DESPUÉS DEL FORO
Debemos felicitar a los 600 participantes del
Foro sobre el Autismo, por el entusiasmo que genero y del que aún se reciben los
ecos en diferentes lugares de nuestra comunidad de trabajo.
Un agradecimiento al comité de iniciativas: Carmen Cuñat,
Lucía D´Angelo, Elizabeth Escayola, Ëric Laurent y Judith Miller y al comité de
organización, que arriesgaron una nueva manera de convocar a distintos
profesionales y a los padres y madres, todos ellos reflexionaron sobre
el riesgo que corremos si se pierde de vista la dimensión subjetiva.
A Margarita Alvarez agradecemos la preparación de la reseña
que ha continuación reproducimos.
RESEÑA DEL FORUM
Margarita
Alvarez
El pasado sábado 19 de junio tuvo lugar en el
auditorium del World Trade Center de Barcelona este Forum promovido por la
Escuela Lacaniana de Psicoanálisis que contó con los auspicios de la Asociación
Mundial de Psicoanálisis, el Instituto del Campo freudiano en España, el Campo
freudiano en Bélgica, Francia e Italia y el apoyo de distintas instituciones
públicas y privadas. La particular ubicación del WTC entre la ciudad y el mar,
en los extramuros de la antigua ciudad romana, lugar de celebración de los
primeros foros –la palabra deriva de “fuera” de las murallas-, puede servirnos
como metáfora para situar este acto de salir de nuestras sedes, de movernos de
nuestros asentamientos para construir un espacio nuevo para la palabra en la
ciudad.
Hay solidaridad entre la construcción misma de este espacio y el tema
de este forum: “Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo”. Es
necesario proveer las condiciones para producir, garantizar la dimensión
subjetiva, para que el sujeto pueda tomar la palabra.
La convocatoria tuvo
una amplia resonancia que se materializó en más de 550 inscripciones y cerca de
50 intervenciones. Hay que agradecer especialmente la cuidadosa labor de la
comisión de organización tanto en la difusión realizada como en la selección de
las intervenciones y el ordenamiento de las secuencias de presentación. Estuvo
formada por Begoña Ansorena, Neus Carbonell, José Castillo, Elizabeth Escayola
(coordinadora), Pilar Foz, Gradiva Reiter, Iván Ruiz y José Ramón
Ubieto.
Hilvanadas en siete secuencias, estas intervenciones fueron
a la vez diversas y únicas. Cada una de ellas fue abordando algún aspecto de la
ideología de la evaluación, de sus significantes-amo, su voluntad de borramiento
de la causa y de dominio y adiestramiento del sujeto, en nombre de principios y
teorías falsamente científicas. Todas, además, llevaban la marca de la
particularidad subjetiva de quien hablaba y demostraron que tomar la palabra
implica movilizar la dimensión del deseo, jugarse algo, y cuando eso sucede
tiene efectos, para uno mismo y para los otros. Estos efectos hicieron que este
foro pasara de ser un claro éxito a ser todo un acontecimiento. Durante más de
nueve horas apenas nadie se movió, todos los participantes permanecimos
absolutamente atentos a lo que se decía.
Trataré seguidamente de reseñar
brevemente aquellos puntos que me resultaron más
interesantes:
Lucía D’Angelo, Presidenta de la ELP, inauguró el
Foro dando la bienvenida a todos los participantes y dando las gracias a todas
aquellas instituciones que apoyaron públicamente su celebración.
A
continuación, Judith Miller, Presidenta de la Fundación del Campo Freudiano
situó el foro como una apuesta de poder escapar a la barbarie cuyo régimen de
evaluación nos amenaza. Frente a la barbarie de una civilización que quiere
cerrar las puertas a cualquier manifestación de la singularidad de los seres
hablantes, hay una elección de civilización. No tenemos otra posibilidad
que apostar –concluyó citando a Pascual-, esto no es voluntario, ¡estamos
embarcados!
Tras el acto de apertura se sucedieron las distintas
intervenciones, breves, concisas y variadas. Como señalé antes, cerca de
cincuenta personas –sin contar las que intervinieron en el debate- tomaron la
palabra para decir algo de sí mismas o de un hijo, de una viñeta clínica, para
señalar un punto, hacer una observación; para hablar de lo que no marcha en la
psicología, la medicina, la universidad, la sociedad; para situar lo que no
responde al amo; para decir algo de las dificultades de hacer frente a esta
ideología de la evaluación que, bajo una supuesta neutralidad, ataca, elimina
con ferocidad la dimensión subjetiva; también para dar cuenta de respuestas
particulares o colectivas, como ha sido, entre otras, este mismo foro. Brillaron
los contenidos pero sobre todo brilló la enunciación.
I. “El riesgo
de la civilización: negar la dimensión subjetiva”
José Ramón Ubieto,
psicoanalista, abrió esta primera secuencia planteando que la psicología ha
tratado de encontrar la cifra del sujeto, pero el sujeto no es evaluable,
incluye siempre una opacidad –incluso para sí mismo. El cientificismo actual
niega esa opacidad y vela, tras el sintagma “evidencia científica”, su voluntad
de dominio y adiestramiento del sujeto. Para el psicoanálisis, por el contrario,
se trata siempre de obtener su consentimiento.
José Andrés Torres Mora,
diputado al Congreso por Málaga (grupo parlamentario socialista) y profesor de
Sociología en la UCM, planteó que tanto el campo psi como el campo político se
hallan ahora ante el desafío de una ideología que quiere sustituir las palabras
por los números. Creen que los números no mienten, pero eso solo es verdad
–añadió- en tanto no dicen nada. Los números no mienten pero sí aquellos que los
usan y se sirven de ellos para construir burdas interpretaciones.
La crisis
actual causa incertidumbre, inseguridad y desprotección por lo que hay quienes
piensan que los políticos deberían callarse y la élite económica tomar el poder
político. Pero hay que aprender a vivir en la contingencia y soportar la
decepción. Se trata de hablar, dialogar, plantear estrategias. Los problemas
políticos no tienen soluciones tecnocráticas sino políticas. Y esto implica más
algo del orden de una apuesta que de una solución matemática.
La escritora
Lolita Bosch habló de la necesidad y la dificultad de construir la subjetividad
del personaje literario. No puede recurrirse a generalidades o arquetipos para
ello: es su unicidad la que nos permite contactar con él, la que nos dice algo
de la nuestra.
El psicoanalista Jorge Alemán planteó tres puntos:
1. La
evaluación no guarda relación con la ciencia sino con la técnica –en el sentido
heideggeriano. La ciencia mantiene una relación con la dimensión de lo
imposible, mientras que la técnica la rechaza.
2. La técnica es correlativa
de la evaluación pero también de la subjetividad, que no rechaza sino que
convierte en espectáculo. Es necesario entonces distinguir entre el sujeto y la
subjetividad: evaluación y subjetividad pertenecen al mismo mundo en tanto
equivalencia de las mercancías; por el contrario el sujeto es singular, no se
puede sustituir.
3) También es necesario distinguir entre la política y lo
político. La política tiene que ver con la circulación infinita de la mercancía
donde todo se vuelve equivalente. Lo político es lo que surge de la dislocación
de la causa. Solo hay instante de lo político cuando la contabilidad de la
política no entra en juego. La política debería mirar al psicoanálisis, terminó
diciendo, como la última perspectiva del siglo XXI que mantiene con el saber y
la causa una relación no técnica.
II. “Un claro ejemplo de la
subjetividad en juego: el autismo”,
Elizabeth Escayola señaló que el sujeto
autista se defiende de lo más propio del Otro: la voz y la mirada. En relación a
la primera, que constituyó un punto común a todas las intervenciones de esta
secuencia, añadió que la voz implica soltar algo y no recuperarlo.
Mercè
Managuerra, actriz y profesora de interpretación del Institut del Teatre de
Barcelona, leyó su propia traducción al castellano de un conocido poema de Lluís
Solà: “Cuando ya no tengas más palabras, / habla, comienza el sonido / no pares,
inventa la palabra / excava dentro de las sílabas (…) excava, comienza de nuevo
/la lengua comenzada, no vaciles /no te pares, escribe la letra nueva…” (L.
Solà, “Poema nº 1”. En: Entre bellesa i dolor).
Josep Mària Panés
planteó que en el autismo encontraríamos una modalidad particular de la
forclusión y del retorno de goce, donde la defensa fuerza la exclusión de la voz
en una doble dimensión: en tanto soporte de la enunciación y en tanto
experiencia de goce.
Gracia Viscasillas presentó una interesante viñeta
clínica que ilustró cómo una intervención con un sujeto autista permitió que
éste pasara del ruido al grito y, unos meses después, comenzara a usar las
palabras. Al respecto, Elizabeth Escayola apuntó que antes de la palabra no hay
el silencio sino el rasgo, el grito.
Ermel Morales, profesor de
interpretación textual de la Escuela Superior de Arte Dramático de Galicia,
explicó una experiencia teatral con adultos diagnosticados de trastorno del
espectro autista en la que los guiones se reescriben en la medida que los
participantes pueden ponerles sus propias palabras. “Los cuentos se escriben
pero si al contarlos se reescriben –precisó-, se cuentan
mejor”.
III. “La ciencia, el método científico y sus
límites”
Manuel Fernández Blanco señaló que la evaluación, la cifra, el
conductismo se han convertido en el discurso común. Cuando hablamos de eficacia,
de eficiencia, de autoestima -significantes amo de nuestra época- hablamos
conductismo sin saberlo. Este discurso contamina todas las practicas –sociales,
políticas, educativas, sanitarias y nos vuelve un poco más tontos de lo
real.
A continuación, Javier Peteiro, Jefe de la Sección de Bioquímica y
Laboratorio de Alergia del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña
partió en su intervención de que no todo es accesible a la ciencia ni todo lo
que se llama ciencia lo es. Seguidamente clasificó las distintas teorías
existentes del autismo como científicas, pseudocientíficas o
cientificistas.
Si bien la ciencia puede aportar datos interesantes sobre los
correlatos genéticos y neuropatológicos del autismo –señaló-, hay escasas
teorías científicas por lo que, en ausencia de un conocimiento básico, no
es posible desarrollar un tratamiento científico eficaz. Respecto a las teorías
pseudocientíficas, advirtió de su peligrosidad. Y en relación a las corrientes
del cientificismo conductista y la medicina basada en la evidencia coincidió con
el psicoanálisis en que anulan al sujeto. Por último señaló que la ciencia no es
suficiente ni para comprender el autismo ni, en general, al ser humano. Además
–afirmó-, una teoría del ser humano puede ser verdad sin que sea
científica.
Manuel Fernández Blanco que el próximo otoño Miguel Gómez
editores publicará un libro de Peteiro cuyo título será: El autoritarismo
científico.
Laia Torrent, bióloga molecular y estudiante de doctorado en
neurociencias, explicó cómo se aplica el método científico en investigaciones
genéticas. La competencia feroz que hay entre los investigadores, los distintos
equipos, hace que solo se publiquen los resultados positivos y no los
negativos.
Cristian Stephanoto, investigador en neurociencias mostró su
preocupación porque los sistemas de validación científicos padezcan de cierta
falta de rigor. E insistió en que la producción de conocimiento científico no
está en absoluto exenta de arbitrariedad y parcialidad.
El psicoanalista Juan
Pundik subrayó que la medicalización de la infancia es un problema político de
primer orden que requiere una respuesta política. El poder está en manos del
neoliberalismo, una concepción ideológica económica para la que no hay naciones,
ni sociedades, ni culturas, ni sujetos. Solo existe el mercado.
El
psicoanalista Guy Briole planteó la no adecuación entre los progresos de la
ciencia y de la humanidad. En el ritmo acelerado actual, y sin que exista un
debate ciudadano “es la ciencia la que dirige el baile”. Se pretende remodelar
la sociedad, y a los hombres que forman parte de ella, a partir de
progresos científicos considerados a partir de criterios de rentabilidad. Se
hace creer que el goce de los objetos de consumo vale como proyecto de vida de
un hombre deseante. El médico actual, al acentuar la vertiente científica en
detrimento de su dimensión humanista está atrapado en dicho movimiento.La
psiquiatría –señaló-, arrastra consigo dos significantes de los que le cuesta
separarse: el poder y la disciplina. Por eso frecuentemente la encontramos
aliada con el poder político, interesado en el orden y la disciplina. La ética
del psiquiatra moderno es bio-disciplinar.
IV. “Las palabras
de los padres”,
En esta secuencia intervinieron Miguel Gallardo, Mar Calado,
Ana Laura Castro, Sagrario Rojas, Menchu Ruiz. Si bien todos los testimonios
tuvieron un valor especial, voy a retomar aquí solo algunos de ellos. Miguel
Gallardo, dibujante e ilustrador, habló de su experiencia con las
particularidades de su hija a lo largo de los años y nos habló de su libro
“María y yo”, producto de ella, que ha sido trasladado recientemente al cine por
Félix Fernández de Castro y estará pronto en las pantallas.
Mar Calado nos
presentó la nueva asociación TEAdir, de la que es vicepresidenta y que agrupa a
padres y familias de pacientes con trastorno del espectro autista, que creen que
el tratamiento ha de tener en cuenta la subjetividad del niño y reclaman su
derecho a elegir el tipo de tratamiento que consideren más conveniente para
abordar las diferencias de sus hijos.
Ana Laura Castro testimonió de cómo un
significante-amo le había impedido durante un tiempo conectar con su hija.
Finalmente comprendió que tenía que acallar sus exigencias, silenciar su
interior para poder percibir a su hija.
V y VI. “El tratamiento
del autismo” y “El tratamiento del autismo entre varios profesionales”
A lo
largo de estas dos secuencias, pudimos escuchar algunas viñetas y reflexiones
clínicas muy interesantes de los psicoanalistas Begoña Ansorena, Martín Egge y
Gradiva Reiter.
Begoña Ansorena presentó una viñeta clínica que situaba
claramente cómo el establecimiento de un diálogo con el autista requiere
previamente la extracción de un objeto. Gradiva Reiter, por su parte, presentó
otra viñeta que ilustraba con claridad cómo la inclusión de la diferencia,
homogeneizándola con el resto, es decir, anulando lo que hay de más propio, el
rasgo único, puede ser desolador.
También pudimos escuchar las intervenciones
de distintos profesionales que trabajan en distintos dispositivos y desde
distintas prácticas: las psicomotricistas Estrella Masaveu y Yolanda Vives, el
pedagogo Daniel de León, y los psicoanalistas Giusseppe Salzillo, Vilma Coccoz y
Llúcia Viloca.
Los psicoanalistas Pilar Foz y Félix Rueda testimoniaron de su
primer encuentro con la clínica del autismo a partir de sendos casos. Pilar Foz
señaló que la primera lección que aprendió es que el niño autista se
defiende de los otros y vive en su propio cuerpo aquello que le viene de
fuera sintiéndolo como intrusivo, por lo que hay que dejarse guiar por él. Félix
Rueda afirmó que querer borrar la dimensión de la trasferencia y su articulación
con la subjetividad aplasta a los niños, a sus familias ya los que trabajan con
ellos.
Vilma Coccoz denunció cómo la ideología de la evaluación trata de
someter a los “anormales” –fuera de la norma- a sus dictados ciegos. Y
recordó que Lacan hablaba de infinitas formas de la adaptación.
Por su
parte, la psicoanalista Llúcia Viloca nos hizo conocer una entrevista que
realizó a Ajuariguerra, en Suiza, el año 1971, donde este psiquiatra subraya la
importancia esencial de la palabra, del diálogo con el paciente, en los
tratamientos.
En relación a las distintas prácticas y dispositivos, Vicente
Palomera señaló que el partenaire en todo caso sigue siendo la palabra. Es
importante estar atento a todo lo que puede hacer metáfora en esta
clínica.
VII. El efecto de la evaluación en nuestra
cultura”
Constantino Bertolo, editor de Caballo de Troya, advirtió de la
importancia de dialogar con los textos, de escucharlos.
Mar Vila habló de su
experiencia como residente de psiquiatría infanto-juvenil en el SLAM (South
London and Maudsley Hospital) donde la labor administrativa deja cada vez menos
tiempo a la clínica.
Nora Catelli, profesora de Teoría de la Literatura y
Literatura Comparada en la UB, se refirió al problema de la evaluación y el
control social en la universidad y situó dos problemas: por un lado, la
minorización de los estudios universitarios y la reducción de la universidad al
mundo de la empresa.
Sonia Arribas, profesora de la Universitat Pompeu i
Fabra señaló que si la práctica de la evaluación en Humanidades es reciente sin
embargo es una tendencia preponderante sobre todo por parte de las ciencias
cognitivas. Se ataca la trasmisión de saber basada en la trasferencia. La
relación alumno profesor queda sustituida por la de cliente-manager. La burbuja
del conocimiento en la universidad será la próxima en estallar, vaticinó.
La
psicoanalista Delia Steinmann, supervisora de equipo en el Hospital Regional de
Rhône-Alpes (Francia), recordó que un ser humano nace del encuentro del viviente
con la lengua y, por tanto, es único en su especie. Cada uno encarna su propia
norma. Desde esta perspectiva una ciencia digna de ese nombre no colabora con
ningún control de calidad de los seres humanos. El cálculo matemático tiene su
límite en la subjetividad. La cifra no es un argumento para forjar un
destino.
Por último, Luisa Casas, profesora de literatura en un instituto
situado en un barrio poco privilegiado de Barcelona, explicó cómo ante las
dificultades que encontró cuando llegó al centro decidió empezar una experiencia
teatral con los alumnos que logró movilizarlos y empezar a interesarse por otras
cosas. Esta experiencia prosigue en forma de una compañía de teatro estable que
ha pasado del circuito amateur al profesional y ha obtenido numerosos
premios.
Ideas perspectivas, conclusiones
Miquel Bassols se
refirió al foro como un poliedro con muchas caras, que nos han permitido ver
distintos rasgos y un vacío necesario. Lo que la evaluación no puede evaluar
–señaló- es que somos un error y que solo en el mejor de los casos conseguimos
hacer un buen síntoma.
En su conferencia final, “Los futuros del espectro de
los autismos”, Eric Laurent señaló que dar la palabra a los sujetos autistas
produce una “desmasificación” de las identidades que se sitúan bajo la barra de
dicho espectro. Vemos surgir entonces una heterogeneidad de sujetos.
Esta
diversidad convoca, fascina como se pudo comprobar en el gran éxito de audiencia
que tuvo la serie “Jóvenes, autistas y locos por la escena” (Young, Autistic and
Stagestruck”), que Canal 4 del Reino Unido emitió entre abril y mayo de este
año. En ella, nueve jóvenes autistas trataban de producir una obra
teatral.
La paradoja es que la remedicalización de la psiquiatría que se
produjo durante los años setenta del pasado siglo sacó el autismo de la escena
de la relación y lo convirtió en objetivo de las investigaciones que buscaban
posibles alteraciones genéticas.
Sin embargo, el espectro de los autismos
reúne una clínica tan variada que no puede resumirse en las categorías del DSM.
En uno de los polos del espectro se puede situar el autismo, con trastorno de la
comunicación, y en el otro, los trastornos bipolares, que presentan trastornos
relacionales y afectivos. Varones y mujeres se reparten de manera distinta en
relación a cada uno de estos polos: los primeros son diagnosticados de autismo
cuatro veces más que las mujeres y estas últimas son diagnosticadas de trastorno
bipolar tres veces más que los primeros.
El aumento espectacular de los casos
de autismo es el resultado del aplastamiento de la clínica que implica la
categorización de los DSM. Dentro de diez años, uno de cada cincuenta individuos
será diagnosticado como autista.
Pero hay una resistencia a ser incluido en
estas etiquetas. De hecho, el DSM V, cuya publicación está prevista para el año
2012, eliminará el trastorno de Asperger como categoría individual y conservará
la categoría de trastorno del espectro autista.
El futuro del espectro de los
autismos, difícil de mantener –señaló-, son los autistas mismos, la
particularidad específica de cada uno de ellos en tanto sujetos. Hemos podido
ver su diversidad en las viñetas clínicas que hemos escuchado y, asimismo, cómo
cada terapeuta se ha dirigido a cada sujeto autista para producir efectos
terapéuticos.
Si en la paranoia el sujeto sitúa el goce en un Otro de
mala fe que lo persigue, y en la esquizofrenia, lo sitúa en el cuerpo y sus
órganos, Eric Laurent propone situar el goce, en el autismo, en un borde.
El
encapsulamiento autista permite tener un cuerpo: en lugar de la imagen, hay una
cápsula que define el espacio de seguridad del autista, le da un límite
protector frente a un Otro amenazante. En terapia, ese borde puede desplazarse,
aflojarse constituyendo un espacio que no es ni del uno ni del otro, y donde
puede producirse cierto intercambio con un Otro, que no es el Otro amenazador
situado fuera del borde. Es un espacio de cierto juego.
El psicoanálisis es
un espacio de juego: juego de la palabra en la neurosis, juego en la clínica con
niños, juego de construcción de una lengua personal en la psicosis, juego de
construcción de un borde en el autismo.
Todo vale para producir este borde,
para obtener un efecto de resonancia, una satisfacción en el intercambio. Esto
es distinto de lo que vemos en las teorías del aprendizaje donde el objetivo
está predefinido y, al cumplirlo, se obtiene una recompensa.
En la
perspectiva del psicoanálisis no hay separación entre el saber y el placer que
se obtiene en ese intercambio. Estamos en un juego tal que cualquier cognición
constituye una satisfacción. Se trata de una práctica entre varios, pero no solo
entre varios terapeutas, sino entre varios cuerpos. El cuerpo del terapeuta es
utilizado como objeto. Él se hace causa de que pueda construirse un borde, ocupa
ese lugar, incluso con su cuerpo.
Para construir este espacio es necesario,
como ilustraron algunas viñetas, extraer un objeto. En este espacio, el ruido
puede transformarse en grito. Hay que tener tacto. No hay que tener prisa porque
la producción del sujeto requiere un tiempo que no puede medirse de manera
lineal. Hay que respetar el silencio del niño y mantener el silencio del lado
del terapeuta.
Seguidamente, Laurent retomó la cuestión de la mayor
frecuencia de diagnósticos de autismo en los varones. ¿Cuál es la causa?, se
preguntó. Respondió que Freud explicó a través de la distinta relación con el
falo, la mayor frecuencia de la depresión en la mujer, relacionada con la
necesidad de amor y la respuesta mayor ante la pérdida. Los sujetos autistas,
por su parte, testimonian de la intolerancia a la falta. Si hay una mayor
vulnerabilidad de los varones es porque son portadores del pene y la falta está
forcluida.
Para finalizar, Laurent señaló que la experiencia de este foro ha
sido excepcional para ver cómo salir de cierta tiranía populista del silencio.
Pero hay que seguir, lo que resonó con los últimos versos de la traducción del
poema de Lluís Solà leído por Mercè Managuerra: “Por las escaleras del silencio,
no pares (…) habla, no pares, anuncia la palabra”. Esto es lo que intentamos
hacer con el espectro de los sujetos autistas, concluyó.
En la clausura del
foro, Carmen Cuñat subrayó que hacer un foro implica subvertir las inercias
institucionales de los otros, pero también las nuestras. Elizabeth Escayola, por
su parte, agradeció las intervenciones, la participación de todos y tuvo,
asimismo, unas palabras de reconocimiento también para los niños autistas que
nos permitieron reunirnos y trabajar juntos. Haciendo lazo así, habrá otros
foros, concluyó.
Margarita Álvarez
23 de junio de
2010