Constanza Meyer
 

Los objetos a en la experiencia analítica

"Objetos Borgeanos"

Pensar en la literatura de Borges para hablar del objeto a en psicoanálisis resulta, a primera vista, una tarea inabarcable, dada la multiplicidad de lecturas y artículos críticos que se han escrito sobre su producción literaria. A todos nos suenan seguramente los temas repetidos una y otra vez como constantes de su literatura: el tiempo, el doble, el espejo, el laberinto, el orillero, la memoria, la representación, la traducción, la cita etc.
 A mí particularmente me gusta pensar a Borges como un escritor nacional que buscó hacerse una voz y una identidad en una Argentina convulsa en lo político y en lo literario y cuya elección, como señala Beatríz Sarlo, consistió en "convertir la marginalidad de origen en una marginalidad que se elige". Lo que Borges elige es la opción de "lo menor", en su interés por los márgenes, por el género policial, la traducción y cuentos que son, en realidad, verdaderos ensayos y comentarios sobre otros textos. En este sentido, la cita, el fragmento recortado del "corpus" textual en el que se sumerge, y que juega a mezclar y remezclar una y otra vez en su literatura, no es sino el punto de quiebre por donde, según Sarlo, "un escrito se fractura y corre peligro". Los lectores de Borges saben que sus citas son una mixtura de la cita "textual y literal", ya traicionada por su fuera de "corpus", y esa entrada privilegiada a la ficción más alucinante. Dice Sarlo: "Borges citaba para no escribir y escribía para citar. Ese gesto es humilde sólo en apariencia. El elogio de la lectura, que hizo muchas veces, es el elogio de la cita. El uso de la cita fue un programa de relación con la literatura mundial de la que la Argentina era una zona mínima." (1)
En este mismo sentido, Jorge Alemán va un paso más allá al plantear que no es tanto el valor de la periferia lo que está en juego en la producción borgeana, como el de la excentricidad como una "verdadera categoría estética". Borges alcanza este punto de lo excéntrico a partir de "un objeto imposible", la esfera que tiene su centro en todas partes, o el propio Aleph, definido en el cuento como "el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos"(2) .
Si pensamos lo real como aquello que escapa a cualquier posible representación, donde el lenguaje hace aguas por contar y contabilizar en sucesión, exhibiendo su imposibilidad de transcribir y transmitir lo simultáneo, nos queda sólo el agujero, el vacío, del que sólo llegamos a "contornear su borde". La solución de Borges parece pasar por el recurso a la literatura como invención. Podríamos decir, entonces, que éste es el primer objeto que manipula y produce. Su relación con las otras literaturas y con la literatura argentina y de la América hispana ha sido la de quien sabe que ese objeto era precioso para "contornear" cierto vacío en relación a la historia y al debate del siglo XIX sobre la fundación de la nación, debate que tuvo por eje fundamental el ámbito literario. Así, podríamos mencionar las más de treinta antologías que compila o prologa Borges desde 1920 a 1982, que como señala Álvaro Fernández Bravo, es una actividad que le permite cuestionar el canon establecido de la literatura argentina y latinoamericana, haciendo crítica desde los prólogos.
Centraré mi lectura en un cuento que integra el volumen El Aleph (1949), "El Zahir" , en el que el narrador Borges cuenta su encuentro con una moneda para intentar dar cuenta de que este objeto que se presenta como común, de intercambio, se va conformando a lo largo del relato en un objeto extraño que no sostiene la equivalencia, ni la sustitución y que resulta imposible de aprehender por su cara oculta, de la que sólo sabemos que quizás se encuentra Dios.
El Zahir
El cuento está estructurado de manera tal que su introducción se presenta como la descripción de un objeto común: "En Buenos Aires el Zahir es una moneda común, de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras NT y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso"(3) . Sin embargo, antes de culminar el primer párrafo sabemos que este objeto es el causante de que el protagonista afirme que al menos "parcialmente" sigue siendo Borges.
Esta moneda llega a sus manos tras asistir al velorio de un amor de juventud, Teodelina Villar, famosa modelo de los años 30, multifacética y cambiante en su estilo e imagen. El narrador dedica a la figura de Teodelina un párrafo entero en el que nos anticipa las condiciones del encuentro con la moneda, ya que para asistir al velatorio de Teodelina, Borges protagonista debe desplazarse a los márgenes (al Barrio Sur). Este hecho se debe a lo que lo que él mismo destaca en tono irónico como el "solecismo" de Teodelina, donde la palabra misma nos indica una ruptura de reglas en el campo sintáctico y gramatical: Teodelina, sufre una degradación. Va perdiendo su estilo, su clase, su casa en el Barrio Norte, y ella misma como imagen pasa a ser símbolo del consumo por verse obligada a aparecer en anuncios de cremas y automóviles. La noche en que la velan, "Teodelina Villar fue mágicamente la que fue hace veinte años" y el narrador se permite afirmar que pensó: "ninguna versión de esa cara que tanto me inquietó será tan memorable como ésta: conviene que sea la última, ya que pudo ser la primera. (...) Rígida entre las flores la dejé, perfeccionando su desdén por la muerte".
A la salida, entra en un almacén de Chile y Tacuarí donde tres hombres jugaban al truco, toma una caña, la paga y de vuelto le dan la moneda. Después de mirarla, "(...) sale(í) a la calle, tal vez con un principio de fiebre". Este es quizás el primer efecto que el encuentro con el Zahir provoca en el cuerpo del protagonista.
Para contrarrestar el estado febril surge de inmediato el pensamiento que desplaza el objeto Zahir y lo introduce en la serie de los objetos-moneda: porque "que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula", para a continuación recordar algunos ejemplos de esas famosas monedas, pensamientos que acompaña con un periplo que se revela circular ya que lo lleva irremediablemente al punto de partida. A fin de abstraerse del influjo de la moneda decide salir del barrio sur y se dice que "El dinero es abstracto, (...) el dinero es tiempo futuro" y puede equivaler a muchas cosas ya que "una moneda simboliza nuestro libre albedrío". Pensamientos que, sin embargo, no resultan suficientes para olvidar el Zahir. Tampoco el sueño le sirve, porque cuando duerme sueña que él mismo es "las monedas que custodiaba un grifo".
Ante las posibilidades de qué hacer con la moneda, piensa en enterrarla en el jardín, o en esconderla en la biblioteca, pero se decanta por perderla, para lo cual repite la acción de tomarse una caña y paga con ella entrecerrando los ojos "detrás de los cristales ahumados" para no ver ni recordar ningún detalle que pudiera evocar el lugar de la pérdida. Al mismo tiempo que la "pierde" se aboca a la escritura de un cuento fantástico que "encierra un par de perífrasis enigmáticas", escrito en primera persona, que relata la historia de un tesoro de los Nibelungos custodiado por una serpiente. Es decir, que la equivalencia planteada al inicio deja paso a la sustitución, porque hay un producto que es el relato de ficción, que en apariencia tiene efectos sobre la idea fija del Zahir.
Si bien podemos observar que el sueño y el relato de ficción tratan del mismo tema, son las perífrasis las que permiten que el cuento se torne en apariencia un velo más eficaz ante el recuerdo. Seguro de la protección que le ha otorgado la ficción, se lanza a recordar la moneda y cae nuevamente bajo su influjo.
Tras asistir a un psiquiatra, al que le manifiesta otro de sus efectos en el cuerpo, el insomnio, "exhuma" en una librería un libro del año 1899 (año del nacimiento de Borges) que le permite saber más cosas del Zahir y de lo que a él mismo le ocurre. Se trata de un ejemplar de Urkunden zur Geschichte der Zahirsage de Julius Barlach, es decir, Actas, Escrituras o documentos sobre la historia del Zahir. En ellas, el protagonista se encuentra por un lado con lo más particular y con lo más universal, ya que cuentan los efectos del zahir en otras personas a lo largo de la historia, cada una resonando en una imagen diferente: un tigre, un ciego, un astrolabio, una brújula, una veta de mármol, el fondo de un pozo. En este libro se cuenta además que la creencia en la moneda es islámica y data del siglo XVIII. Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible y es por eso, uno de los noventa y nueve nombres de Dios. El libro contiene además un verso del Asrar Nama (Libro de cosas que se ignoran): "el Zahir es la sombra de la rosa y la rasgadura del velo".
Luce López-Baralt comenta en un trabajo sobre este cuento que el término árabe Zahir proviene de la raíz trilítera z-h-r que como todo vocablo árabe admite numerosos sentidos entre los que añade al aportado por Borges: "parte posterior, reverso, haz, envés, memoria, ojo, mirador, lugar desde donde se ve, etc."(4) Por otro lado señala que el nombre mismo de Teodelina es una combinación entre Teo que refiere a Dios y delina (del griego delo) aclarar, hacer visible. Este abanico de sentidos que se abren a partir de la palabra Zahir resulta de sumo interés para nuestra lectura
Pero, ¿qué le pasa al narrador con la muerte de Teodelina? No nos dice nada de su dolor, sólo que estuvo enamorado de ella y que su imagen, la primera o la última (¿muerta?), permanece en su recuerdo. Parece que lo que está elidido aquí es el duelo, porque el narrador aísla en un párrafo la pequeña historia de Teodelina y de inmediato conecta con la perturbación que le causa el Zahir. Por eso, me resulta inevitable introducir en este punto algo de lo que dice Lacan en relación al duelo en el Seminario La Angustia (página 155): "Sólo estamos en duelo de alguien de quien podemos decir Yo era su falta". El sujeto da al ser amado aquello que no tiene, de lo que está en falta, le otorga su falta en ser, y el ser amado la coloca en el lugar de su propia falta, en el lugar del objeto (a). De esta manera el sujeto puede ocupar el lugar de objeto causa del deseo del otro y obtener cierta ganancia de ser. Por eso, cuando el otro desaparece, esa falta se vuelve sobre el sujeto, dejándolo en un estado de Hilflosigkeit. En este sentido podemos entender el juego de equivalencias, sustituciones, y perífrasis, con que juega el protagonista ya que se presentan como recursos literarios o estrategias en pos de encontrar algo que complete ese agujero al que se ve confrontado.
Ahora bien, a nuestro protagonista el tiempo no lo ayuda, ya que si con él los recuerdos se atenúan, el del Zahir se fortalece hasta conformar una imagen simultánea de las dos caras de la moneda, "como si la visión fuera esférica y el Zahir campeara en el centro". Sabemos por el final del cuento que el momento indefectible de la rasgadura del velo llegará y el narrador alcanzará un estado de locura, al igual que le ocurrió a una hermana de Teodelina, donde su propia identidad de sujeto empezará a tambalear.
Para ilustrar lo que le pasa al narrador, podemos recurrir a la explicación que nos ofrece Miller en su introducción al Seminario La Angustia, acerca de la distinción entre los objetos comunes, de tipo especular y otro tipo de objetos cargados pulsionalmente y que no son orientables. El esquema óptico nos ofrece una respuesta, porque el espejo señala Miller "funciona como un velo, que impide al sujeto en condiciones normales, ver el objeto a minúscula. Si hacemos pivotar este espejo, aparece como una barrera que separa el objeto a del objeto normal. Según se mantenga esta barrera, hay dos estados posibles: si el objeto a permanece en su sitio [i (-) a], no hay desorden, confusión; si hay franqueamiento [i (+) a] entonces, se produce perturbación, desorden, confusión.
Ahora cabe preguntarnos de qué objeto se trata. La complejidad del cuento hace difícil dar una respuesta cerrada sobre este punto, pero creo que las claves las podemos encontrar en el sueño, y en el final del cuento. Parece que soñar que él mismo es unas monedas es lo que lo lleva a poner en duda lo él que realmente es, Borges o Zahir. El narrador mismo vaticina que antes de 1948 no sabrá quién fue Borges. El final del cuento nos permite retomar algo de lo que ha quedado suspendido cuando despierta del sueño: "Según la doctrina idealista los verbos vivir y soñar son sinónimos: de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a uno simple. Otros soñarán que estoy loco y yo con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?"
Lacan en el Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, explicando el carácter omnivoyeur del mundo nos señala que éste no provoca la mirada, ya que de lo contrario causaría sensación de extrañeza, por eso recurre al sueño para señalar que si en la vigilia la mirada está elidida, elidiendo con ello que eso mira, pero también que eso muestra, en el sueño, "a las imágenes las caracteriza que eso muestra "(5) y esto está en relación con algo anterior, con el ser mirados, porque nuestra posición en el sueño es la del que no ve. En este sentido, Lacan remite al sueño de Chuang-tzú, que soñó que era una mariposa y que al despertar dudó de si no era en realidad la mariposa la que soñó que era Chuang-tzú. Borges narrador recoge su sueño de ser las monedas que custodiaba un grifo, pero al despertar, a diferencia de Chuang-tzú decide que había estado ebrio y desplaza la duda sobre si él mismo es la moneda o no al final del texto, cuando se le revela que posiblemente del otro lado de la moneda esté Dios. Dice Lacan en el Seminario 11: "La esquizia que nos interesa no es la distancia que se debe al hecho de que existan formas impuestas por el mundo hacia las cuales nos dirige la intencionalidad de la experiencia fenomenológica, por lo cual encontramos límites en la experiencia de lo visible. La mirada sólo se nos presenta bajo la forma de una extraña contingencia, simbólica de aquello que encontramos en el horizonte y como tope de nuestra experiencia, a saber, la falta constitutiva de la angustia de castración. El ojo y la mirada, ésa es para nosotros la esquizia en la cual se manifiesta la pulsión a nivel del campo escópico"(6) . No debemos olvidar que el punto álgido de extrañamiento del narrador es precisamente ver el anverso y el reverso a la vez, una visión esférica que tiene por centro el Zahir, visión que hace que el recuerdo de Teodelina y su dolor se alejen. A partir de este momento, el narrador buscará universalizar esa pérdida para matizarla y es quizás en ese sentido que debemos leer la referencia a Julita, como primera víctima del influjo enloquecedor de Teodelina. El relato adquiere, entonces, un ritmo que empuja de forma decidida hasta su frase final: "Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo: quizás detrás de la moneda esté Dios".
Quisiera añadir a modo de dato curioso que esta historia de Chuang-tzu no escapó a Borges en la antología de cuentos breves y extraordinarios que realizara junto con Bioy Casares(7) . (Borges, Jorge Luis y Bioy Casares, Adolfo. "Cuentos Breves y Extraordinarios", Antología. Ed. Losada, Colección Biblioteca Clásica y Contemporánea, Bs.As.1973). Tomado de "Referencias en la obra de Lacan /3", Biblioteca de la Casa del campo Freudiano. Bs.As. 1992

1 - Sarlo, Beatríz, "¿Cómo Borges fue Borges?, Borges Studies Online. On line borges Center for Studies and Documentation, 14/04/01. Texto original publicado en Clarín, junio 1996
2 - Borges, Jorge Luis, "El Aleph" en Obras Completas, Tomo I, Buenos Aires Emecé, 1989, Buenos Aires. Todas las citas remiten a esta edición.
3 - Borges, Jorge Luis, "El Zahir" en Obras Completas, Tomo I, Buenos Aires Emecé, 1989, Buenos Aires. Todas las citas remiten a esta edición.

4 - López-Baralt, Luce, "Borges o la mística del silencio: Lo que había del otro lado del Zahir", en Jorge Luis Borges, Pensamiento y saber en el sigloXX, Alfonso de Toro y Fernando de Toro (eds., Vervuert Iberoamericana, 1999, pág. 30.

5 - Lacan, Jacques, Seminario 11, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", Paidós, 1987, pág. 83.
6 - Ibid., pág. 80-81.

7 - Borges, Jorge Luis y Bioy Casares, Adolfo. "Cuentos Breves y Extraordinarios", Antología. Ed. Losada, Colección Biblioteca Clásica y Contemporánea, Bs.As.1973. Nota extraída de "Referencias en la obra de Lacan /3", Biblioteca de la Casa del campo Freudiano. Bs.As. 1992