
Tenemos en la naturaleza una proliferación de semblantes, como son el trueno, el meteoro o el arco iris. Los semblantes en psicoanálisis son de este orden.
A partir del seminario de "Las Psicosis" se anticipa una teoría renovadora de la categoría freudiana de Falo. Allí se formula que el falo es un meteoro, el cual pertenece a la clase de los semblantes. Siendo el semblante por excelencia aquello que vela la nada. Este semblante es afín a lo femenino. Y podríamos interrogarnos de que afinidad se trata? es la falta de pene en la mujer que cobra el primer plano, en tanto esta falta es donde se revela la naturaleza del falo. En la dialéctica imaginaria debe existir el padre, en tanto portador para que el falo sea otra cosa que un meteoro.
De aquí se desprende que el falo no siendo un meteoro del lado del portador oculta la verdadera naturaleza de este falo femenino que es un meteoro.
La oposición que se estable entre semblante y real es un retorno al espiritú del psicoanálisis, en la medida en que privilegia la palabra y el lenguaje, es por ello que Lacan empezó definiendo al inconsciente a partir del lenguaje. La emergencia del inconsciente vendría a mostrar lo imposible como verdad. Discurso que al ubicar lo imposible tiene la posibilidad de no ser de puro semblantes.
Hay que diferenciar el discurso y el sujeto ya que el discurso existe antes que el sujeto y es producto el sujeto de un discurso que él mismo desconoce.
Tenemos entonces semblante y real. Es decir significante y su otra cara, es aquello que no se puede decir.
La ciencia tiene semblante porque sigue pensando que mas allá hay algo.Freud inventa una novela edipica, en la que se ubica de un lado a la madre, como objeto de amor, de deseo o de goce: objeto que se va a perder y y de otro el padre portador de una interdicción.
Después de ese padre freudiano del mito, los postfreudianos hacen entrar a la madre en el escenario de la causa. Así se postulan varias madre, la del cuerpo lleno de objetos, M.Klein; la de los cuidados, Winnicot; la del amor primario, Balint. Y con ello el principio de legitimidad paterna es sustituido por la falta de amor materno.
Lacan resitúa la cuestión central en el deseo. Lo que significa que en el lugar de la madre del amor el puso a la mujer y la mujer fue primero la mujer del padre. Irá más allá cuando anuncia la mujer no-toda, del niño o del hombre.
En el seminario La Psicosis reformula esta experiencia matriz del estadio del espejo para incluir en ella un elemento que ya aparece como el semblante por excelencia, el falo ¿y dónde sería mas semblante este falo que en la problemática de la sexualidad femenina?
En este texto Lacan escribe D.M. No sólo el deseo metonimico, sino el que tiene un objeto simbolizado por el falo y también en el fondo el deseo como tal. Este deseo es por definición y estructuralmente, insatisfecho y como este deseo no puede ser satisfecho, sólo se trata de engañarlo. Lo esencial de esta clínica es una clínica del niñoengañador. Así por ejemplo el sujeto niño puede confundirse con esta imagen fálica o encontrarse en déficit respecto a ella, o incluso asimilarse con la madre.
De aquí en mas la teoría del narcisismo que Lacan reformuló como estadio del espejo, es repensada en relación con el falicismo.
La tesis de Freud es la función estructurante de la fase llamada del complejo de castración. Esta fase solo alcanza su fuerza solo a partir del descubrimiento de la falta de pene de la madre, que Freud identifica a su castración y que es donde se engendran las respuestas sintomáticas del niño.
En la relación madre niño en la que el recién nacido no es al principio un sujeto sino un objeto real en las manos de la madre, quien mas allá de lo que exigen los cuidados puede usarlo como una posesión, como un muñeco erótico para gozar y hacer gozar. Es en esta situación que el sujeto debe emerger como efecto de la palabra.
Todo dependerá del lugar que el inconsciente de la madre reserve a este objeto surgido de lo real, en el caso que le reserve uno.
El niño interpreta el discurso que lo rodea, y el deseo del Otro y el goce que sostiene y asegura el fantasma, participa de lo imposible de decir.
La castración que se presenta como una fase, necesita cierta maduración del organismo, pero también es un momento crucial que es un momento de encuentro
en el que, según las circunstancias, el enigma del Otro barrado se actualiza para el sujeto en sus dos vertientes: el misterio de su deseo y la opacidad de su goce.