que la presión del Otro social, del Otro de la demanda, se haya vuelto cada vez más insistente. En verdad, ese Otro tomó las riendas. O, por lo menos nos las disputa. Y eso sucede en la Escuela toda, e incluso tal vez en la AMP.
Por qué dices la a AMP?
Porque tuvo lugar recientemente cierto coloquio en Bahia, del cual ni Eric Laurent, ni Leonardo Gorostiza, ni Graciela Brodsky, ni yo, supimos nada, hasta que se nos informó que se trataba de reproducir en Brasil ese proceso nefasto. Eso no es más inoculación experimental. Es la epidemia en gran escala, la pandemia. Es el horror.
Estás exagerando!
Digamos que estoy anticipando.
Tú hablas de “pequeño CPCT”, de “gran CPCT”, qué quiere decir eso?
Yo había pensado en un CPCT con 10, 12, 15 consultantes, máximo 20, con permutaciones frecuentes. En la rue Chabrol, llegan hoy a 90, por lo que parece, y más o menos fijos.
Entonces te pregunto: por qué dejaste que eso sucediera?
Primero, tuve en cuenta que el pliego de condiciones inicial obligaba a ese CPCT a luchar por su vida y era difícil imponerle condiciones extras, de atarles las manos, por así decir. Después, para mí, era una experiencia, como en la química: juntamos los elementos, los colocamos para que actúen unos con otros, y vemos lo que sucede. Una experiencia de la cual se sabe de antemano en qué va a resultar, no es una experiencia. Entonces, tenía curiosidad por ver el resultado, y me quedé pasivo, hands off. Permanecí así demasiado tiempo y, de ese modo, falté a mis deberes, pues tengo el título de presidente del “comité científico” del CPCT-Chabrol, comité que nunca existió. Tenía todos los medios para actuar, y hubiera sido escuchado si hubiese hablado, no vi nada y no dije nada. La culpa es mía.
Lo lamentas?
La respuesta inmunológica fue diferida, pero está ahora desencadenada. No lamento la experiencia, no. Encontramos un verdadero filón social, y aprendemos mucho, pero la ambición del Campo Freudiano de “conquistar la sociedad”, si puedo decirlo así, está en vías de invertirse: si dejamos seguir esto por más tiempo, será la conquista del Campo Freudiano por la sociedad. Cierto umbral fue sobrepasado. Stop.
Qué quiere decir “Stop”? Quieres detener todo?
Quiero parar la deriva, resituar el eje.
Sé más preciso.
No quiero anticipar todo lo que vamos a aprender a partir de ahora, sobre todo lo que está comenzando a surgir.
También creo que anticipas, que tienes hipótesis.
Respecto a los subsidios, sí. Vamos a tener que poner todo sobre la mesa, con los números en la mano: cuáles son las fuentes de financiamiento de los CPCT? Qué uso se hizo de esos subsidios? Vamos a tener probablemente que fijar un plafón. Más allá de eso, supongo que hay una diferencia entre el fenómeno parisino y las otras ciudades de Francia donde, por lo visto, las cosas han sido más razonables, más medidas. Después, en las ciudades del interior, un CPCT es muchas veces acoplado, de hecho, a la Sección Clínica. Un analista en formación ejerce en el CPCT, pero estudia los textos en la Sección. Será que eso sucede en Paris también? Hago la pregunta. Será preciso situar las cosas en sus debidos lugares: el Otro de la demanda, para un CPCT, no son las autoridades políticas y administrativas, es la Escuela, es el Campo Freudiano. Un CPCT está hecho, en primer lugar, para contribuir a la formación clínica de los analistas en formación, en el registro del psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Ni más ni menos. Lo que sirve para esa finalidad es bueno, lo que no sirve, es malo. El crecimiento por el crecimiento, no.
Por qué no?
Porque eso nos situaría en la dependencia del discurso del Amo. El psicoanálisis aplicado se volvería la correa de transmisión de las exigencias del Otro social entre los analistas, y eso sería el fin del discurso analítico, corroído desde su interior por el discurso común. En fin, mi intuición es que, en lo que se refiere a los subsidios, vamos a tener que ir despacio. El CPCT-Chabrol me parece estar regido por un slogan sarkozysta del estilo: “Trabajar más, para ganar más –más subsidios”. Me gustaría más algo como “Menos es mejor”, el “Small is beautiful” de Schumacher. Pero, evidentemente, la cuestión de los CPCT es más compleja que eso.
Continua
Traducción : Marina Recalde
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